Fábulas del reino de Xi-Pan-Ya.

7 abril 2013

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11.-No rompáis el vaso de jade.

 

En el reino de XI-PAN los rebeldes del norte estaban cada día más crecidos, ante la pasividad de los gobernantes. “El tiempo resuelve los problemas, y en época de crisis es mejor no mover las cosas que apestan”.

Recriminaban desde su propio partido al primer ministro LA-XUÍ que permanecía más tiempo reflexionando en los jardines de su palacio que acudiendo a luchar contra a las provincias donde surgían focos de rebelión.

-No iré a meter la cabeza en la boca del tigre –dijo a sus consejeros. Y ordenó que esperasen mejor ocasión para combatir.

Algunos, no satisfechos, exigieron su presencia al frente de las tropas. Era imprescindible  -decían- apoderarse del cabecilla, un escurridizo guerrillero,  y cargarle de cadenas.

LA-XUÍ les llevó a un granero repleto de trigo. Podían escucharse los ruidos de las ratas comiéndose el grano. Entonces dijo, señalando a un cuervo, que picoteaba de vez en cuando:

-¿Pedirá la rata grano al cuervo? Si no podemos encontrarla, dejen que se harte y reviente. Si vamos allí, a pelear, destruiremos parte de nuestro reino, porque toda guerra desgasta y si vamos a dialogar, las ratas nos pedirán aún más trigo y seremos como el cuervo que picotea lo que sobra.

Aún insistieron, y finalmente LA-XUÍ, alzando su vara de gobierno, con el sello del emperador, vociferó:

-¡No romperé el vaso de jade para atrapar a la rata! Vale más el prestigio del imperio que una pandilla de facinerosos que serán desenmascarados o muertos por sus propios seguidores.

Todos comprendieron que, a veces, como decía UT-SÚ, la mejor batalla es la que no se libra nunca. Y alabaron la discreción del viejo LA-XUÍ.

Y, en efecto, la rebelión fue perdiendo fuerza y los cabecillas acabaron colgados.

El vaso de jade es un objeto precioso. No vale la pena golpear con el para intentar acabar con la rata.

 

 

Anales del reino de Qing.

 

Los duques de KI-LU

 

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Fábulas de Xi-Pan-Já. el reino del oeste. (7)

6 abril 2013

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10.- La confusión de lenguas.

 

Cuando el gobernador LI-KU viajaba con su séquito por el distrito de noreste de XI PAN detuvo su caballo junto a un patio del convento de MO-TSÉ, famoso por lo excelente de sus enseñanzas a BUDA y los cánticos de sus novicios. Jugaban éstos con la espontaneidad de todos los chiquillos sanos. Repentinamente, LI-KU escuchó algo que le llamó la atención. En la recepción con el lama prior se lo comentó.

-Amida BUDA. He oído cómo un muchacho llamado YULI es nombrado por otros como YULIU.

El lama lanzó una carcajada nada protocolaria, que se contagió a toda la comitiva.

-Llamad a ese chico, por favor.

Poco después entró en el recinto un joven espigado, a quien el gobernador pregunto:

-¿Cuál es tu nombre de casa?

-YULI, señor.

-¿Y sabes que te llaman YULIU? No es lo mismo.

-No, señor. YULIU significa burro salvaje. Suena parecido, pero en nada igual, señor.  Al principio me molestaba, pero es que ellos –señaló al exterior, donde sus compañeros aún retozaban por el patio- no lo hacen a propósito. No se dan cuenta porque nadie les enseña la lengua común del imperio. Sólo la particular del ducado.

El lama asintió. Era el momento de dejar clara la posición del más próspero ducado del reino.

-Si hay lengua propia, no es necesaria ajena. Y menos aquí. Pocos salen al mundo.

-¿Y si su señoría se llamase YULI? –Repuso el gobernador.

-No es el caso. Además, el Consejo escolar así lo decidió.

-Pero saben que la lengua oficial es de obligada enseñanza. No importa que se conozcan las demás; se acepta con gusto. ¿Qué me decís?

-No pueden ponerse puertas al campo ni acallar las voces de quienes hablan.

El gobernador reflexionó. Conocía bien al primer ministro LA-JO-I. Le gustaba que le dieran los problemas resueltos. No podía regresar con el entuerto sin resolver. Por un lado el no acatamiento de la ley. Por otro, la importancia del ducado del noreste.

-Bien –dijo al fin. Todos le escuchaban atentos-. A partir de ahora, ya que le dais tanta importancia como para quebrar la unión de las leyes del reino,  deberéis comunicaros, no sólo entre vosotros, sino con todo el mundo, dentro y fuera del reino, en vuestra lengua. La región se llamará YULIU, la de los burros salvajes, pues tanta gracia os hace el equívoco que lo mantenéis aunque suponga una ofensa para otros.

La orden fue estrictamente vigilada, y por tanto cumplida. Cuando alguien desconocía esa lengua, la comunicación verbal resultaba imposible.

Pero los políticos de YULIU estaban satisfechos con su aislamiento. Así manejaban a su gusto todas las riquezas. Disponían, además, de eunucos que realizaban las transacciones en su nombre.

Podían ser YULIU, pero no tontos.

Pasaron unos años. La población, que durante un tiempo siguió engañada, pensando que todo estaba igual o mejor, se percató de los errores de sus dirigentes. Sin embargo tenían tan arraigada la deformación de las enseñanzas del reino que apenas creían a viajeros y libros que contaban otra historia. Por eso, cuando cesaron aquellos gobiernos fueron reincorporándose al reino central, que era también el suyo, y vieron que prosperaban más con el uso de la lengua común además de la propia. Los falsificadores de la historia fueron desterrados por los propios dirigentes, abiertos a la verdad.

El ducado del noreste dejó de llamarse YULIU y retornó a sus mejores tiempos.

 

Crónicas de los viejos reinos.


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Fábulas del reino de XiPanJa. (6).

6 abril 2013

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9.- Cada cuál a lo suyo.

 

Un acólito de sacerdote taoísta cargaba la lira de su señor por el escenario. Era frecuente en XI PAN, donde todo el que alcanzaba un rango determinado se rodeaba de servidores.

-¿Por qué lo haces? –le censuraban-. ¡Deja que él cargue su peso!

El acólito negó con la cabeza, suavemente, con un balanceo al estilo del Qi-Gong.

-Entonces no la tocaría tan bien. Se le entumecerían las manos con el peso. Yo prefiero escuchar su buena música antes que vaguear.

 

 

Historias sueltas de FEN-YING.


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Fábulas. (5)

6 abril 2013

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8.- El juez descuidado.

 

El juez  A-LE-U, discípulo del gran juez mítico PA-CHU-GONG, se quedó dormido con el pincel entre los dedos. Así, se pasó la hora de dictar sentencia y el criminal TO-BA-MING, el más buscado del reino, pudo salir impune y huir con sus ganancias.

-No hay derecho a considerar esto una negligencia –se defendía el juez de la recriminación por su desidia-. Pesan sobre mí demasiadas responsabilidades y una escasa remuneración. El Yin y el Yang no se cuadran. Debería haber más presupuesto para equilibrarlos.

 

De los Anales de los reinos perdidos.

Siempre puedes encontrar a alguien a quien culpar.
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Fábulas del reino de Xi-Pan-Yá. (O sea, España). (4)

6 abril 2013

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7.-Cuando muchos piensan que es mejor recibir y no devolver.

Sucesos de XI-PAN-JA.

 

 

El reino de XI-PAN-JA vivía decenios de prosperidad,  manteniendo la paz interior –sólo turbada por los bandidos de las montañas del norte- con leyes ecuánimes y libertad para las transacciones comerciales.

De los vecinos reinos comenzaron a llegar oleadas de personas atraídas por la prosperidad y a veces la lenidad en la aplicación de la justicia que conlleva un tiempo largo de disfrute material, pues nadie quería complicarse la vida y se hacía la vista gorda ante ciertos desmanes.

De entre los inmigrantes había gente de toda laya, honradas familias, oportunistas pícaros e incluso delincuentes organizados.

Los dirigentes de XI-PAN-JA vieron en el aumento de población y de mano de obra una oportunidad única para enriquecerse, de tal manera que construyeron miles de casas destinadas a los inmigrantes en su mayoría. Les facilitaron créditos muy superiores al coste de las viviendas, sin otra garantía, y aquellos ciudadanos del reino  que tuvieron ocasión vendieron las suyas viejas a precio de oro. Fluía la plata como un río de lunas. Y todos estaban contentos.

Años después, tras cinco de pésimas cosechas y una extrema sequía, dejó de manar la fuente del dinero. Se habían acostumbrado todos a trabajar poco, a disponer de lo que precisaban y más, todo a cuenta de los financiadores y prestamistas, que calcularon mal el tiempo de sus beneficios. Entonces empezaron a impagar los créditos y la consecuencia fue el embargo y la expulsión de las casas, que habían adquirido sin esfuerzo y con dinero ajeno.

Los miles de afectados iniciaron una rebelión, apoyados por los sectores contrarios al gobierno, y pronto se extendió la idea de que el pago era ilícito y el retorno al financiador de su crédito, a través de la única forma que le quedaba, la casa, constituía un acto criminal.

Se instauró en XI-PAN-JA durante unos años un sistema benéfico, que arruinó a los empresarios establecidos y a los profesionales y trabajadores serios.  Las asambleas sustituyeron a los Consejos y a las administraciones reales. Los comerciantes y los funcionarios que no aceptaron las nuevas bases del falansterio emigraron, a su vez, a zonas de mayor seguridad jurídica. Se destruyó la historia y la filosofía porque apelaba al bien común por medio de reglas. Retornó en grado sumo la picaresca y fueron creándose grandes bolsas de lucro y de poder, sin control siquiera de los jueces y funcionarios engañados por el resol de la justicia, ya que había recibido falsas lecciones de ética.

Un día, alguien llevó un cachorro de tigre a la asamblea. Le dijeron:

-¿No ves que puede volverse peligroso? Ahora no, ahora es un gatito. Pero cuando crezca no podrás dominarlo.

El dueño del tigrecito sonrió. Era un taoísta, algo cansado de la demagogia de las asambleas.

-Es justo lo que sucederá con vuestros cachorros de tigre. Ya están creciendo, y pronto os saltarán al cuello para devoraros. Sólo que se trata de ideas y de palabras. El hombre que no se somete a la ley no se diferencia en nada de un animal.

Y se marchó, dejándoles pensativos durante los siguientes quince segundos.

 

 

Crónicas del ojo de gato.

Leyendas de los reinos del oeste.

Con poco viento cae al suelo torre sin cimiento.
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Fábulas del reino (3)

5 abril 2013

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6.-KA-DA-LÍ y el juez LAO-TSÉ.

 

En el reino de XI PAN no era infrecuente pasar de la gloria al menosprecio e incluso al exilio.

Cuando el segundo hijo del tercer sobrino del gran emperador KUNG-FÚ cayó en desgracia, le llevaron atado de pies y manos a la sala del juez LAO-TSÉ. El viejo parecía dormitar, aunque en realidad conversaba con los ancestros.

-Te traemos este despojo. –En verdad, KA-DA-LI estaba demacrado y parecía temer lo que le esperaba-. Para que nos autorices a colgarlo.

El gran LAO destrenzó sus dedos, que había enlazado en una maniobra tan difícil que alguno crujió al desenredarse, y fu preguntando a cada uno por su nombre. Sólo omitió al verdugo, que estiraba la soga como si preparara los fideos para la sopa.

-Yo soy KA-LA, segundo sobrino del jefe de guardia de palacio.

-Yo me llamo JE-TA, y soy el cuñado menor de la concubina de LIANG, el administrador de la casa de gobierno.

Y así todos fueron diciendo su nombre y algún rasgo de su familia. Todos ellos tenían lazos de afinidad con alguna persona influyente, que les había facilitado el acceso al puesto que ocupaban o a los ingresos que obtenían.

Cuando hubieron terminado, satisfechos por cuanto se sentían orgullosos del nepotismo de que eran objeto, LAO preguntó qué cargos achacaban a KA-DA-LI para pedir su muerte.

-¡Se ha aprovechado del nombre del gran rey para enriquecerse!

LAO-TSÉ pareció comprender. Al menos asentía con los ojos semicerrados.

-¿Y ha hecho mal a alguien? –Preguntó.

-¡Se ha lucrado usando el nombre del emperador! –Repetían una y otra vez los acusadores-.

-Lo ponía por delante para ganarse voluntades –ratificaba otro.

-¿Mover las voluntades hacia el mal? ¿O en dirección al bien? Lo que ha hecho, ¿es malo? Inquirió LAO-TSÉ.

-Le han pagado por ello. Más de lo que su trabajo vale.

LAO-TSÉ sonrió.

-¿Y quién ha fijado los precios? ¿Los ha exigido a cambio de algo o para evitar algo? ¿O en contra de alguien?

-¡Basta con prevalerse de ese rango para ser culpable! –Vociferaron.

LAO-TSÉ pidió papel y tinta. Comenzó a escribir con trazos seguros. Ponía en primer lugar el nombre de cada acusador para dirigirse a ellos seguidamente.

-Tú,  KA-LÁ,  ¿estarías en ese puesto si no fueras el segundo sobrino del jefe de guardia de palacio? ¿Tendrías el sueldo que tienes? ¿Te has aprovechado de ese parentesco?

Antes de que contestara el primero, ya se dirigía LAO al siguiente de la lista.

-¿Y tú, JE-TA, ¿no has utilizado en tu beneficio la afinidad con LIANG, el administrador de la casa del gobierno?

Y continuó.

-Y tú…. ¿No eres amigo de…? ¿No es esa la razón de que estés ocupando un lugar de privilegio en las cocinas de palacio?

Y así con todos.

Finalmente, LAO-TSé, adoptando el aire solemne del juez al dictar sentencia, dijo:

-Todos sois reos del mismo delito y merecéis la misma condena. Ésta debe ser ecuánime y no dar peor castigo al de mayor jerarquía en sus corruptelas. Y también son reos quienes os han nombrado y os mantienen.

Luego se dirigió al verdugo.

-A ti no te he preguntado porque necesito a alguien como brazo ejecutor de la justicia. Y tampoco confiaba en tu inocencia.

El verdugo, que había conseguido su puesto por la influencia de la primera concubina del segundo señor de la Mansión Roja, calló.

Entonces, LAO-TSÉ, investido de la autoridad del sello imperial, hizo un gesto a los guardias.

-Apresadlos a todos y a sus mentores, y a sus parientes, a todos los que les han favorecido  o se han visto favorecidos por ellos. Y tú –dijo al verdugo- vete a por más cuerda.

Se iba el verdugo, temblando, aunque era un rudo hombre de las montañas. LAO-TSÉ, que aparentaba seguir dormitando, le gritó:

-¡Mucha más! ¡Mucha más cuerda!

 

Anales de los jueces míticos.

Historia de LAO-TSÉ

A la corta o a la larga, todo se paga.
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FÁBULAS PARA UNA CRISIS (2)

25 marzo 2013

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5.- La lengua de los siete reinos.

 

Después de muchos siglos de confusión, los siete reinos unidos de XI PAN habían unificado  también el lenguaje –aun conservando en cada región las lenguas y dialectos ancestrales, como un patrimonio altamente estimable- de tal manera que hasta los últimos rincones se extendía la comprensión de las ideas. Esto supuso una gran tranquilidad para el pueblo y un éxito para el comercio y el intercambio material e inmaterial entre las gentes. Los siete reinos pudieron abrir parte de sus fronteras para que los extranjeros, debidamente controlados, pudieran aportar mano de obra y riquezas.  Un reducto de la montaña conservaba su antiquísima lengua, apenas útil para la vida común, ni siquiera entre sus oriundos, pero muy apreciada por los eruditos. Otras regiones mantenían, con el beneplácito del Consejo de los siete reinos, la lengua tradicionalmente hablada, en convivencia con la común. Las lenguas y dialectos se estimaban en grado sumo, apreciándose como tesoros de la tradición de los reinos.

Un día, BU-JO-LÍ, resentido porque no obtuvo la flor natural en el certamen del príncipe heredero, propuso una rebelión a sus vasallos de KI-LÚ.

-Construyamos una torre que llegue hasta el cielo con todas las palabras de nuestra lengua. Y que sólo se hable ésta, despreciando la de esos estúpidos reinos que no me dan lo que merezco. ¡Qué príncipe es éste que a otros y no a mí favorece!

Y así lo hicieron, porque a veces la locura no es exclusiva de uno solo, y se contagia como la peste cuando se atizan sentimientos manipulados.

Desde entonces, creada una muralla alrededor de KI-LÚ, los viajeros la rodean. Niños y ancianos les gritan, desde el adarve de las almenas: ¡Entrad, entrad! Y lo hacen en su lengua, que es limpia y clara como un vaso de agua fresca, pero nadie la comprende. Y los jóvenes han emigrado a regiones extrañas, donde tienen necesariamente que hablar otras lenguas.

-¡Pero nunca la de XI-PAN! Vociferan en los reductos del dictador.

 

 

Discursos recopilados de Pu-Wei.

La confusión de las lenguas.

Vuela en alta vanagloria y cae al suelo hecho escoria.

CENIZAS

25 marzo 2013

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CENIZAS

 

La Sala dos del Fernán Gómez –antes Centro Colón, que, milagrosamente, estaba y está en la Plaza de Colón,  en Madrid- tiene una disposición de butacas diseñada para acomodar a los espectadores de menos a más, como en las clases de gimnasia. Los pequeños delante. El escenario es el suelo, y los espectadores miran hacia abajo –excepto en la primera fila- lo que para estos últimos –‘los últimos serán los primeros’- hace un efecto impactante, porque los actores están a un par de palmos de sus narices, y si te descuidas tropiezan con los zapatones. Para los demás, a pesar de las buenas intenciones del diseñador, y de las referencias a su elección frente al llamado escenario a la italiana,  la visión es incómoda, si tropiezas con la cabeza o la espalda erguida de algún vecino.

 

Yo me cambié de sitio cuando las voces fantasmales anunciaron que la función iba a comenzar, y tuve a Montesinos –que actuaba más por mi lado, a la izquierda según miras- casi en mis rodillas. Caber, cabía, porque es pequeñito. Su interpretación, sin embargo, es grande. Le da la réplica muy bien un hijo gigante –eso parece a su vera- que ha salido así por herencia genética de su madre, Consuelo por más señas, una ‘gran’ mujer ahora difunta y en cenizas. Lo que da título a la obra, claro.

 

La escatología se asienta más bien en las trifulcas y mentiras que rodean casi todas las vidas de parientes y allegados. La muerte es una excusa y una liberación, no exenta de melancólica tristeza. El viudo colecciona cosas para no dejar hueco a los recuerdos ni en los estantes de su vieja cómoda, y el hijo colecciona rencores justificados, porque pocos hay –hijos, digo- que no los tengan, ya que el oficio de padres nunca se aprende del todo y el de hijo se sabe desde el primer aliento.

 

La interpretación de Montesinos y Campos es excelente. Tan compenetrada que son capaces de meterte en una historia poco original, si exceptuamos la figuración medio blasfema del ritual católico de misa y responso de difuntos, que, por las licencias del teatro, y la mesura de los actores, no resulta ofensiva…por los pelos. Siempre queda el tópico de que los creadores se meten más con las religiones pacíficas, cuya venganza es el perdón, que con las otras, que por mucho menos te cortan las uñas de hombro para abajo. Por si las fatwas, o como se llamen lo de Rushdie.

 

Pero no es lo importante. Cierto que los actores impulsan el drama, y favorecen el texto, y que la puesta en escena, muy sencilla, basta y sobra para situarnos en su vida. Lo mejor, un conjunto equilibrado, que no decae apenas, y algunos detalles, muchos de Montesinos, con su pizpireto trasiego al vodka oculto,  otros de Campos, cuyo silencio y alguna lagrimita ante la voz de su madre, guardada en cassette, cumple bien la función de rellenar ese espacio caótico de las voces en off.

 

El final, algo confuso, precipitado, nos devuelve a la depresiva soledad en compañía de quienes nunca han estado juntos y no saben si añorar o despreciar a quien ha sido el catalizador de sus soledades y sus frustraciones.

 

O sea, si estás bajo de forma, ve preparado, no te vaya a dar un soponcio.

 

 

 

SUBPRIME

24 marzo 2013

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SUBPRIME

La sala Guirau del Teatro Fernán Gómez tiene unos sillones tan cómodos que si no te aburre la función te echas un sueñecito, y en paz. O te relajas plácidamente dejando pasar el tiempo. En el Amaya, por ejemplo, eso es imposible si mides o pesas algo más de la media hispana de los sesenta, antes de las vitaminas y la dieta mediterránea con tostadas al aceite de oliva virgen extra primer prensado en frío. Lo mismo pasa en otras salas ya anticuadas, y en los cines; de ahí que sean una gozada las del Kinépolis, Cinesa, Dreams Palacio de hielo…

Con ‘Subprime’ no te duermes, ni te aburres. Si acaso, no te enteras. No te duermes porque los actores gritan como posesos, no sé si para corregir una acústica deficiente, por orden del director de la pieza, o porque los ejecutivos agresivos, los políticos y los pacifistas chantajistas saben que para hacerse oír hay que chillar. Y no te aburres porque el guión impone atención constante al movimiento de los actores, y los magníficos efectos audiovisuales coordinados –no sé si se llaman efectos o es simple técnica de la que hoy maneja cualquier adolescente espabilado- te mantienen en suspense, como los reality shows.

Lo de enterarse, pues tal vez sea harina de otro costal. Un diálogo de noventa minutos con los trapicheos de las trapisondas financieras y políticas, todo ese conjunto terminológico de males sin mezcla de bien alguno que es el infierno capitalista, requiere una traducción simultánea.

En ocasiones uno teme que los actores sufran cierta apoplejía, con la tensión que imponen sus personajes y lo bien que la asumen, porque para ser un tiburón de las finanzas o un vicepresidente del gobierno hay que desayunar estrés con mantequilla de cacahuete, importada de los USA. Claro que el entorno del Ibex 35 y el petróleo de Canarias simplifica mucho el genio celtibérico, que a lo mejor copió Michael Douglas en sus papeles de La City.

SUBPRIME aporta al teatro tradicional un recurso muy bien impostado, el de la tecnología audiovisual, y lo que el autor llama con acierto vivencia on line de los acontecimientos de la historia. Una historia técnicamente bien llevada, bien interpretada –con algún exceso, esa sobreactuación más que ocasional- y confusamente creíble, que es la manera más verosímil de creer algo, porque las apariencias engañan siempre.

Sobre todo con las mujeres: no te fíes de ninguna, ni de la propia, especialmente si se pone demasiado cariñosa así por las buenas. Algo tiene que ocultar, o algún plan tiene del que tú ni te enteras.

Por eso la única mujer que sale en SUBPRIME no habla ni actúa sobre las tablas, y a pesar de ello es el personaje más importante de la trama.

FÁBULAS PARA UNA CRISIS. (Primera parte).

23 marzo 2013

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FÁBULAS DEL REINO DE  XI-PAN-YÁ

西班牙 王國 的寓言  故事

西班牙: España o XIPANYA

聯合    王國: reino o del reino

寓言: fábulas

Por LAO-MA-DAO

Sinólogo. Master en lengua HAN por una I.U. of BEI-JING  (不存在  大學  北京) (Una inexistente universidad de Pekín).

Transcripción: Amador García-Carrasco.

Adaptación libre y parcial de la selección de Wei Chin-chi, versión francesa de A. Laurent, Adiax, Buenos Aires, 1.979.

Un elogio,

una censura. Es igual

de estimable

o no.

Lo único que diferencia el mundo

es el tipo de sueño

que se sueña.

FÁBULAS (CHINAS) PARA UNA CRISIS

A modo de introducción (suave).

En su Hawthorne, Borges desprecia la alegoría. Tal vez ignoraba el carácter de su propia obra. Las fábulas son, para algún intelectual, chácharas plebeyas que deben menospreciarse. Es uno de los motivos, si no el mayor o único, de que me guste leerlas y disfrutarlas. Para mí, una fábula es un arquetipo. Del modelo cabe hacer copia, o deformarlo. Como las parábolas. Como en el arte. Hablar claro puede ser hacerlo  mediante imágenes y espejos.

Tropecé en la biblioteca de mi abuelo con un librillo de fábulas: estaba en el suelo, víctima de un toque de plumero vengador, junto a un botoncito de marfil que había pertenecido al traje de una gheisa diminuta que lo acompañaba. No era extraño que la limpieza del lugar produjera esos desperfectos. Mi abuelo decía que los libros se limpian solos, leyéndolos, y que los adornos en las estanterías, por mucho que realzasen la decoración, eran más bien estorbos. Y encima ucrónicos, como en el caso del libro de ZongHuó y la bella de JiPen.

Siguiendo su pauta,  lo leí en un santiamén. Al hacerlo me parecía ver imágenes no demasiado antiguas. Personajes que, como  siempre en la lección del fabulador, recuerdan mucho el aire de la actualidad, aquel que sopló el burro flautista en el prado de Samaniego.

Las copio tal cual. No puedo dar título ni copyright, si lo tiene o lo tuvo,  porque al opúsculo le faltan las tapas, y posiblemente una docena de hojas, unas al comienzo, otras al final, de modo que esto es lo que hay. Rebusqué por la zona, y hallé cosas de empaque, como la Pseudodoxia epidémica, de Browne, en la edición de Wilkin de 1.835, que ojeé sin entender una palabra, con la pretensión de que algo de su exótica ciencia se me pegase. Como dicen que sucede con el aire del campo, que te da salud a pesar de los bichos y del tufillo, y es que, como dijo Hipócrates, todo lo amargo sana.

Amargas pueden parecer alguna de las píldoras que las tradiciones chinas, con estas fabulillas, nos hacen deglutir, de modo que es de esperar que mejoren nuestra deteriorada salud de viejos occidentales, con los imperios quebrados, hablando del sexo de los ángeles y de la prima   de riesgo, mientras los bárbaros toman Roma y asaltan Bizancio.

Después de entrar en reedición, algún alma descarriada mangó el original, o sea lo sustrajo del lugar donde el editor lo había colocado para devolvérmelo. No sé qué pensar. Me habría gustado conservarlo, y sobre todo confrontar el que ahora tienes en tus manos con el otro, pues me temo que ha habido alguna manipulación. No importa. Si alguien ha sido capaz de adaptar un guión antiguo, reconozcamos su mérito, siempre que él reconozca su tributo. Aunque sea anónimamente, como la oración de la viuda frente a la ostentación del fariseo. Centón real o simulado, aquí lo tienes.

¡Ah! Se me olvidaba. Esta es una obra antigua. Cualquier parecido con la realidad, o sea con la actualidad, es mera coincidencia.

1.-  Unos duques corruptos declaran una guerra inoportuna y tras perderla siguen en el poder.

XI PAN, un reino, antes belicoso, había logrado la paz, tras muchos años de esfuerzo y de contiendas. Todos parecían ya satisfechos, pues si bien el fruto de la paz no es igualmente dulce, según quién lo toma, de cuál de sus árboles y en qué momento, resulta siempre mejor que cualquier otro. En especial que el fruto podrido de la guerra.

Indignos de los frutos de la paz, algunos privilegiados intrigaban, primero oscuramente, luego a plena luz, porque es más permisivo el gobierno que ha sufrido penurias y quiere la concordia que el que ambiciona conquistas y anula la libertad. Y de eso se aprovechaban los duques de la región este del reino, una de las más prósperas, porque más rico era su territorio, más hábiles su artesanos y más prebendas y ayudas recibían, en parte por sus méritos, en parte por el hábil juego de las conspiraciones palaciegas.

Finalmente, el duque de PÙ unió sus mesnadas al duque de MÁ, los más poderosos y ricos, con riqueza y poder obtenida de tantos años de paz fructífera buen bien aprovechada en propio beneficio y plantearon un ultimátum al rey  KA LÓ, electo por la mayoría del pueblo. Éste, un soberano sensato y que en modo alguno deseaba una nueva guerra, preguntó a sus consejeros.

-¿Qué razones, si las hay, esgrimen PÙ y MÁ, mis duques del este, para rebelarse?

El Consejo respondió unánimemente, con serenidad. Tampoco ninguno de sus componentes, excepto los duques rebeldes, quería  la guerra. Muchos habían conocido las heridas que causa. Y los más jóvenes, nacidos ya en la paz, si bien las ignoraban, vivían demasiado bien como para ponerlas en riesgo. Uno de ellos dijo:

-No son razones. Son intereses. No puede haber razón para romper la paz, sólo la agresión si no puede repararse de otra forma.

-Esperaremos entonces la agresión –dijo el rey. Entretanto, confiemos en el buen juicio de los duques rebeldes, y que les retorne la cordura.

-¡Pero Majestad! ¡Continúan pidiendo oro y prebendas! ¡Con ellas se armarán y fortalecerán sus mesnadas para combatiros!

El rey alzó la mano.

-Será para combatirse a sí mismos, entonces. Porque yo no les atacaré. Seguid enviando lo que pidan, y junto con esas remesas enviadles mensajeros de paz. Me entristecería que sólo buscasen el interés, un poder más allá de lo razonable.

Y así se hizo. Los duques y cada vez más numerosas mesnadas, bien nutridas con el oro del reino y el propio, continuaban atizando el fuego de la discordia. A ellos se unieron los enemigos tradicionales de la unión del reino de XI PAN.

-¡Nos tratan con injusticia! ¡Separémonos de este reino infame que nos tortura y menosprecia!

A decir verdad, ni los propios cronistas entendían estos alegatos, pero continuaban adulando a los poderosos duques, PÙ y MÁ. Claro que eran excelentemente retribuidos por sus servicios, entre los que se encontraban los de difamar a los jerarcas del reino, tildándolos de enemigos de su pueblo, sus costumbres, sus tradiciones y su lengua.

Un miembro del Consejo, no adicto a los duques rebeldes, afirmó que ninguna de las causas de la rebelión era real, y que tal vez por ello mismo fueran más peligrosas. El Consejo así se lo hizo ver al monarca.

-Prefiero equivocarme. ¿Sería entendida mejor mi espada que mi razón? ¿Utilizaré mis brazos para golpear o para abrazar? Es parte del reino, y muchos de sus habitantes, estoy seguro, son razonables y sensatos. No comulgan con las ideas injuriosas de sus líderes, que parecen haber enloquecido. Esperad. Todo volverá a su cauce.

Pero se equivocaba. Tras un plan conjunto con fuerzas mercenarias y guerrilleros fuera de la ley, los duques enviaron sus mesnadas  para atacar puntos vulnerables y urdieron el asesinato del rey y de su primer ministro, comprando a los eunucos de palacio. La conjura estuvo a punto de tener éxito, pero el hijo mayor del rey y su heredero, que había establecido una red de espías, abortó la maniobra. Los duques rebeldes, PÙ y MÁ, con sus familiares y acólitos, aguardaban en seguro las noticias de la guerra. Pronto las conocieron de cerca, ya que su propia gente se rebeló, al descubrir enormes riquezas en los sótanos de sus palacios, tesoros robados al pueblo con una interesada y corrupta administración.

Cuando iban a colgarlos llegó el indulto real.

Los duques convencieron a todos, con nuevas mentiras, de que estaban arrepentidos, y que las riquezas ocultas eran una reserva para tiempos de crisis. Como era el caso, no tuvieron más remedio que repartirlas entre la gente, que ignoraba, e ignora aún, la magnitud de lo que habían acumulado en decenios de rapiña.

Al Consejo llegó, meses después, la petición de ayuda de los ducados rebeldes, ya sometidos.

-¿No queríais todo para vosotros y no dar nada a los demás? –arguyó el consejero más joven, que aspiraba a canciller. ¿Cómo lo pedís ahora?

El enviado de PÙ y MÁ, un senescal, sobrino de la concubina del primero, abrió los brazos suspirando.

-¡Porque nos conviene! –dijo,  en un hilo de voz.

 

Jardín de la anécdotas de los viejos reinos combatientes.

Enseñanza: los astutos ganan aunque pierdan.

Lo que con unos se pierde con otros se gana.


2.- El rey que quería la inmortalidad.

El gran BA-TA-THENG, que había heredado XI PAN, un reino próspero y pacífico, pasaba su tiempo contando nubes, adoraba estrellas y sólo le preocupaba el paso del tiempo, que es el mismo para los reyes que para los plebeyos. Pero como él tenía más medios que un pobre campesino, consumía sulfuro de mercurio y se hacía preparar elixires y ungüentos en la búsqueda de la inmortalidad.

Uno de esos días en que los rasgos de su semblante acusaban más la preocupación que le corroía –y que no era precisamente el bienestar de sus súbditos-  su primer consejero, el astuto KAL-BÚ, quien en secreto aspiraba a sucederle, le preguntó.

Dime, gran rey. ¿Qué embarga tu noble rostro de melancolía?

BA-TA-THENG se sorbió una lágrima –era en extremo sensible con sus propias aflicciones- y miró a los ojos de KAL-BÚ.

-Quiero pasar a la historia. No ser nunca olvidado. Que se hable de mí generación tras generación. Esa será mi inmortalidad, buen KAL-BÚ, pues me temo que a la postre ni el Hijo del Cielo escapa de la muerte física.

El primer consejero reflexionó, pellizcándose los antebrazos, ocultos en las anchas mangas que, además de puñales, ocultaban los pensamientos. Contó hasta quince: yi, er, san…como le había prescrito su padre, un sabio pescador de truchas del Yant-Zé. Paciencia, observación. Es la clave de toda respuesta correcta.

-Gasta más de lo que ingresas. Acaba con todo lo que has heredado. De esa manera arruinarás el reino, y hablarán de ti todas las generaciones futuras. ¡Pasarán los años en vano, si pretenden olvidarte! Ninguno de tus enemigos dejará de citarte como el precursor de toda desdicha. Tus partidarios te nombrarán, incluso en sus silencios, para preterirte o para superarte. ¡No hay memoria que supere en fuerza a la desgracia, un gran río con interminable número de afluentes!

Así lo hizo el rey BA-TA-THENG. En pocos años dilapidó los tesoros del reino. Aumentó hasta la náusea la clientela de sus paniaguados, distribuyó prebendas y pagó favores con tal prodigalidad que, en efecto, al morir, el reino que había sido próspero estaba arruinado, su prestigio hundido, las regiones que habían sido un ejemplo de cohesión estaban divididas, y el nuevo rey lamentaba cada día el honor de haberle sucedido. Apenas tenía el reino, y sus habitantes, para una mísera subsistencia, y, en efecto, el nombre de BA-TA-THENG no se caía de los labios cuando se trataba de culpar a alguien de todos los males del mundo.

De esta manera alcanzó la perseguida inmortalidad. Porque la vida está en la memoria de las gentes. ¡Qué sabio fue su  primer ministro, KAl-BÚ!

 

Jardín de las anécdotas del Imperio del Centro. Los Consejos de KAL-BÚ.

Quien bien tiene y mal escoge, del mal que le venga no se enoje.

 

 

3.- La maledicencia y el poeta MA-DIN.

Al poeta MA-DIN le daba miedo hablar en público. Un día oyó que en los teatros de algunos ducados del reino se burlaban de los ancestros. Impelido por una fuerza superior viajó hasta las capitales donde se zahería a los antepasados. Subió al escenario y con voz poderosa recitó durante horas los Anales del Reino de XI PAN. Todos callaron, y a partir de esos días nadie volvió al teatro para escuchar las burlas sobre hechos y personas dignas de veneración y respeto.

 

Jardín de las anécdotas.

Vida del poeta MA-DIN.

Con bondad se adquiere autoridad.

 

 

 

 


4.- El jugador que quiso ser funcionario del emperador.

En el reino de PA-LLÁ, situado al nordeste del Imperio del Centro,  la crisis había empobrecido muchos hogares y los comerciantes se quejaban continuamente de la pérdida de valor de sus negocios. Sólo se mantenían florecientes los que dependían de los gobernantes y los políticos y también los que se relacionaban con el juego y el ocio.

Se apreciaba hasta el extremo el deporte del Chú, que consistía en golpear una bola con los pies y el cuerpo, entre unos y otros jugadores de dos equipos. Tan popular se hizo que su líder, MES-PU-JI aspiró a los exámenes de funcionario. Una alta dignidad del imperio.

Sus mentores le interrogaron, extrañados.

-Pero, ¿has leído los Analecta? ¿Conoces los mil quinientos trazos?

Porque los puestos de funcionario estaban reservados a ilustrados y sabios, además de la gente hábil en las intrigas y el medro personal a costa de lo que fuere.

MES-PU-JÍ se echó a reír.

-¿Acaso los necesito cuando salgo al terreno de juego y me aclaman las vociferantes masas como si fuera un dios?

De modo que se presentó a los exámenes haciendo alarde de su oro y sus joyas, pero ausente de conocimientos en  profundidad.

Muchos estaban complacidos y decían: ‘He aquí que este representante del pueblo aspira a igualarse a las élites;  sea bienvenido, y de este modo conseguiremos que haya más igualdad entre todo el mundo’

. Sin embargo fue reprobado. El suyo no era el tipo de mérito que se exigía para la administración sino para la distracción.

-No todos pueden ser Buda –decían los más sensatos, al referirlo.

Y es que no debe hacerse alarde de poder y de riqueza cuando muchos se alimentan de las migajas. Ni asimilar los bienes materiales a los que se adquieren con el esfuerzo del espíritu.

Jardín de las anécdotas del reino de PA-LLÁ.

Siéntate en tu lugar. No te tendrás que levantar.