Fábulas (9) de Xi-Pan-Ya.

7 abril 2013

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12.-EL AMBICIOSO QUE QUERÍA MÁS Y MÁS.

Se cuenta que los duques de KI-LU, en los tiempos del gran reino unificado de XI PAN, combatían ocultamente contra el mismo llevados por su ambición. En una ocasión, el duque MÁ, que gustaba de manifestar en alta voz sus pensamientos y deseos, dijo que le gustaría poseer todo el oro del mundo.

-Bien, entonces, cuando lo tengas –le contestó uno de sus ministros- podrás ayudar a todo el que lo necesite.

-¡Pero qué dices! ¡Más lo necesito yo!

De modo que se le vio el plumero y todos le abandonaron, por no conformarse con lo mucho que posee sino  querer incluso lo que no tenía.

 

Memorias de Sang Yang. El oro del sueño.

 

 

 


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Fábulas del reino de Xi-Pan-Ya.

7 abril 2013

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11.-No rompáis el vaso de jade.

 

En el reino de XI-PAN los rebeldes del norte estaban cada día más crecidos, ante la pasividad de los gobernantes. “El tiempo resuelve los problemas, y en época de crisis es mejor no mover las cosas que apestan”.

Recriminaban desde su propio partido al primer ministro LA-XUÍ que permanecía más tiempo reflexionando en los jardines de su palacio que acudiendo a luchar contra a las provincias donde surgían focos de rebelión.

-No iré a meter la cabeza en la boca del tigre –dijo a sus consejeros. Y ordenó que esperasen mejor ocasión para combatir.

Algunos, no satisfechos, exigieron su presencia al frente de las tropas. Era imprescindible  -decían- apoderarse del cabecilla, un escurridizo guerrillero,  y cargarle de cadenas.

LA-XUÍ les llevó a un granero repleto de trigo. Podían escucharse los ruidos de las ratas comiéndose el grano. Entonces dijo, señalando a un cuervo, que picoteaba de vez en cuando:

-¿Pedirá la rata grano al cuervo? Si no podemos encontrarla, dejen que se harte y reviente. Si vamos allí, a pelear, destruiremos parte de nuestro reino, porque toda guerra desgasta y si vamos a dialogar, las ratas nos pedirán aún más trigo y seremos como el cuervo que picotea lo que sobra.

Aún insistieron, y finalmente LA-XUÍ, alzando su vara de gobierno, con el sello del emperador, vociferó:

-¡No romperé el vaso de jade para atrapar a la rata! Vale más el prestigio del imperio que una pandilla de facinerosos que serán desenmascarados o muertos por sus propios seguidores.

Todos comprendieron que, a veces, como decía UT-SÚ, la mejor batalla es la que no se libra nunca. Y alabaron la discreción del viejo LA-XUÍ.

Y, en efecto, la rebelión fue perdiendo fuerza y los cabecillas acabaron colgados.

El vaso de jade es un objeto precioso. No vale la pena golpear con el para intentar acabar con la rata.

 

 

Anales del reino de Qing.

 

Los duques de KI-LU

 

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Fábulas de Xi-Pan-Já. el reino del oeste. (7)

6 abril 2013

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10.- La confusión de lenguas.

 

Cuando el gobernador LI-KU viajaba con su séquito por el distrito de noreste de XI PAN detuvo su caballo junto a un patio del convento de MO-TSÉ, famoso por lo excelente de sus enseñanzas a BUDA y los cánticos de sus novicios. Jugaban éstos con la espontaneidad de todos los chiquillos sanos. Repentinamente, LI-KU escuchó algo que le llamó la atención. En la recepción con el lama prior se lo comentó.

-Amida BUDA. He oído cómo un muchacho llamado YULI es nombrado por otros como YULIU.

El lama lanzó una carcajada nada protocolaria, que se contagió a toda la comitiva.

-Llamad a ese chico, por favor.

Poco después entró en el recinto un joven espigado, a quien el gobernador pregunto:

-¿Cuál es tu nombre de casa?

-YULI, señor.

-¿Y sabes que te llaman YULIU? No es lo mismo.

-No, señor. YULIU significa burro salvaje. Suena parecido, pero en nada igual, señor.  Al principio me molestaba, pero es que ellos –señaló al exterior, donde sus compañeros aún retozaban por el patio- no lo hacen a propósito. No se dan cuenta porque nadie les enseña la lengua común del imperio. Sólo la particular del ducado.

El lama asintió. Era el momento de dejar clara la posición del más próspero ducado del reino.

-Si hay lengua propia, no es necesaria ajena. Y menos aquí. Pocos salen al mundo.

-¿Y si su señoría se llamase YULI? –Repuso el gobernador.

-No es el caso. Además, el Consejo escolar así lo decidió.

-Pero saben que la lengua oficial es de obligada enseñanza. No importa que se conozcan las demás; se acepta con gusto. ¿Qué me decís?

-No pueden ponerse puertas al campo ni acallar las voces de quienes hablan.

El gobernador reflexionó. Conocía bien al primer ministro LA-JO-I. Le gustaba que le dieran los problemas resueltos. No podía regresar con el entuerto sin resolver. Por un lado el no acatamiento de la ley. Por otro, la importancia del ducado del noreste.

-Bien –dijo al fin. Todos le escuchaban atentos-. A partir de ahora, ya que le dais tanta importancia como para quebrar la unión de las leyes del reino,  deberéis comunicaros, no sólo entre vosotros, sino con todo el mundo, dentro y fuera del reino, en vuestra lengua. La región se llamará YULIU, la de los burros salvajes, pues tanta gracia os hace el equívoco que lo mantenéis aunque suponga una ofensa para otros.

La orden fue estrictamente vigilada, y por tanto cumplida. Cuando alguien desconocía esa lengua, la comunicación verbal resultaba imposible.

Pero los políticos de YULIU estaban satisfechos con su aislamiento. Así manejaban a su gusto todas las riquezas. Disponían, además, de eunucos que realizaban las transacciones en su nombre.

Podían ser YULIU, pero no tontos.

Pasaron unos años. La población, que durante un tiempo siguió engañada, pensando que todo estaba igual o mejor, se percató de los errores de sus dirigentes. Sin embargo tenían tan arraigada la deformación de las enseñanzas del reino que apenas creían a viajeros y libros que contaban otra historia. Por eso, cuando cesaron aquellos gobiernos fueron reincorporándose al reino central, que era también el suyo, y vieron que prosperaban más con el uso de la lengua común además de la propia. Los falsificadores de la historia fueron desterrados por los propios dirigentes, abiertos a la verdad.

El ducado del noreste dejó de llamarse YULIU y retornó a sus mejores tiempos.

 

Crónicas de los viejos reinos.


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Fábulas del reino de XiPanJa. (6).

6 abril 2013

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9.- Cada cuál a lo suyo.

 

Un acólito de sacerdote taoísta cargaba la lira de su señor por el escenario. Era frecuente en XI PAN, donde todo el que alcanzaba un rango determinado se rodeaba de servidores.

-¿Por qué lo haces? –le censuraban-. ¡Deja que él cargue su peso!

El acólito negó con la cabeza, suavemente, con un balanceo al estilo del Qi-Gong.

-Entonces no la tocaría tan bien. Se le entumecerían las manos con el peso. Yo prefiero escuchar su buena música antes que vaguear.

 

 

Historias sueltas de FEN-YING.


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Fábulas. (5)

6 abril 2013

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8.- El juez descuidado.

 

El juez  A-LE-U, discípulo del gran juez mítico PA-CHU-GONG, se quedó dormido con el pincel entre los dedos. Así, se pasó la hora de dictar sentencia y el criminal TO-BA-MING, el más buscado del reino, pudo salir impune y huir con sus ganancias.

-No hay derecho a considerar esto una negligencia –se defendía el juez de la recriminación por su desidia-. Pesan sobre mí demasiadas responsabilidades y una escasa remuneración. El Yin y el Yang no se cuadran. Debería haber más presupuesto para equilibrarlos.

 

De los Anales de los reinos perdidos.

Siempre puedes encontrar a alguien a quien culpar.
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Fábulas del reino de Xi-Pan-Yá. (O sea, España). (4)

6 abril 2013

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7.-Cuando muchos piensan que es mejor recibir y no devolver.

Sucesos de XI-PAN-JA.

 

 

El reino de XI-PAN-JA vivía decenios de prosperidad,  manteniendo la paz interior –sólo turbada por los bandidos de las montañas del norte- con leyes ecuánimes y libertad para las transacciones comerciales.

De los vecinos reinos comenzaron a llegar oleadas de personas atraídas por la prosperidad y a veces la lenidad en la aplicación de la justicia que conlleva un tiempo largo de disfrute material, pues nadie quería complicarse la vida y se hacía la vista gorda ante ciertos desmanes.

De entre los inmigrantes había gente de toda laya, honradas familias, oportunistas pícaros e incluso delincuentes organizados.

Los dirigentes de XI-PAN-JA vieron en el aumento de población y de mano de obra una oportunidad única para enriquecerse, de tal manera que construyeron miles de casas destinadas a los inmigrantes en su mayoría. Les facilitaron créditos muy superiores al coste de las viviendas, sin otra garantía, y aquellos ciudadanos del reino  que tuvieron ocasión vendieron las suyas viejas a precio de oro. Fluía la plata como un río de lunas. Y todos estaban contentos.

Años después, tras cinco de pésimas cosechas y una extrema sequía, dejó de manar la fuente del dinero. Se habían acostumbrado todos a trabajar poco, a disponer de lo que precisaban y más, todo a cuenta de los financiadores y prestamistas, que calcularon mal el tiempo de sus beneficios. Entonces empezaron a impagar los créditos y la consecuencia fue el embargo y la expulsión de las casas, que habían adquirido sin esfuerzo y con dinero ajeno.

Los miles de afectados iniciaron una rebelión, apoyados por los sectores contrarios al gobierno, y pronto se extendió la idea de que el pago era ilícito y el retorno al financiador de su crédito, a través de la única forma que le quedaba, la casa, constituía un acto criminal.

Se instauró en XI-PAN-JA durante unos años un sistema benéfico, que arruinó a los empresarios establecidos y a los profesionales y trabajadores serios.  Las asambleas sustituyeron a los Consejos y a las administraciones reales. Los comerciantes y los funcionarios que no aceptaron las nuevas bases del falansterio emigraron, a su vez, a zonas de mayor seguridad jurídica. Se destruyó la historia y la filosofía porque apelaba al bien común por medio de reglas. Retornó en grado sumo la picaresca y fueron creándose grandes bolsas de lucro y de poder, sin control siquiera de los jueces y funcionarios engañados por el resol de la justicia, ya que había recibido falsas lecciones de ética.

Un día, alguien llevó un cachorro de tigre a la asamblea. Le dijeron:

-¿No ves que puede volverse peligroso? Ahora no, ahora es un gatito. Pero cuando crezca no podrás dominarlo.

El dueño del tigrecito sonrió. Era un taoísta, algo cansado de la demagogia de las asambleas.

-Es justo lo que sucederá con vuestros cachorros de tigre. Ya están creciendo, y pronto os saltarán al cuello para devoraros. Sólo que se trata de ideas y de palabras. El hombre que no se somete a la ley no se diferencia en nada de un animal.

Y se marchó, dejándoles pensativos durante los siguientes quince segundos.

 

 

Crónicas del ojo de gato.

Leyendas de los reinos del oeste.

Con poco viento cae al suelo torre sin cimiento.
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Fábulas del reino (3)

5 abril 2013

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6.-KA-DA-LÍ y el juez LAO-TSÉ.

 

En el reino de XI PAN no era infrecuente pasar de la gloria al menosprecio e incluso al exilio.

Cuando el segundo hijo del tercer sobrino del gran emperador KUNG-FÚ cayó en desgracia, le llevaron atado de pies y manos a la sala del juez LAO-TSÉ. El viejo parecía dormitar, aunque en realidad conversaba con los ancestros.

-Te traemos este despojo. –En verdad, KA-DA-LI estaba demacrado y parecía temer lo que le esperaba-. Para que nos autorices a colgarlo.

El gran LAO destrenzó sus dedos, que había enlazado en una maniobra tan difícil que alguno crujió al desenredarse, y fu preguntando a cada uno por su nombre. Sólo omitió al verdugo, que estiraba la soga como si preparara los fideos para la sopa.

-Yo soy KA-LA, segundo sobrino del jefe de guardia de palacio.

-Yo me llamo JE-TA, y soy el cuñado menor de la concubina de LIANG, el administrador de la casa de gobierno.

Y así todos fueron diciendo su nombre y algún rasgo de su familia. Todos ellos tenían lazos de afinidad con alguna persona influyente, que les había facilitado el acceso al puesto que ocupaban o a los ingresos que obtenían.

Cuando hubieron terminado, satisfechos por cuanto se sentían orgullosos del nepotismo de que eran objeto, LAO preguntó qué cargos achacaban a KA-DA-LI para pedir su muerte.

-¡Se ha aprovechado del nombre del gran rey para enriquecerse!

LAO-TSÉ pareció comprender. Al menos asentía con los ojos semicerrados.

-¿Y ha hecho mal a alguien? –Preguntó.

-¡Se ha lucrado usando el nombre del emperador! –Repetían una y otra vez los acusadores-.

-Lo ponía por delante para ganarse voluntades –ratificaba otro.

-¿Mover las voluntades hacia el mal? ¿O en dirección al bien? Lo que ha hecho, ¿es malo? Inquirió LAO-TSÉ.

-Le han pagado por ello. Más de lo que su trabajo vale.

LAO-TSÉ sonrió.

-¿Y quién ha fijado los precios? ¿Los ha exigido a cambio de algo o para evitar algo? ¿O en contra de alguien?

-¡Basta con prevalerse de ese rango para ser culpable! –Vociferaron.

LAO-TSÉ pidió papel y tinta. Comenzó a escribir con trazos seguros. Ponía en primer lugar el nombre de cada acusador para dirigirse a ellos seguidamente.

-Tú,  KA-LÁ,  ¿estarías en ese puesto si no fueras el segundo sobrino del jefe de guardia de palacio? ¿Tendrías el sueldo que tienes? ¿Te has aprovechado de ese parentesco?

Antes de que contestara el primero, ya se dirigía LAO al siguiente de la lista.

-¿Y tú, JE-TA, ¿no has utilizado en tu beneficio la afinidad con LIANG, el administrador de la casa del gobierno?

Y continuó.

-Y tú…. ¿No eres amigo de…? ¿No es esa la razón de que estés ocupando un lugar de privilegio en las cocinas de palacio?

Y así con todos.

Finalmente, LAO-TSé, adoptando el aire solemne del juez al dictar sentencia, dijo:

-Todos sois reos del mismo delito y merecéis la misma condena. Ésta debe ser ecuánime y no dar peor castigo al de mayor jerarquía en sus corruptelas. Y también son reos quienes os han nombrado y os mantienen.

Luego se dirigió al verdugo.

-A ti no te he preguntado porque necesito a alguien como brazo ejecutor de la justicia. Y tampoco confiaba en tu inocencia.

El verdugo, que había conseguido su puesto por la influencia de la primera concubina del segundo señor de la Mansión Roja, calló.

Entonces, LAO-TSÉ, investido de la autoridad del sello imperial, hizo un gesto a los guardias.

-Apresadlos a todos y a sus mentores, y a sus parientes, a todos los que les han favorecido  o se han visto favorecidos por ellos. Y tú –dijo al verdugo- vete a por más cuerda.

Se iba el verdugo, temblando, aunque era un rudo hombre de las montañas. LAO-TSÉ, que aparentaba seguir dormitando, le gritó:

-¡Mucha más! ¡Mucha más cuerda!

 

Anales de los jueces míticos.

Historia de LAO-TSÉ

A la corta o a la larga, todo se paga.
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FÁBULAS PARA UNA CRISIS (2)

25 marzo 2013

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5.- La lengua de los siete reinos.

 

Después de muchos siglos de confusión, los siete reinos unidos de XI PAN habían unificado  también el lenguaje –aun conservando en cada región las lenguas y dialectos ancestrales, como un patrimonio altamente estimable- de tal manera que hasta los últimos rincones se extendía la comprensión de las ideas. Esto supuso una gran tranquilidad para el pueblo y un éxito para el comercio y el intercambio material e inmaterial entre las gentes. Los siete reinos pudieron abrir parte de sus fronteras para que los extranjeros, debidamente controlados, pudieran aportar mano de obra y riquezas.  Un reducto de la montaña conservaba su antiquísima lengua, apenas útil para la vida común, ni siquiera entre sus oriundos, pero muy apreciada por los eruditos. Otras regiones mantenían, con el beneplácito del Consejo de los siete reinos, la lengua tradicionalmente hablada, en convivencia con la común. Las lenguas y dialectos se estimaban en grado sumo, apreciándose como tesoros de la tradición de los reinos.

Un día, BU-JO-LÍ, resentido porque no obtuvo la flor natural en el certamen del príncipe heredero, propuso una rebelión a sus vasallos de KI-LÚ.

-Construyamos una torre que llegue hasta el cielo con todas las palabras de nuestra lengua. Y que sólo se hable ésta, despreciando la de esos estúpidos reinos que no me dan lo que merezco. ¡Qué príncipe es éste que a otros y no a mí favorece!

Y así lo hicieron, porque a veces la locura no es exclusiva de uno solo, y se contagia como la peste cuando se atizan sentimientos manipulados.

Desde entonces, creada una muralla alrededor de KI-LÚ, los viajeros la rodean. Niños y ancianos les gritan, desde el adarve de las almenas: ¡Entrad, entrad! Y lo hacen en su lengua, que es limpia y clara como un vaso de agua fresca, pero nadie la comprende. Y los jóvenes han emigrado a regiones extrañas, donde tienen necesariamente que hablar otras lenguas.

-¡Pero nunca la de XI-PAN! Vociferan en los reductos del dictador.

 

 

Discursos recopilados de Pu-Wei.

La confusión de las lenguas.

Vuela en alta vanagloria y cae al suelo hecho escoria.

CENIZAS

25 marzo 2013

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CENIZAS

 

La Sala dos del Fernán Gómez –antes Centro Colón, que, milagrosamente, estaba y está en la Plaza de Colón,  en Madrid- tiene una disposición de butacas diseñada para acomodar a los espectadores de menos a más, como en las clases de gimnasia. Los pequeños delante. El escenario es el suelo, y los espectadores miran hacia abajo –excepto en la primera fila- lo que para estos últimos –‘los últimos serán los primeros’- hace un efecto impactante, porque los actores están a un par de palmos de sus narices, y si te descuidas tropiezan con los zapatones. Para los demás, a pesar de las buenas intenciones del diseñador, y de las referencias a su elección frente al llamado escenario a la italiana,  la visión es incómoda, si tropiezas con la cabeza o la espalda erguida de algún vecino.

 

Yo me cambié de sitio cuando las voces fantasmales anunciaron que la función iba a comenzar, y tuve a Montesinos –que actuaba más por mi lado, a la izquierda según miras- casi en mis rodillas. Caber, cabía, porque es pequeñito. Su interpretación, sin embargo, es grande. Le da la réplica muy bien un hijo gigante –eso parece a su vera- que ha salido así por herencia genética de su madre, Consuelo por más señas, una ‘gran’ mujer ahora difunta y en cenizas. Lo que da título a la obra, claro.

 

La escatología se asienta más bien en las trifulcas y mentiras que rodean casi todas las vidas de parientes y allegados. La muerte es una excusa y una liberación, no exenta de melancólica tristeza. El viudo colecciona cosas para no dejar hueco a los recuerdos ni en los estantes de su vieja cómoda, y el hijo colecciona rencores justificados, porque pocos hay –hijos, digo- que no los tengan, ya que el oficio de padres nunca se aprende del todo y el de hijo se sabe desde el primer aliento.

 

La interpretación de Montesinos y Campos es excelente. Tan compenetrada que son capaces de meterte en una historia poco original, si exceptuamos la figuración medio blasfema del ritual católico de misa y responso de difuntos, que, por las licencias del teatro, y la mesura de los actores, no resulta ofensiva…por los pelos. Siempre queda el tópico de que los creadores se meten más con las religiones pacíficas, cuya venganza es el perdón, que con las otras, que por mucho menos te cortan las uñas de hombro para abajo. Por si las fatwas, o como se llamen lo de Rushdie.

 

Pero no es lo importante. Cierto que los actores impulsan el drama, y favorecen el texto, y que la puesta en escena, muy sencilla, basta y sobra para situarnos en su vida. Lo mejor, un conjunto equilibrado, que no decae apenas, y algunos detalles, muchos de Montesinos, con su pizpireto trasiego al vodka oculto,  otros de Campos, cuyo silencio y alguna lagrimita ante la voz de su madre, guardada en cassette, cumple bien la función de rellenar ese espacio caótico de las voces en off.

 

El final, algo confuso, precipitado, nos devuelve a la depresiva soledad en compañía de quienes nunca han estado juntos y no saben si añorar o despreciar a quien ha sido el catalizador de sus soledades y sus frustraciones.

 

O sea, si estás bajo de forma, ve preparado, no te vaya a dar un soponcio.

 

 

 

SUBPRIME

24 marzo 2013

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SUBPRIME

La sala Guirau del Teatro Fernán Gómez tiene unos sillones tan cómodos que si no te aburre la función te echas un sueñecito, y en paz. O te relajas plácidamente dejando pasar el tiempo. En el Amaya, por ejemplo, eso es imposible si mides o pesas algo más de la media hispana de los sesenta, antes de las vitaminas y la dieta mediterránea con tostadas al aceite de oliva virgen extra primer prensado en frío. Lo mismo pasa en otras salas ya anticuadas, y en los cines; de ahí que sean una gozada las del Kinépolis, Cinesa, Dreams Palacio de hielo…

Con ‘Subprime’ no te duermes, ni te aburres. Si acaso, no te enteras. No te duermes porque los actores gritan como posesos, no sé si para corregir una acústica deficiente, por orden del director de la pieza, o porque los ejecutivos agresivos, los políticos y los pacifistas chantajistas saben que para hacerse oír hay que chillar. Y no te aburres porque el guión impone atención constante al movimiento de los actores, y los magníficos efectos audiovisuales coordinados –no sé si se llaman efectos o es simple técnica de la que hoy maneja cualquier adolescente espabilado- te mantienen en suspense, como los reality shows.

Lo de enterarse, pues tal vez sea harina de otro costal. Un diálogo de noventa minutos con los trapicheos de las trapisondas financieras y políticas, todo ese conjunto terminológico de males sin mezcla de bien alguno que es el infierno capitalista, requiere una traducción simultánea.

En ocasiones uno teme que los actores sufran cierta apoplejía, con la tensión que imponen sus personajes y lo bien que la asumen, porque para ser un tiburón de las finanzas o un vicepresidente del gobierno hay que desayunar estrés con mantequilla de cacahuete, importada de los USA. Claro que el entorno del Ibex 35 y el petróleo de Canarias simplifica mucho el genio celtibérico, que a lo mejor copió Michael Douglas en sus papeles de La City.

SUBPRIME aporta al teatro tradicional un recurso muy bien impostado, el de la tecnología audiovisual, y lo que el autor llama con acierto vivencia on line de los acontecimientos de la historia. Una historia técnicamente bien llevada, bien interpretada –con algún exceso, esa sobreactuación más que ocasional- y confusamente creíble, que es la manera más verosímil de creer algo, porque las apariencias engañan siempre.

Sobre todo con las mujeres: no te fíes de ninguna, ni de la propia, especialmente si se pone demasiado cariñosa así por las buenas. Algo tiene que ocultar, o algún plan tiene del que tú ni te enteras.

Por eso la única mujer que sale en SUBPRIME no habla ni actúa sobre las tablas, y a pesar de ello es el personaje más importante de la trama.