Archive for the ‘N’ Category

Como si alguien… (El rey de Castilla). 94

24 noviembre 2010

-Como si alguien- o muchos tal vez, un sinnúmero que se reduce a uno solo, casi a uno mismo, como si el ser propio se trasladara o quizás se transmutara, guiado por una música dulce y sentimental, se mudara, en fin, en los otros… y esos esperaran de ti algo que nunca les darás, que nunca podrás darles… pero lo que te apena tan profundamente como si la herida fuese renovada y joven siempre, es que no podrás satisfacerte a ti mismo, porque tú eres todos y los otros son tú, y en el fondo, cuando la nebulosa de esas lágrimas que beben tu tiempo y se estremecen como los juncos dorados de un sueño ventoso, en el que los aduladores y los ignorantes apenas existen, un mundo, un universo, un cielo extraño casi vacío de inquietudes y desengaños y envidias y recelos, una utopía que es la esencia de los lugares inexistentes, como la abstracción discursiva de un filósofo, las ficciones de juristas y magos, los verbos alados de profetas y dioses, en ese humilde reflejo de los seres felices, sabes que no podrás hacerlo. Nunca has sido capaz de cumplir ese destino que artificialmente pudiste creer real, o necesario, sólo porque te era exigido, en la postura ociosa de los lienzos, en el devenir de las mitologías que te hacían parte de un Olimpo lejano, en el que los dioses se aburren como estatuas sin Pigmalión , y eso no era suficiente, no tenían esos universos la fuerza suficiente para mover siquiera el índice de tu mano diestra, ésa que señala el lugar de donde tal vez proceden las nieblas del alma, o simplemente el exilio.

 

-Pero mi rey, tienes todo el tiempo del mundo.

 

Ahora que me lo han arrebatado, me lo dan, me regalan el tiempo cuando ya no existe. Ni siguiera existe el mundo. He recorrido la vida sin comenzarla, y mis palabras se anudan con el silencio para asustar a los niños que gritan mi nombre. ¿Por qué algunos tenemos nombre de ángel caído, o de derrota, un polisilábico escupitajo que no oculta el oropel y el protocolo? Me miras. Tengo los ojos amarillos, por la bilis que retienen mis frustrados deseos. Tráeme una carne fresca, devuélveme el tiempo. Te lo pido porque sé que es lo único que no puedes darme… ¿Lo ves? Ahora también tú pareces asustado, porque aún represento esta vida con la máscara veneciana del poder. Y ejecuto una pavana, con mi soso meneo, mientras otros retozan ya con mis amantes.

 

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De vez en cuando resistía la náusea… (En la Corte del rey de Castilla). 69

19 noviembre 2010

De vez en cuando resistía la náusea, y buscaba sensaciones para la luz de sus lienzos. Entonces se nutría de la pesadumbre de las calles, de los mendigos y tullidos, de los niños alegres, ajenos a la miseria, de los jóvenes acunados por los burgueses en los barrios extremos, de las miradas en las que la inmundicia y las ratas se cultivaban con las viandas y los productos de la huerta y el establo, de los oscuros conventos y los susurrantes tratos entre confesores y prioras, de agua va y los perros babeantes, y cuando regresaba apenas podía alzar las piernas, tanto era el lodo y la mierda pegada a sus calzas. Esa noche no dormía. Nervioso y agitado, soñaba despierto con un mundo feliz, mientras a su lado roncaba la buena de Teresa. Ella no le reprochó nunca nada, y esa aparente pasividad fue, él lo sabía, la contribución mayor que pudo hacer a su carrera. El sexo terminó. Apenas quedaba afecto. ¿Qué había entonces? Diego no lo sabía. In vino veritas. In sexo tristitia. La verdad fue absoluta, ahora es relativa. La carne fue alegría, ahora entristece. ¿Es el fin? Diego  necesitaba un cambio para revivir, como una planta que se marchita y reflora en el trasplante. Pero nunca imaginó que ese cambio iba a realizarse en la cama con dosel de la reina de las Españas. Rió con desgana. Ya había terminado todo, y durante aquellos años siguió mirando a los oscuros ojos del rey, su amigo, sin que le temblara la voz. Partícipe de las aventuras nocturnas de aquel garañón, pensaba en la piel dorada del piso alto mientras el monarca se desfogaba con las dulces putas de Madrid. Las putas del rey. El había sido uno de los putos de la reina, algo que jamás salía a la luz, como si el placer estuviera vedado a las mujeres ¡Que fatuidad!  Alguien decía que la mitad de los hijos de las damas de alcurnia tenían sangre plebeya. Era lo más doloroso. Porque sentía hervir en la suya los genes de una herencia selecta, la de los altos espíritus, mezclados un día con las hijas de los hombres.

 

 

N (micro-relatos)

2 febrero 2010

QUAESTIO

-Es mi destino.

-No confundas sentimientos con obligaciones.

-Los dioses hacen daño a quienes aman.

-Quien tiene creatividad…sabe que las ideas hacen el libro.

-Ser amado es…demasiado.

PALABRA

-¿Cómo te llamas?

Un niño define así el universo. La identificación del sujeto por su nombre.