Archive for the ‘cine y teatro’ Category

SUBPRIME

11 septiembre 2013

SUBPRIME

La sala Guirau del Teatro Fernán Gómez tiene unos sillones tan cómodos que si no te aburre la función te echas un sueñecito, y en paz. O te relajas plácidamente dejando pasar el tiempo. En el Amaya, por ejemplo, eso es imposible si mides o pesas algo más de la media hispana de los sesenta, antes de las vitaminas y la dieta mediterránea con tostadas al aceite de oliva virgen extra primer prensado en frío. Lo mismo pasa en otras salas ya anticuadas, y en los cines; de ahí que sean una gozada las del Kinépolis, Cinesa, Dreams Palacio de hielo…

Con ‘Subprime’ no te duermes, ni te aburres. Si acaso, no te enteras. No te duermes porque los actores gritan como posesos, no sé si para corregir una acústica deficiente, por orden del director de la pieza, o porque los ejecutivos agresivos, los políticos y los pacifistas chantajistas saben que para hacerse oír hay que chillar. Y no te aburres porque el guión impone atención constante al movimiento de los actores, y los magníficos efectos audiovisuales coordinados –no sé si se llaman efectos o es simple técnica de la que hoy maneja cualquier adolescente espabilado- te mantienen en suspense, como los reality shows.

Lo de enterarse, pues tal vez sea harina de otro costal. Un diálogo de noventa minutos con los trapicheos de las trapisondas financieras y políticas, todo ese conjunto terminológico de males sin mezcla de bien alguno que es el infierno capitalista, requiere una traducción simultánea.

En ocasiones uno teme que los actores sufran cierta apoplejía, con la tensión que imponen sus personajes y lo bien que la asumen, porque para ser un tiburón de las finanzas o un vicepresidente del gobierno hay que desayunar estrés con mantequilla de cacahuete, importada de los USA. Claro que el entorno del Ibex 35 y el petróleo de Canarias simplifica mucho el genio celtibérico, que a lo mejor copió Michael Douglas en sus papeles de La City.

SUBPRIME aporta al teatro tradicional un recurso muy bien impostado, el de la tecnología audiovisual, y lo que el autor llama con acierto vivencia on line de los acontecimientos de la historia. Una historia técnicamente bien llevada, bien interpretada –con algún exceso, esa sobreactuación más que ocasional- y confusamente creíble, que es la manera más verosímil de creer algo, porque las apariencias engañan siempre.

Sobre todo con las mujeres: no te fíes de ninguna, ni de la propia, especialmente si se pone demasiado cariñosa así por las buenas. Algo tiene que ocultar, o algún plan tiene del que tú ni te enteras.

Por eso la única mujer que sale en SUBPRIME no habla ni actúa sobre las tablas, y a pesar de ello es el personaje más importante de la trama.

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CENIZAS

25 marzo 2013

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CENIZAS

 

La Sala dos del Fernán Gómez –antes Centro Colón, que, milagrosamente, estaba y está en la Plaza de Colón,  en Madrid- tiene una disposición de butacas diseñada para acomodar a los espectadores de menos a más, como en las clases de gimnasia. Los pequeños delante. El escenario es el suelo, y los espectadores miran hacia abajo –excepto en la primera fila- lo que para estos últimos –‘los últimos serán los primeros’- hace un efecto impactante, porque los actores están a un par de palmos de sus narices, y si te descuidas tropiezan con los zapatones. Para los demás, a pesar de las buenas intenciones del diseñador, y de las referencias a su elección frente al llamado escenario a la italiana,  la visión es incómoda, si tropiezas con la cabeza o la espalda erguida de algún vecino.

 

Yo me cambié de sitio cuando las voces fantasmales anunciaron que la función iba a comenzar, y tuve a Montesinos –que actuaba más por mi lado, a la izquierda según miras- casi en mis rodillas. Caber, cabía, porque es pequeñito. Su interpretación, sin embargo, es grande. Le da la réplica muy bien un hijo gigante –eso parece a su vera- que ha salido así por herencia genética de su madre, Consuelo por más señas, una ‘gran’ mujer ahora difunta y en cenizas. Lo que da título a la obra, claro.

 

La escatología se asienta más bien en las trifulcas y mentiras que rodean casi todas las vidas de parientes y allegados. La muerte es una excusa y una liberación, no exenta de melancólica tristeza. El viudo colecciona cosas para no dejar hueco a los recuerdos ni en los estantes de su vieja cómoda, y el hijo colecciona rencores justificados, porque pocos hay –hijos, digo- que no los tengan, ya que el oficio de padres nunca se aprende del todo y el de hijo se sabe desde el primer aliento.

 

La interpretación de Montesinos y Campos es excelente. Tan compenetrada que son capaces de meterte en una historia poco original, si exceptuamos la figuración medio blasfema del ritual católico de misa y responso de difuntos, que, por las licencias del teatro, y la mesura de los actores, no resulta ofensiva…por los pelos. Siempre queda el tópico de que los creadores se meten más con las religiones pacíficas, cuya venganza es el perdón, que con las otras, que por mucho menos te cortan las uñas de hombro para abajo. Por si las fatwas, o como se llamen lo de Rushdie.

 

Pero no es lo importante. Cierto que los actores impulsan el drama, y favorecen el texto, y que la puesta en escena, muy sencilla, basta y sobra para situarnos en su vida. Lo mejor, un conjunto equilibrado, que no decae apenas, y algunos detalles, muchos de Montesinos, con su pizpireto trasiego al vodka oculto,  otros de Campos, cuyo silencio y alguna lagrimita ante la voz de su madre, guardada en cassette, cumple bien la función de rellenar ese espacio caótico de las voces en off.

 

El final, algo confuso, precipitado, nos devuelve a la depresiva soledad en compañía de quienes nunca han estado juntos y no saben si añorar o despreciar a quien ha sido el catalizador de sus soledades y sus frustraciones.

 

O sea, si estás bajo de forma, ve preparado, no te vaya a dar un soponcio.

 

 

 

SUBPRIME

24 marzo 2013

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SUBPRIME

La sala Guirau del Teatro Fernán Gómez tiene unos sillones tan cómodos que si no te aburre la función te echas un sueñecito, y en paz. O te relajas plácidamente dejando pasar el tiempo. En el Amaya, por ejemplo, eso es imposible si mides o pesas algo más de la media hispana de los sesenta, antes de las vitaminas y la dieta mediterránea con tostadas al aceite de oliva virgen extra primer prensado en frío. Lo mismo pasa en otras salas ya anticuadas, y en los cines; de ahí que sean una gozada las del Kinépolis, Cinesa, Dreams Palacio de hielo…

Con ‘Subprime’ no te duermes, ni te aburres. Si acaso, no te enteras. No te duermes porque los actores gritan como posesos, no sé si para corregir una acústica deficiente, por orden del director de la pieza, o porque los ejecutivos agresivos, los políticos y los pacifistas chantajistas saben que para hacerse oír hay que chillar. Y no te aburres porque el guión impone atención constante al movimiento de los actores, y los magníficos efectos audiovisuales coordinados –no sé si se llaman efectos o es simple técnica de la que hoy maneja cualquier adolescente espabilado- te mantienen en suspense, como los reality shows.

Lo de enterarse, pues tal vez sea harina de otro costal. Un diálogo de noventa minutos con los trapicheos de las trapisondas financieras y políticas, todo ese conjunto terminológico de males sin mezcla de bien alguno que es el infierno capitalista, requiere una traducción simultánea.

En ocasiones uno teme que los actores sufran cierta apoplejía, con la tensión que imponen sus personajes y lo bien que la asumen, porque para ser un tiburón de las finanzas o un vicepresidente del gobierno hay que desayunar estrés con mantequilla de cacahuete, importada de los USA. Claro que el entorno del Ibex 35 y el petróleo de Canarias simplifica mucho el genio celtibérico, que a lo mejor copió Michael Douglas en sus papeles de La City.

SUBPRIME aporta al teatro tradicional un recurso muy bien impostado, el de la tecnología audiovisual, y lo que el autor llama con acierto vivencia on line de los acontecimientos de la historia. Una historia técnicamente bien llevada, bien interpretada –con algún exceso, esa sobreactuación más que ocasional- y confusamente creíble, que es la manera más verosímil de creer algo, porque las apariencias engañan siempre.

Sobre todo con las mujeres: no te fíes de ninguna, ni de la propia, especialmente si se pone demasiado cariñosa así por las buenas. Algo tiene que ocultar, o algún plan tiene del que tú ni te enteras.

Por eso la única mujer que sale en SUBPRIME no habla ni actúa sobre las tablas, y a pesar de ello es el personaje más importante de la trama.

Habemus papam.

10 noviembre 2011

¿Bufonada anticlerical o canto a la libertad del hombre?

Invasión a la tierra.

5 abril 2011

Pongo tierra, y no Tierra, porque no salimos de un cuadradito. Los malos, encima, atacan Los Ángeles. Y los ángeles, que son los marines, pueden con ellos. Un hispano, para compensar, cumple el papel de tío valiente, y se lo cargan. Una chica del ejército del aire, muy lista,  descubre el punto flaco de los colonizadores de la galaxia, y después de hora y no sé cuanto de tiros y bombazos, ganan. Los que pierden son los espectadores, aunque ya vamos acostumbrándonos. Yo digo que hay que ver todo, pero a lo mejor me planteo, con un par de trailers, si cambio de opinión ante este nuevo cine USA. Los americanos hacen un cine fenomenal, y quienes creemos en el cine no como reportaje, ni como teatrillo intimista, o al menos no sólo eso, sino como espectáculo con chicha dentro, argumento, guión, fotografía, interpretación, fuerza, bondad, inteligencia, imagen, nos cansamos ya de tantísimo tomate, efectos especiales vulgarizados, y sustos en 3D. En esta peli ni la consabida autocrítica resalta, porque queda endeble y fofota. Hay detalles, claro, faltaría más. Pero no justifica habernos comprado tantísimo tiempo de nuestra vida.

Winter’s Bone.

17 febrero 2011

Lo bueno de no saber inglés es que puedes traducir con la imaginación. Es lo que hacen con los títulos de las películas, hoy pelis, del mundo anglosajón cuando llegan a España. O sea, Biutiful. Bueno, es broma. Al ver la dulce carita de la chica en los carteles, y todas esas nominaciones, supuse que los tranlators se habían quedado con el nombre,  con el propio, o sea. Pero no: debe ser algo así como el hueso del invierno, que sí es crudo en los parajes esteparios del landscape fílmico, y también en los huecos de su alma. That’s America! He dicho lo del mundo anglo, porque sí es un mundo, es decir, que tiene muchos, pero todos en éste. La peli estremece, te enfrías ambulando con la prota por las gélidas laderas etcétera, a la búsqueda…El Grial, le temps perdú, el papá delator, ajusticiado por la familia. ¿Quién dijo que la Mafia es italiana? Ahora que no existe el idioma, vemos que todo es universal, incluso el valor y la necedad. Spinoza: nec lugere nec indignari, sed intelligere, o algo así, eso, que las acciones humanas no hay que aceptarlas o rechazarlas, sino entenderlas. ¿Y quién las comprende? Los excelentes directores del cine USA, incluso cuando se burlan de los clásicos. Para eso están, y lo saben. Los clásicos. La emoción, dice Ortega, creo, no viene transmitida por el arte, es algo que tienes tú y lo sacas afuera, quizás porque estás débil o simplemente porque te complace la emoción. Winter’s Bone no emociona, inquieta, es arte que deforma la vida mostrándola tal cual es. Como cuando presencias algo que te espanta, quieres irte, y en el cine, deglutiendo las imágenes de Bone, te dan ganas de dejarlo a medias, ya has visto bastante, una exageración, el mito de la buena chica que cuida a sus hermanitos en el bosque, pero ahí te quedas, y cuando sales te preguntas por qué. Cada vez que paso por un cine y veo su cara enmarcada en el gorrito de nieve, me pregunto si esas cosas suceden o nos las ponen en la pantalla para amargarnos la vida, como los anuncios de las ONG y los telediarios. Creo que ese efecto se da en algunos tramos de Eastwood y en los grandes, Coppola, y demás. A sufrir.

El último tango en París.

8 febrero 2011

Fuimos a ver a María Schneider, que ahora se nos ha muerto, a Perpiñán. Por primera vez entramos en esas salas múltiples que luego proliferaron, sustituyendo los entrañables cines de barrio, cuya oferta reveíamos, cinéfilos hasta de Marisol. Si no lo ves todo, no puedes saber qué es bueno, o qué es malo, te gusta o te deja indiferente. Nos equivocamos de puerta, y comenzamos a ver una peli alemana llena de tetas y pijos, en el que una mexicana de nariz aguileña y piel suave cantaba lo de las palomas y las ventanas, mientras el mariachi le daba al guitarreo. La trama era algo así como un barrio de putas en Hamburgo, y líos de divisas en el puerto. Entretenida. Como no aparecía el Marlon y tampoco la Schneider uno de nosotros salió a husmear. Vous vous etes trompez, nos dijo la francesita, y era verdad. No nos dejaron incorporarnos a la sala buena, normas de la casa. La desacomodadora aclaró que no era para tanto, lo de la peli, sólo que los españoles éramos unos sorties. Soyez les bienvenues, porque mi padre tiene un bar justo a la vuelta. Mientras contaba los affaires familieres yo metí las napias un pelín, y luego me escabullí entre las cortinas de la puerta, y fui a sentarme sobre una chica de Tortosa que protestó enérgicamente al principio, porque le quitaba visibilidad. No se veía castaña. Las luces de emergencia estaban apagadas o fundidas. En fin, que pudimos ver la escena de la matequilla, que no comprendí, y un poco del soso tango. Pero María me daba tanta pena que acabé enamorado, y Brando no pudo conmoverme ni miaja. Lo que más me gustó fue el piso. Aún sigo buscando uno parecido por Chamberí. Mil besos a María, que se ha ido joven con su luz, esa que me daba una longitud de onda a tope.

La verdad y la conciencia. (II).

30 enero 2011

He ido al teatro. Una compañía joven y animosa, y un director con aires de psiquiatra argentino. O sea, de argentino. Mucha clac. Centro cultural Nicolás Salmerón, que era monárquico, claro, como todos los republicanos. Lorca también, sólo que tentaba al destino, como buen andaluz, que quiere ser Tenorio o Mejía. Llamando al Comendador, invitando muertos. Mentar los ataúdes es una manera de alejarlos. Vanamente. La obra es un ensayo, al estilo de las que yo escribía hace casi cuarenta años, cuando aún no llegaba a los veinte. Pretenciosa y surrealista, chocarrera con el clasicismo, muy bien trabajada, con mérito. Pero no hace vibrar. Las clac elogiaba a los actores, y bien está. Pero al contrario de lo que el pedante autor dijo en su introducción para adolescentes, a saber, que al teatro no se va a juzgar, que puede o no gustar pero nada más, yo creo todo lo contrario. Lo que gusta o no es juzgar, opinar. Sentarse en fila para recibir elogios es una cursilería, muy propia de los modernos, que presumen de guays. Y luego están los disparates de Lorca, con sus fusiles quizá desdichadamente premonitorios y las alusiones a los malos, que perdurará siempre. Cuando sales te queda el regusto de un caldo añejo aderezado con salsas a la fusión de Adriá, o sea, para incautos. Parodiar a Shakespeare es una concesión demasiado vulgar a la galería. Esta mañana, en el VIPS de Paseo de la Habana he ojeado un libro de moda. Al parecer seguido por dos millones de eso que llaman twiteros, y que son las reflexiones de un muchacho -no sé si adolescente, joven o maduro- en la convivencia con su padre. De cojones, follar y esencias idiomáticas similares, joder, me la suda,  estaba hasta las heces. No me extraña que tenga éxito, porque es lo que se entiende a la primera. Pues que les follen.

El discurso del rey.

19 enero 2011

Cuando tanto buscamos materia que novelar, poemizar, guionar o teatralizar, y ahora que el arte es confuso, nos topamos con un tema que de ofrecerse a un editor español le habría provocado un ataque de hipo. Los ingleses son raros, claro, pero es que hacer una obra casi maestra de la relación entre el rey tartaja y su logopeda sin título, es ya demasiado. Eso prueba que es posible hacer algo magnífico de cualquier cosa. Lo de Narnia, al fin y al cabo, entretiene, lo de Gulliver, en fin, sin comentarios, el Turista no es ni mucho menos tan mala como otros opinan, y de dioses y hombres emociona, claro, sólo escuchando. Russel hace de antihéroe en los tres últimos días, que tiene nombre de apocalipsis. Y el discurso del rey compensa por toda la semana viendo cualquier telediario. Sales del cine mareado y angustiado, con el esfuerzo del monarca que llegó al trono porque su hermano era idiota, como casi todos, pero ese es un esfuerzo físico, porque el mental queda en el aire, o en la oscuridad.

Sin embargo yo quería hablar de otra cosa: de las dos mujeres. El hermano, que abdica por Wallis, mujer que le conduce al caos, eso sí, bien bebidito. Y el rey de rebote porque su mujer le conduce a sí mismo, y ese fue su triunfo.

Dos mujeres, como siempre.

Cine: Príncipe de Persia. (I).

1 junio 2010

Una historia de las mil y una noches, con todos los ingredientes de la aventura y el misterio que puede hacerla interesante. Si le añadimos los espléndidos decorados, paisajes y montajes que te dejan turulato, y las acrobacias de señoritos, plebeyos y monturas, miel sobre hojuelas. La historia además es de generosidad y picaresca, una mezcla explosiva para salir contentos. Además los protagonistas y compañía son guapos y atractivos -no deja de ser una raro compuesto- y los caballos tan atractivos como los españoles de la escuela andaluza, los jerezanos o los árabes de la Vega. El malo está oculto, y sale por los pelos -o por la calva- casi al final. Los hassasins están algo descolocados, o sea, colocados por el hachiss, pero fuera de su sitio, esos locos de la montaña verdugos de británicos engolados. Las carreras de avestruces son tan originales como el National Geografic, pero están muy bien traídas al guión, que si no pones en la vida un punto de locura no te pareces a Horatio, el de las Odas, que sirvió -¡estos tudescos!- para un anuncio de BMW. Digresiones aparte, que ya sabéis que es con lo que yo disfruto, la peli es fantástica en dos o tres de los sentidos de esta polisemia, y como dice Anita, me gusta porque es muy divertida. ¡Así no vale!