Archive for the ‘CARTAS’ Category

Carta a los duendes. (1986)

23 julio 2011

CARTA A LOS DUENDES

            Mis traviesos amigos:

 

Después de buscaros incansablemente por doquier, sin éxito, decido poneros estas líneas animado más por mi desmesurado optimismo que por lógica o estadística. Ya me comprendéis, mi esfuerzo resultaría inútil, ya que la lógica os define como inexistentes, o mejor, no os define como reales. Y si mi conducta se ajustase a los parámetros estadísticos, aún más baldía iba a resultar mi pretensión, pues la estadística, en contra de su misma naturaleza mentirosa, no os contabiliza ni como entes falsos. Ambos caminos reflejan, una vez más la angustiosa paradoja de nuestra flojera mental, ya que, sabido es,  vosotros o existís, o no. Y en el primer supuesto, la lógica, la razón, el seny o el sentido común, debería concederos el atributo de ser o cosa que es; y, en el segundo caso, la estadística que señala con datos las mentiras, tendría que recogeros en su seno como bien amados seres mentidos, o sea, como mentiras.

 

Bueno, a mí se me da una higa  lo que de la anterior reflexión pueda alguien inducir, ya que la única causa sensata o insensata de que semejante dialéctica se origine no es otra sino la notoria incapacidad del bicho social que llamamos hombre para soportar la fantasía. O dicho de otra manera, la insulsa estupidez de la especie, que prefiere las moñigas de la política aullante o los estereotipos de la intelectualidad ramplona, o, peor aún, la malicia del comercio o la agresividad de los mandones, a la imaginación, a la utopía, a la creación.

 

Porque si yo os llamo a voces, queridos duendes de las cosas y de la gente, es porque sólo con vuestra ayuda podré sobrevivir. Y, tal vez, también anime a hacer más soportable la vida al prójimo próximo. De lo contrario, está claro que esto no hay quien lo aguante. Nos pasamos la vida de majadería en majadería y de susto en susto. Y por mucho que uno no participe íntimamente de tantas cuestiones nefandas, su polución salpica al más aseado y precavido. Tened en cuenta que en este pícaro mundo, nadie se escapa, hoy como ayer, de la injuria, de la difamación o de la calumnia, si en algo sobresale; y, si es discreto, su entorno cercano le procurará envidiejas sutiles, afrentas o sabandijas que le incordien.

Esto a niveles individuales, que tal vez resulten más aceptables por aquello de su escasa difusión – lo que no evita que para los interesados sea igualmente pernicioso – pero si nos metemos en el colectivo, ¡ ahí es nada ! Echad un vistazo montaraz y, si gustáis, hasta diletante, al panorama político, económico y social, que son las tres monturas que ponen bajo sus nalgas los jinetes del orden. Para cualquier político que se precie, el punto primero de su programa, y, a veces, el fundamental de sus principios, es la muerte: preconizar la guerra, la violencia, el mantenimiento de sus constantes patológicas, no sólo es fin y objeto sino también se identifica como lenguaje de convicción, pues los llamados “ líderes “ siempre apelan a los ejércitos y a la modernización de sus efectivos y medios de persuasión intelectual. Y no es posible dejar de comprenderlos, como dijo Spinoza que deben entenderse todas las situaciones humanas, pues ¿ de qué otro modo iban a cumplir los designios y acoplarse a los módulos de un sistema que considera normal gastar billones en bombas que, periódicamente, se arrojan los unos a los otros ? La economía es aún más excitante. Ya sabéis que llevamos una docena de años en crisis; antes hubo muchas otras, pero esta tiene la horrible particularidad de que nos toca a nosotros, quiero decir a quienes nada tenemos que ver con sus manejos. Todo empezó el día en que un jeque árabe fue a la Universidad y allí le enseñaron a sumar, y, un poco, a multiplicar; jamás aprendió a restar y dividir, aunque eso ya lo conocía experimentalmente, merced al adiestramiento secular de países justos, pacíficos y democráticos como Inglaterra, Francia, U.S.A., Holanda … Lo cierto es que la crisis vino porque el moro supo que le pagaban un duro por el barril de petróleo que luego los demócratas justos y pacíficos vendían a sus súbditos a mil duros. Claro que los beneficios marginales los empleaban en obras culturales y científicas, mejora de las prestaciones sanitarias, fomento del ocio y la creatividad, eliminación de los increíbles desequilibrios sociales, y, sobre todo, en desarrollar íntegramente los países pobres -de donde extraían las materias primas que enriquecían más a los ricos- proporcionándoles becas y dictadores, eliminando el hombre en el mundo y facilitando más y más trabajo en todos los sectores. El resultado es que por culpa del moro que aprendió a sumar, la economía se ha hundido. ¡Y luego dicen que es bueno saber! Menos mal que lo social marcha viento en popa. En lugar de masas manipulables a través del marketing, el dirigismo consumista de los medios de comunicación y la tendenciosidad perenne de la prensa, tenemos ahora en el mundo unos mil setenta y seis millones de chinos, y algunos más de las otras llamadas razas que piensan y actúan según su libre y voluntario albedrío. Lo malo es que no saben qué diablos es el albedrío, y no lo usan; pero eso es problema suyo. Las injustas diferencias sociales han desaparecido casi por completo, ya que los “diferentes” se van muriendo. Se ha controlado la natalidad – y encima regalan transistores de Taiwan – y el aborto es, al fin, un derecho, y no sólo un hecho, en todos los países desarrollados, donde, incluso, les pagan a las abortadoras en efectivos sus gastos. Se está pensando en instaurar un premio a la abortista más fecunda del mundo, consistente en dos docenas de cajas de anovulatorios y un millar de “containerts”, tipe máximum sensitivity. Parece descartado añadir un número de mini-féretros irisados equivalente al de muertes, digo interrupciones de la vida causadas. Y todo por el estilo; la gente, contenta a más no poder acude en masa a los “lugares de encuentro” que es como los sociólogos llaman ahora a los sucedáneos de comuna.

 

Todo, como veis, muy consecuente, muy dinamizado, muy colectivista, muy riguroso, muy explotador, muy apacentado, muy como siempre. Es decir, carente de la ruptura de moldes que supone la simple y llana imaginación, ausente de toda fantasía lejos de lo utópico, muy firme en el suelo, muy realista, muy “seamos pragmáticos”, muy voto útil y así.

 

Queridos duendes de las cosas y los sueños; volved si alguna vez habéis estado, venid, si nunca habéis venido. Entrad en el corazón del político y del general que no se estremecen ante la sangre  rota de un niño, mostradle la risa de los poemas y la sombra alada de los sueños. Enseñadles a ellos, a los manipuladores del dinero, a los mafiosos y a los violentos de qué color son los pensamientos de la creatividad, cómo son las palomas de la fantasía, cuando y por qué cantan en el alma los felices sonidos de la generosidad y del amor.

 

Mientras tanto, aguardaré en el rincón ajado, solo y triste, a veces asomando mis últimas energías al exterior como un testimonio de pervivencia que rehuye la hostilidad pero que la acompaña como el grito de los gavilanes y de las alondras al encontrarse. Porque, mis buenos, mis dulces, mis traviesos, mis a veces malvados y siempre ocurrentes duendecillos, vosotros, sólo vosotros, podéis sazonar este insulso caldo de la vida, y sólo vosotros trastocar el hediondo condimento de la mugre en una copa de perfumada manzanilla.

Vuestro siempre,

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Carta de un niño a Dios.

23 julio 2011

CARTA DE UN NIÑO A DIOS

 

Querido Dios:

 

Espero que te hayan entregado esta carta, y que cuando llegue a tus manos se mantenga aún cerrada. Ya sabes que mi deseo es que sólo la leas tú.

 

En el Cole me dijeron una vez que Tu Nombre y las palabras que se referían a Ti deben escribirse con mayúsculas. Así lo hago, para cumplir con las exigencias del protocolo. Pero, como yo no estoy acostumbrado a las ceremonias, discúlpame, por favor, si se me escapa alguna expresión inadecuada.

 

Espero también que no tomes a mal lo que pueda decirte al margen o en contra de Tus designios, pues me temo que no soy capaz de comprenderlos. A veces me pregunto si existen. Y esa es una de las razones que me mueven a escribirte.

 

Me acuerdo mucho de Ti y no sólo cuando tengo frío, o cuando en mi casa falta

la comida, o cuando cae una bomba junto a la carretera. También te recuerdo cada día, al amanecer, y  creo verte aletear en el saludo de los pájaros y en las sombras doradas de las nubes. Cuando tengo miedo de que vuelvan esos horribles hombres de rostros cenicientos que empuñan las metralletas Te invoco, continúo haciéndolo a pesar de que Tú nunca has venido antes. (Ya sabes, aquel día en que  se  llevaron a mi padre y a mi hermana mayor, y rompieron a culatazos la vajilla de barro de mi madre, que lloraba). Y cuando estoy alegre, cada vez más raramente, también pongo Tu nombre en mis labios, y te agradezco todo cuanto me das: la vida, el viento, la luz…

 

Pero no deseo engañarte. Estoy triste, desolado. Yo creía que Tú eras justo, sabio, sin límite para Tu poder, o Tu sabiduría o Tu justicia. Yo pensaba que Tu sola existencia debía bastar para que el mal y la muerte quedaran vencidas; más aún que no pudieran coexistir contigo.

 

¿Es que no existes? Cada noche hablo con las estrellas desde mi jergón, -un pedazo de manta y dos tablas arrojadas en el suelo-. Apenas duermo, pero eso no me importa. Los guardias abrieron tantos agujeros en el techo y las paredes de nuestra casa que resulta divertido mirar cómo se mueven lentamente los astros de la noche. En la Escuela me dijeron que la tierra con su movimiento es la que produce ese aparente discurrir del firmamento. Es igual. Yo sé que las estrellas se mueven y que me hablan. Y estas últimas semanas sólo hablamos de Tí.

 

Unas dicen que te han visto, desde siempre; encerrado en una inmensa almena de cristales; restallantes arco-iris de muchos más colores que los de nuestra tierra, y nubes de indescriptible perfume Te rodean. Dicen que Tu música posee acordes ignorados por el hombre, y que ningún mundo ha podido jamás desentrañar el secreto de Tu rostro, aunque sí conocen que tus miradas engendran universos y las sombras de Tus manos cubren las galaxias infinitas. Dicen que Tú eres demasiado grande, demasiado hermoso, demasiado lejano.

 

Yo contesto que, sin embargo, Tú debes ser algo más. Algo que no se centre en la distancia, algo que sepa enjugar las lágrimas de quienes te lloran, algo que pueda caber en las pupilas asombradas de los niños.

 

Pero hay otras estrellas que me dicen: Él no existe. Vivimos en este  Universo desde que comenzó en él la fuerza de la vida, hace ya muchos miles de millones de años. Recorremos desde entonces los caminos interminables del vacío, a lo largo de senderos sin fin, y jamás Le hemos visto. Con frecuencia asistimos al nacimiento de mundos nuevos, y a la destrucción de otros; a veces escuchamos, en los espejos invisibles de las distancias innombrables, los quejumbrosos ecos de seres que le invocan. Y podemos asegurarte que NUNCA ha respondido a sus llamadas. ¿Acaso no es ésta la irrefutable prueba de su inexistencia?

 

Reconozco, Dios, mi anonadamiento, cuando así me hablan. Pues, ¿ cómo entender semejante dureza en Tu corazón ? La duda me asalta, como un potro desbocado que se asienta en mi garganta, y me anuda de tristeza el pensamiento. Pero, si no existes, ¿por qué pienso en Ti ? Algo tan sencillo como eso me devuelve la esperanza: Tú existes, porque yo te sueño.

 

Ahora sé que no he debido temer que no te entregaran esta carta, o que tus supuestos servicios de vigilancia pudieran leerla y censurarla. ¡Que tontería! Tú no necesitas NADA ni a NADIE, porque  te tienes a Ti mismo; tus ángeles son servidores nuestros, y no tuyos; tus caminos son del hombre y no de Dios. Dios carece de todo porque es demasiado y nada para Él. Porque  Él, Tú, eres Todo y Nada. Por eso quienes creen en Ti dicen que eres indescriptible y quienes te niegan que no eres nada: es lo mismo. Tú eres a pesar de unos y de otros.

 

Ahora estoy más contento. Ahora sé que me escuchas sin oírme. Ahora sé que esto de la miseria, de la bomba, de la mentira, del odio, de la envidia, del horror, de la soledad, de la angustia, del miedo, de la guerra, de la enfermedad, del dolor, de la injusticia, de la opresión, ahora sé que todo esto es sólo nuestro, que no te corresponde a Ti, sino a nosotros, al hombre resolverlo. Como cuando se cura un grano o unas fiebres, o un dolor de cabeza. Lo único que te pediría es que, quien tenga que hacerlo, lo haga pronto.

 

Porque yo y otros muchos deseamos la paz, la armonía, el aire puro, la justicia, la belleza, el equilibrio, la libertad, la vida. Pero no como nos dicen que los posees Tú, allá lejos, en Tu nido de diamantes  estelares, arropado por el vacío de Tu plenitud, envuelto en tormentas de cometas, sino aquí mismo, en nuestro mundo lleno de hermosas sensaciones, cercanos al viento y al sol, próximos al pez, al sol y a la caricia. Y también, por fortuna, al esfuerzo, al trabajo, a los insólitos aromas del tulipán. Para que cuando nos veamos, nuestra frente no esté crispada de vergüenza y nuestros ojos aún reflejen los manantiales del sueño.

 

Para que el hombre cumpla su destino, Dios, devuélvenos la cordura.

 

Te quiere,

 

Carta a Felipe González (1982)

21 julio 2011

CARTA A DON FELIPE

 

            Señor Presidente:

Imagino que estará complacido a la vista del espectacular triunfo que el Partido Socialista (Obrero Español), más conocido por PSOE, ha obtenido en las Elecciones Generales celebradas el 28 de octubre de 1982. O sea, ayer mismo. Supongo también que alguna preocupación diferente habrá comenzado a embargarle, ante la llamada nueva responsabilidad que el ejercicio del poder conlleva. Pero estoy casi seguro de que el sentimiento más fuerte de cuantos pueden embargarle ahora es el de incertidumbre.

 

Yo creo que con sus palabras y el mensaje de sus ideas respira un aire nuevo y grato, y que nadie, salvo aquellos cuyo talante haya quedado inserto en el desprecio o la hostilidad, tienen motivos para asustarse, en esta España nuestra, de que su Partido, su Gobierno, vayan a dirigir esa singular y vidriosa caja de los truenos y las sorpresas que se llama Política.

 

Sin embargo, debo transmitirle una pequeña lista de cuestiones, que no agravios o solicitudes, cuyo contenido pudiera estorbar la armonía de un proyecto sin duda aceptable en tanto y por tantos.

 

En primer lugar, y aunque ya lo sepa, quiero decirle que el PSOE no representa a la mayoría del electorado español, aunque, por los juegos vacilantes y arbitrarios de los sistemas numéricos que designan a los representantes parlamentarios, sí tenga la mayoría de Diputados o Senadores. Eso es importante, pues un hombre de Estado, como sin duda lo es Vd., tiene la obligación de considerar tan importante dato, que no cito con ánimo de empañar una victoria que todos preveíamos y por tanto a nadie ha sorprendido, sino con deseo ferviente de que no se produzcan los espejismos irreales que deforman y pervierten la verdad y lo que es justo. Pues verdad es que han ganado y justo es que gobiernen, pero verdadero y justo es también reconocer que sus casi dos tercios de Diputados no corresponden a los dos tercios de electores. No representan a la mayoría absoluta, aunque la tengan formalmente en los órganos de control y legislación.

De acuerdo con los mismos argumentos, no olvide nunca su condición de hombre demócrata. Deje que el juego parlamentario se celebre, para no transformar el Congreso de los Diputados y el Senado en un feudo socialista, donde, como en otros tiempos sucedió, y en otros lugares acaece hoy, tan sólo tiene lugar un simulacro, un fantasma, un espectro de lo que es la discusión, el contraste, la aceptación de ideas exógenas cuando son mejores que las internas del Grupo… De otro modo, me temo que durante un tiempo sobraran ciento y pico asientos en el Congreso, pero jamás triunfaran, de verdad, sus tesis. A otros no se lo pediría. A mi destinatario, sí.

 

Me avergüenza continuar, ante la duda de que mis conceptos se le antojen  inaceptables, ya que el objetivo de los aspirantes al poder es ejercerlo sin apenas restricciones cuando le respalda la fuerza de su victoria. Pero esa vergüenza no es por mi, sino por quien así piense: es ajena. Siempre existen límites y condicionantes, dentro y fuera de uno mismo. Cualquier monopolio, incluso el del estado, resulta éticamente ilegítimo, por muchas vueltas que se de al concepto de lo jurídico y muchos enredos que se pacten con los teóricos y los doctrinales.

 

Lleve adelante su programa: es su obligación. Cumpla con sus votantes y con sus seguidores. Pero, sobre todo ello, cumpla con la historia. Acepte el reto incuestionable de los tiempos, y defienda la libertad, incluso para quienes se oponen a su política. Deje siempre abierta la opción, no cierre aquellas ventanas que repetidamente abrieron sus mensajes… Permita que el individuo siempre puede serlo, siempre pueda elegir para él mismo, para sus hijos, para su familia, para sus ideas, aquello que considere más valioso. porque a muchos les conforta la idea de un matrimonio permanente y les oscurece la perspectiva del aborto y prefieren, una enseñanza tan buena y mejor que la estatal o no entienden el simbolismo del puño alzado…

 

Nada más grato, para mí y para todos, que , dentro de cuatro años, al filo de sus cuarenta y cuatro, sea posible otorgarle esa confianza que ahora tantos le han dado. En esa fecha, y en las intermedias, reside el autentico triunfo de su Partido y de su persona. Hoy, pese a todo, sólo reflejan una inmensa esperanza, una cierta credibilidad, una imagen honesta, un voto de confianza al que se debe responder. la demagogia, lo fácil, quedan, obvio es, rechazados. El trabajo debe ser conjunto, y no divisor. Los empresarios no tienen por qué identificarse con los explotadores ni los obreros con los explotados. eso lo defienden tan sólo los vagos, los histéricos y los vencidos desde siempre.

 

Basta ya de aparentes consejos. No es ese el objetivo de esta carta, que orienta, en su brevedad obligada, hacia la sugerencia aunque no hacia la imprecisión. Sepa que voy a permanecer atento y vigilante también ahora; ahora más que nunca. Como ante la lectura de un libro olvidado cuyo texto ha fascinado a la crítica, pero que aún no se ha sometido a la irrefutable prueba de la experiencia.

 

Con el más sincero deseo de paz y armonía, para todos, le saluda,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carta a Halley (1976)

21 julio 2011

 

CARTA A HALLEY

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CARTA A HALLEY

 

            Mi fastuoso amigo:

 

Cuando esta carta te llegue, su contenido ya no será más que un recuerdo de cenizas. El calor de tu inagotable cabellera la habrá deshecho sin conmiseración alguna tan inexorable como el tiempo y tan cruel. Por eso, desde la distancia enorme que dicen que nos separa, me dirijo a tí, cometa y símbolo, para hacer real un sueño.

 

¿Soñar contigo? No, ya supongo que lo preguntas del mismo modo que la hormiga habló al elefante: “Hoy por tí, mañana por mí”, o imaginándome como aquel mosquito que gritaba en las orejas del mamut, advirtiéndole: “me mudo de casa”… ¿Podría imaginar yo otra cosa, cuando mi veloz y certero interlocutor cubre medio firmanento con su rastro de luces?

 

Mi sueño es diferente. Verás. Yo he creído saber, con esa inútil certeza que procura la fantasía, que tú y yo éramos la misma cosa; aún más: que nuestro origen y nuestro destino se confunden, como lo hacen dos vientos en el espacio. Tal vez la apariencia, lo externo, ese ridículo vestido que llamamos forma, sea dispar, opuesta, irreconciliable; pero, por muy extravagante que pueda juzgarse yo apuesto por una definida y rotunda identidad entre nosotros.

 

¿Te das cuenta, querido Halley, de lo que esto significa? Tú navegas por esos vacíos interestelares, ociosamente veloz, reiterante, lleno de procaz melancolía, que es el tributo de los fenómenos.

 

Yo permanezco aquí, atisbador, neurópata, abrumado por el estupor de nuestro letargo. Entre ambos, el Fénix de los universos que se anudan a la tristeza del siempre devenir.

 

Cuando dejo que mis palabras se pronuncien espontáneas, abiertas al eco profundo de la noche donde habitas, no renuncio al estremecimiento, siquiera incorporado a la rutina de la ciencia que pretende contar tus átomos, medir tus rumbos, censar tus alientos. Y me estremezco no asido a tu supuesta grandeza, sino a mi necesario concurso en tu papel de triunfador. Sin mi nada serías, y yo tampoco sin tí. No podrías recibir mis cartas, ni yo aguardar tu visita secular, como los retoños de una simiente temprana.

 

Además, tu enormidad no es, y tú lo sabes, mas que un asombroso juego de malabarismo, una puesta en escena de la gran farsa, un espejismo tan bello como la realidad más osada y singular: Tú no eres más que yo, a pesar de tus colores y de tus esferas, y en eso, precisamente, reside tu auténtico orgullo.

 

Mi buen Halley, ahora ya sabes que estaré, a buen seguro, esperando con ansia tu visita; abiertos más que nunca los ojos con que te narraré en otra ocasión, la próxima, en el cercano tercer milenio de esta Era, que es el quinto de los mil de los millones de la tuya ‑y mía‑, al borde del Acuario refrescante, como tu bello paisaje de ave exótica suscitó la admiración y el homenaje de los hombres. Cómo se cumplió a tu paso el objeto de la belleza en el infinito, al despertar el asombro inolvidable en las pupilas de los niños.

 

Porque querido Cometa del mañana, tú ves ahora por mis ojos, como yo por tus caminos; y entre ambos nace la constante paradoja del rostro circular de los mundos. El polvo dorado de las estrellas, nuestras hermosas parientes. A todas mi emocionado y sincero recuerdo, y a tí mi más diferente solicitud, como único homenaje a través de los momentos y las perversiones.

 

Con orgullo y con amor, tu hermano.

 

 

CARTAS (A Laura).

19 julio 2011

 

A LAURA

 

Mi querido tesoro:

La política es algo inventado por los hombres, y que por eso llaman necesario, para que unos cuantos tengan la oportunidad de mandar sobre la mayoría. La sociedad es un edificio al que se sube para instalarse por encima de los demás. Al hombre, a nuestra especie, le gusta el poder, y mantiene constantes su agresividad, ese residuo ancestral que debió caracterizar a los felinos y que caracterizará a los antropoides. Periódicamente, el sistema democrático, -una forma política no peor que cualquier otra- apela a las masas, las llama para que vote unos candidatos al poder; previamente, durante unas semanas infernales, esos candidatos y sus partidarios ejercitan la necesaria disciplina de la injuria, el desdén, la estolidez o el ultraje, según se refiera la conducta que practiquen a sí mismos, a sus enemigos políticos – los líderes de los partidos ajenos -, el Gobierno precedente, si no es éste quien actúa, o las figuras que siempre surgen en circunstancias “decisivas”, como es esta definida “Elecciones Generales”, y cuya existencia salva la normal carencia de ideas e iniciativas de los aspirantes al mando, sujetos repletos de vanidad, de engreimiento, de inmadurez y de miedo. Los periódicos, que viven del artificio en la mayor parte de su existencia, acuden presurosos al reparto de escaños y a la asunción de la gran cuota de “pastel” que con la política en general y con las elecciones en  particular les viene atribuida por el hábito: se vende más, y cada cual según su tendencia apoya a uno u otro sector, y cuida las distintas imágenes … Todo ello en un tinglado enfebrecido, crispado, histérico, ominoso. ¿ Y ello por qué ? Por el ansia de poder; por la tendencia patológica a la indebida apropiación de las voluntades ajenas; por la fervorosa adoración del dirigismo. ¿ Y ellos para qué ?. Para  que todo quede igual para la gran gente, y para que todo sea mejor, más próspero y envidiable y afortunado para unos cuantos: los que han comprendido el sentido real, el fin último de la sociedad al que antes aludía, y la utilizan, obvio es para sus propios medios; así, escalan, se instalan y esperan. Algún político habla de la paz como objetivo absoluto, de la extirpación no traumática de la miseria y la violencia, del último de la concordia y la armonía ? Desde luego que no; tan sólo, mediante argucias electoralistas, prometen lo que nunca cumplirán. Su arte es el engaño. Pues la nobleza, el desinterés, el equilibrio, la poesía están marginados desesperadamente del lenguaje y del programa de los políticos y de los partidos. El sistema, en definitiva, carece de las propiedades y de las capacidades subsecuentes a su renovación: la gloria de la estirpe se encuentra soslayada por el poder y la codicia. Mi “Partido” -que no lo es sino a efectos dialécticos y testimoniales – es el P.A.U.: Paz y Armonía Universal. Su único punto pragmático: la consecución de esa paz y armonía. ¿ Cómo ? Anulando, mediante la adscripción de todo el presupuesto a la investigación y a la creación, la guerra, la violencia, el fanatismo, la ignorancia.

Tras semejante exposición debería despedirme así: Besos de un perdedor. Quiero, sin embargo, añadir algo más, mi dulce reina: ¿ Acaso puede comprenderse, al modo que señala Spinoza- “las acciones humanas no deben ser censuradas o disculpadas, sino entendidas “ – la ausencia de estremecimiento del político que ordena la muerte ?  ¿ Cómo seguir viviendo tras contemplar los ojos vacíos de un niño cuya casa, cuyos padres y hermanos, cuya paz infantil, cuya ingenuidad, ha sido trasmutada en horror, en miseria, en vacío, por efecto de las bombas que los políticos – y los guerreros, sus aliados o sus torpes esclavos – arrojan sobre sus vidas ? ¿ Puede entenderse la disculpa que arrojan, como un excremento a un vaso de agua, resumida en las “altas aspiraciones y necesidades del estado ? ¿ Qué es, entonces, el “estado” ? Su etimología nos indica -status- que es algo que permanece, que está. Y, para que siga estando por encima de sus “enemigos”, se utiliza la muerte, gran aliada de los infiernos. Sólo tienes cuatro años, y por eso y por muchas razones más, no debes hacerme demasiado caso, aunque con mis palabras sólo pretenda cumplir la función de espejo, un tanto deslucido, de la realidad, que tanto a ti como a mí nos importa mucho menos que los sueños. El diablo y sus secuaces, mi amor, no son espíritus carcomidos por el rencor de la soberbia y la imposible venganza contra su eterno absoluto; al menos, no sólo eso. Los satanes de siempre son los políticos y sus secuaces, cuando emplean el poder para matar. El estado, dicen los teóricos siguiendo la “enseñanza” de un clásico del llamado “derecho” – otra manifestación más del absurdo al que puede desembocar el artificio de la manipulación – posee el monopolio jurídico de la violencia. ¡Dios mío! La justificación de la muerte y del odio y de la venganza y de la represión, eleva a la categoría de LEY. La ley no existe cuando no cumple o carece de su fundamental dignidad, que es su naturaleza justa. Los conceptos de poder, libertad y justicia no se identifican entre sí…

Lo que deseo trasmitirte ahora, mi lindo amor, tan lejos de nuestra saga aventurera y nuestros juegos maravillosos en el mundo de la utopía, que nadie podrá arrebatarnos como realidad suprema y envidiable, es que papá a veces contempla ante sí los escombros del universo, entre los que camina con su aterida alma bajo el brazo… Ya no pregunto de qué color será el amanecer – tu ya distingues, sorprendentemente, entre los tonos de azul, e identificas el morado, el violeta …- si no si habrá un amanecer, o será sólo ilusión de los poetas. En el P.A.U., del que te hablé antes, los poetas, los artista, los creadores de belleza se dedicarán a eso. A hacer belleza, ni más ni menos. Los inválidos, los miserables, los incapaces se dedicarán a contemplar el cielo y sonreír. Esos criterios utilitarios que tanto duelen cuando se reside fuera de los esquemas quedarán relegados y una nube rosada, que emane del laboratorio de investigación engendrado por el dinero que no se dedicará ya a la metralla, a los supersónicos, a la bomba, inundará el mundo, hará inútiles las armas, alterará el vicio de las neuronas podridas que convierten al hombre en un sádico o en un demente.

Te hablaré más despacio de todo ello dentro de poco. Hay un obstáculo importante, sin embargo, que, al margen del siempre mudable desdén, puede anular esto que algunos denominarán un sueño. Quienes optan por la muerte jamás aceptarán el cambio, que identifican, en su demencia, con la pérdida de privilegios. El privilegiado es rapaz, guarda como las urracas los mezquinos productos de sus incursiones en lo ajeno, es decir, en todo, pues ellos sólo poseen su fatuidad. Ninguno conoce el papel mínimo de este pequeño grano de gases y materia sólida en el cosmos. Nuestra galaxia, compuesta de miles de millones de sol, gira sobre sí misma, y todo ello entorno a un centro de otros centros incontables. Los atardeceres del infinito jamás finalizan; nunca cesan de ponerse los soles en los billones de mundos que guarda cada segundo en la pupila de Dios. Brama respira y en su exhalar transcurren las vidas del universo: su día es de catorce mil tresciento veinte millones de años, y así su noche. ¿ Cuál es el sentido, pues, de preservar para nuestra especie la solemne majadería de su importancia ? ¿ Cuál es la justificación admisible, en suma para la voluntad de mandar, de matar, de expoliar?.

Acaso sea adecuado calificar como imposible el retorno a lo maravilloso, la aceptación de que es necesario recuperar la salud en nuestra naturaleza. Incluso los menos osados aceptan con orgullo ser tal y como son, considerando lo contrario una abdicación de la personalidad y de lo auténtico. Auténticos son la fiebre, el cáncer y los granos. También, claro es, el viento, la sombra y la luz.

¿ Imposible ? Hace poco lo era, simplemente, soñarlo.

Te adora,

Papá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartas. (Carta de un niño a Dios)

12 junio 2010

CARTA DE UN NIÑO A DIOS

Querido Dios:

Espero que te hayan entregado esta carta, y que cuando llegue a tus manos se mantenga aún cerrada. Ya sabes que mi deseo es que sólo la leas Tú.

En el Cole me dijeron una vez que Tu Nombre y las palabras que se referían a Ti deben escribirse con mayúsculas. Así lo hago, para cumplir con las exigencias del protocolo. Pero, como yo no estoy acostumbrado a las ceremonias, discúlpame, por favor, si se me escapa alguna expresión inadecuada.

Espero también que no tomes a mal lo que pueda decirte al margen o en contra de Tus designios, pues me temo que no soy capaz de comprenderlos. A veces me pregunto si existen. Y esa es una de las razones que me mueven a escribirte.

Me acuerdo mucho de Ti. Y no sólo cuando tengo frío, o cuando en mi casa falta

la comida, o cuando cae una bomba junto a la carretera. También te recuerdo cada día, al amanecer, y creo verte aletear en el saludo de los pájaros y en las sombras doradas de las nubes. Cuando tengo miedo de que vuelvan esos horribles hombres de rostros cenicientos que empuñan las metralletas Te invoco, continúo haciéndolo a pesar de que Tú nunca has venido antes. (Ya sabes, aquel día en que se llevaron a mi padre y a mi hermana mayor, y rompieron a culatazos la vajilla de barro de mi madre, que lloraba). Y cuando estoy alegre, cada vez más raramente, también pongo Tu nombre en mis labios, y te agradezco todo cuanto me das: la vida, el viento, la luz…

Pero no deseo engañarte. Estoy triste. Yo creía que Tú eras justo, sabio, sin límite para Tu poder, o Tu sabiduría o Tu justicia. Yo pensaba que Tu sola existencia debía bastar para que el mal y la muerte quedaran vencidas; más aún que no pudieran coexistir contigo.

¿ Es que no existes ? Cada noche hablo con las estrellas desde mi jergón, – un pedazo de manta y dos tablas arrojadas en el suelo -. Apenas duermo, pero eso no me importa. Los guardias abrieron tantos agujeros en el techo y las paredes de nuestra casa que resulta divertido mirar cómo se mueven lentamente los astros de la noche. En la escuela me dijeron que la tierra con su movimiento es la que produce ese aparente discurrir del firmamento. Es igual. Yo sé que las estrellas se mueven y que me hablan. Y estas últimas semanas sólo hablamos de Ti.

Unas dicen que te han visto, desde siempre; encerrado en una inmensa almena de cristales; restallantes arco-iris de muchos más colores que los de nuestra tierra, y nubes de indescriptible perfume Te rodean. Dicen que Tu música posee acordes ignorados por el hombre, y que ningún mundo ha podido jamás desentrañar el secreto de Tu rostro, aunque sí conocen que Tus miradas engendran universos y las sombras de Tus manos cubren las galaxias infinitas. Dicen que Tú eres demasiado grande, demasiado hermoso, demasiado lejano.

Yo contesto que, sin embargo, Tú debes ser algo más. Algo que no se centre en la distancia, algo que sepa enjugar las lágrimas de quienes te lloran, algo que pueda caber en las pupilas asombradas de los niños.

Pero hay otras estrellas que me dicen: Él no existe. Vivimos en este Universo desde que comenzó en él la fuerza de la vida, hace ya muchos miles de millones de años. Recorremos desde entonces los caminos interminables del vacío, a lo largo de senderos sin fin, y jamás Le hemos visto. Con frecuencia asistimos al nacimiento de mundos nuevos, y a la destrucción de otros; a veces escuchamos, en los espejos invisibles de las distancias innombrables, los quejumbrosos ecos de seres que le invocan. Y podemos asegurarte que NUNCA ha respondido a sus llamadas. ¿Acaso no es ésta la irrefutable prueba de su inexistencia ?.

Reconozco, Dios, mi anonadamiento, cuando así me hablan. Pues, ¿ cómo entender semejante dureza en Tu corazón ?. La duda me asalta, como un potro desbocado que se asienta en mi garganta, y me anuda de tristeza el pensamiento. Pero, si no existes, ¿ por qué pienso en Ti ? Algo tan sencillo como eso me devuelve la esperanza: Tú existes, porque yo te sueño.

Ahora sé que no he debido temer que no te entregaran esta carta, o que tus supuestos servicios de vigilancia pudieran leerla y censurarla. ¡Que tontería! Tú no necesitas NADA ni a NADIE, porque te tienes a Ti mismo; tus ángeles son servidores nuestros, y no tuyos; tus caminos son del hombre y no de Dios. Dios carece de todo porque es demasiado y nada para Él. Porque Él, Tú, eres Todo y Nada. Por eso quienes creen en Ti dicen que eres indescriptible y quienes te niegan que no eres nada: es lo mismo. Tú eres a pesar de unos y de otros.

Ahora estoy más contento. Ahora sé que me escuchas sin oírme. Ahora sé que esto de la miseria, de la bomba, de la mentira, del odio, de la envidia, del horror, de la soledad, de la angustia, del miedo, de la guerra, de la enfermedad, del dolor, de la injusticia, de la opresión, ahora sé que todo esto es sólo nuestro, que no te corresponde a Ti, sino a nosotros, al hombre resolverlo. Como cuando se cura un grano o unas fiebres, o un dolor de cabeza. Lo único que te pediría es que, quien tenga que hacerlo, lo haga pronto.

Porque yo y otros muchos deseamos la paz, la armonía, el aire puro, la justicia, la belleza, el equilibrio, la libertad, la vida. Pero no como nos dicen que los posees Tú, allá lejos, en Tu nido de diamantes estelares, arropado por el vacío de Tu plenitud, envuelto en tormentas de cometas, sino aquí mismo, en nuestro mundo lleno de hermosas sensaciones, cercanos al viento y al sol, próximos al pez, al sol y a la caricia. Y también, por fortuna, al esfuerzo, al trabajo, a los insólitos aromas del tulipán. Para que cuando nos veamos, nuestra frente no esté crispada de vergüenza y nuestros ojos aún reflejen los manantiales del sueño.

Para que el hombre cumpla su destino, Dios, devuélvenos la cordura.

Te quiere,

CARTAS. (A Halley).

9 junio 2010

CARTA A HALLEY

Mi fastuoso amigo:

Cuando esta carta te llegue, su contenido ya no será más que un recuerdo de cenizas. El calor de tu inagotable cabellera la habrá deshecho sin conmiseración alguna, tan inexorable como el tiempo y tan cruel. Por eso, desde la distancia enorme que dicen que nos separa, me dirijo a ti, cometa y símbolo, para hacer real un sueño.

¿Soñar contigo? No, ya supongo que lo preguntas del mismo modo que la hormiga habló al elefante: “Hoy por ti, mañana por mí”, o imaginándome como aquel mosquito que gritaba en las orejas del mamut, advirtiéndole: “me mudo de casa”… ¿Podría imaginar yo otra cosa, cuando mi veloz y certero interlocutor cubre medio firmamento con su rastro de luces?

Mi sueño es diferente. Verás. Yo he creído saber, con esa inútil certeza que procura la fantasía, que tú y yo éramos la misma cosa; aún más: que nuestro origen y nuestro destino se confunden, como lo hacen dos vientos en el espacio. Tal vez la apariencia, lo externo, ese ridículo vestido que llamamos forma, sea dispar, opuesta, irreconciliable; pero, por muy extravagante que pueda juzgarse yo apuesto por una definida y rotunda identidad entre nosotros.

¿Te das cuenta, querido Halley, de lo que esto significa? Tú navegas por esos vacíos interestelares, ociosamente veloz, reiterante, lleno de procaz melancolía, que es el tributo de los fenómenos. Yo permanezco aquí, atisbador, neurópata, abrumado por el estupor de nuestro letargo. Entre ambos, el Fénix de los universos que se anudan a la tristeza del siempre devenir.

Cuando dejo que mis palabras se pronuncien espontáneas, abiertas al eco profundo de la noche donde habitas, no renuncio al estremecimiento, siquiera incorporado a la rutina de la ciencia que pretende contar tus átomos, medir tus rumbos, censar tus alientos. Y me estremezco no asido a tu supuesta grandeza, sino a mi necesario concurso en tu papel de triunfador. Sin mi nada serías, y yo tampoco sin ti. No podrías recibir mis cartas, ni yo aguardar tu visita secular, como los retoños de una simiente temprana. Además, tu enormidad no es, y tú lo sabes, más que un asombroso juego de malabarismo, una puesta en escena de la gran farsa, un espejismo tan bello como la realidad más osada y singular: Tú no eres más que yo, a pesar de tus colores y de tus esferas, y en eso, precisamente, reside tu auténtico orgullo.

Mi buen Halley, ahora ya sabes que estaré, a buen seguro, esperando con ansia tu visita; abiertos más que nunca los ojos con que te narraré en otra ocasión, la próxima, en el cercano tercer milenio de esta Era, que es el quinto de los mil de los millones de la tuya -y mía- al borde del Acuario refrescante, como tu bello paisaje de ave exótica suscitó la admiración y el homenaje de los hombres. Como se cumplió a tu paso el objeto de la belleza en el infinito, al despertar el asombro inolvidable en las pupilas de los niños.

Porque querido cometa del mañana, tú ves ahora por mis ojos, como yo por tus caminos; y entre ambos nace la constante paradoja del rostro circular de los mundos. El polvo dorado de las estrellas, nuestras hermosas parientes. A todas mi emocionado y sincero recuerdo, y a ti mi más deferente solicitud, como único homenaje a través de los momentos y las perversiones.

Con orgullo y con amor, tu hermano.

Cartas. (A un político).

3 junio 2010

A UN POLÍTICO

Muy político suyo:

La verdad es que no pensaba encabezar esta carta dirigiéndome a Vd. con un tan distinto tratamiento; pero me disgustaría algo así como “querido amigo” -lo rechazo porque yo no le quiero a Vd., y tampoco somos amigos- ; “Estimado Señor” -que no acepto pues, si bien algo le estimo, aunque no demasiado, ignoro si es Vd. un señor o una señora, ya que no le conozco- ; por ese motivo eludo el consabido “muy señor mío” y otros similares. Lo cierto es que, siendo Vd. muy, pero que muy político -como se deduciría, si no hubiera más motivos, de las cuantiosas y variadas mentiras que dice sin el menor rubor- y considerándolo por fuerza algo no mío sino enteramente suyo, considero enteramente apropiado ese encabezamiento.

Vd., como vanidoso que es, no se habrá percatado, sin embargo, de que esta carta no tiene cabeza. Pies puede que sí, de modo que en lugar de aquella palabra debería hablarse de “empiedamiento”. Porque, ¿no dicen Vds. los políticos profesionales, que siempre hay que estar con los pies en el suelo, y se reafirman en eso de “pisar fuerte”, o “andar con los pies sobre la tierra”. La cabeza la reservan Vds., paradójicamente, para solazar las miradas de los súbitos cuando se cruzan en los paisajes urbanos con los carteles repletos de efigies prometedoras. Sería más apropiado, y así debieran entenderlo sus equipos publicitarios, reproducir otras zonas anatómicas y personales, como los bolsillos, las manos, el vientre.. Es decir, aquello en lo que Vds. realmente piensan cuando hablan de cualquier cosa.

Yo creo que la coherencia exigiría que todos los sujetos con supuesta vocación de líder honesto y virtuoso -todos los políticos desaforados perseguidores del poder, que se autodefinen como seres cuasi puros- cuyo objetivo único es procurar la felicidad y el bienestar, se mostraran en las campañas electorales desnudos como fueron paridos, sin maquillar, y con un blanco mirlo en sus plantas. De igual modo, los carnets de afiliación a sus partidos deberían ir provistos de los datos indispensables -números de teléfono, direcciones, lugares de cita a deshora o desmano- que pudieran ser utilizados por los votantes y adictos para localizar, quiebra la imagen ofrecida y deseada por éstos, al resultar prácticamente inviable el contacto personal con sus electores. Esa es una de las razones por la que me permito escribirle, ya que el Aparato de los partidos, que parece creado con el fin de separar al político de su amado pueblo, jamás atiende esa justa solicitud cuando se le reclama. El líder firma por delegación, nunca está o está ocupado. ¿No es esto algo imperdonable? La embargaría, sin duda el corazón solitario del político, de Vd., si conociera cuantas llamadas quedan sin respuesta sólo por la cerrazón cabrestil de los adláteres, que so capa de protección le privan de ese añorado contacto con la gente.

Así, pues, debe Vd. eliminar su staff, esa organización propia de burócratas que se alimentan a la sombra magnánima del líder. Desaparecidas las barreras que le separan de su pueblo, alcanzará Vd. el más inefable y, según dice Vd. mismo, el más deseado galardón: el amor de sus votantes.

Si actúa de otro modo, sepa que quizá no sea Vd. más que un juguete en manos de los grupos de presión, del marketing, del oro; un manipulado figurín, al que sostienen las frágiles cuerdas del Guiñol semiclandestino. ¿No se pone Vd. triste al pensarlo?

¡Vamos, alégrese, hombre! Al fin y al cabo, ese es el sistema. Y los sistemas deben aceptarse. Pruebe, por ejemplo, a hacer proselitismo sin dinero, sin prensa, sin radio, sin T.V… ¡Qué desastre! Es casi como editar un libro sin las bendiciones de las firmas consagradas o como escribir una carta que incumpla los cánones del género epistolar. Y se trata de ganar, de triunfar, y no de pensar y hacer como se cree adecuado. La eficacia todo lo justifica, y acaba acreditándolo.

Lo que no entiendo, pese a todo, es por qué a veces tiene Vd. ese ceño tan raro, ese cambiante gesto, esas ojeras, ese temblor de garganta, esa pupila cansada, ese aleteo de nariz… ¿Será porque ha soñado Vd. también con el paisaje sin límite, porque ha cambiado de puntillas lejos de la ambición, porque alguien le dijo un día “no quieras tener demasiado pues perderás la paz y, seguramente la libertad”?

Si es así, no debe Vd. hacer mucho caso. Es la envidia. Los mezquinos que dicen no desear o no añorar los despachos oficiales, incluso cuando alegan, en tono idealista trasnochado, que jamás podrá construirse un despacho más amplio que la tierra, ni más pequeño que el universo, pues las dimensiones, y las distancias, y los conceptos, se alteran de acuerdo con la perspectiva, y con el hombre y con la vida.

No, no haga caso. Siga adelante. Recuerde siempre a Maquiavelo, a Voltaire, a Talleyrand, a los maestros de la falacia y de la intriga; pero cuidado, jamás debe citarlos, ni entre amigos. Nombre autores que se reputen intachables o que se ignoren. Preferiblemente, muertos. Tenga precaución con la Iglesia y las Ejércitos, que nunca se sabe… Y no olvide posar del perfil bueno.

¡Valor, amigo!. La dura carga que su vocación comporta pasará. Nada dura demasiado. Pero, entretanto, cumpla con tenacidad y energía su objetivo. No, naturalmente, el que promete, sino el otro.

Recuerdos a lo amigos secretos, a los financiadores, a los tapados, a los dueños del resorte… ¡Qué no daría yo por conocerlos!

Pero eso, a mí, me está vedado.

Post scriptum: Ya puestos en faena, dígame, en confianza, ¿a Vd. le gusta, de verdad, de verdad, la política? Yo creo que la fascinación del poder se parece a la que siente una mariposa cuando se aproxima al fuego que la destruirá; o la del ojo que ve aproximarse la volandera e inflexible caca del vencejo; o al gato que parece hipnotizado por los faros… O sea, que el poder no es que corrompa, sino que jode a tope. Se necesita, claro, ver las cosas desde otras perspectivas, pero así es: nos han convencido de la imposibilidad, de la inexistencia de otras dimensiones, y vamos como anélidos confusos mascando tierra por los siglos de los siglos Amén.

Carta a los duendes.

1 junio 2010

CARTA A LOS DUENDES

Mis traviesos amigos:

Después de buscaros incansablemente por doquier, sin éxito, decido poneros estas líneas animado más por mi desmesurado optimismo que por lógica o estadística. Ya me comprendéis, mi esfuerzo resultaría inútil, ya que la lógica os define como inexistentes, o mejor, no os define como reales. Y si mi conducta se ajustase a los parámetros estadísticos, aún más baldía iba a resultar mi pretensión, pues la estadística, en contra de su misma naturaleza mentirosa, no os contabiliza ni como entes falsos. Ambos caminos reflejan, una vez más la angustiosa paradoja de nuestra flojera mental, ya que, sabido es, vosotros o existís, o no. Y en el primer supuesto, la lógica, la razón, el seny o el sentido común, debería concederos el atributo de ser o cosa que es; y, en el segundo caso, la estadística que señala con datos las mentiras, tendría que recogeros en su seno como bien amados seres mentidos, o sea, como mentiras.

Bueno, a mí se me da una higa lo que de la anterior reflexión pueda alguien inducir, ya que la única causa sensata o insensata de que semejante dialéctica se origine no es otra sino la notoria incapacidad del bicho social que llamamos hombre para soportar la fantasía. O dicho de otra manera, la insulsa estupidez de la especie, que prefiere las moñigas de la política aullante o los estereotipos de la intelectualidad ramplona, o, peor aún, la malicia del comercio o la agresividad de los mandones, a la imaginación, a la utopía, a la creación.

Porque si yo os llamo a voces, queridos duendes de las cosas y de la gente, es porque sólo con vuestra ayuda podré sobrevivir. Y, tal vez, también anime a hacer más soportable la vida al prójimo próximo. De lo contrario, está claro que esto no hay quien lo aguante. Nos pasamos la vida de majadería en majadería y de susto en susto. Y por mucho que uno no participe íntimamente de tantas cuestiones nefandas, su polución salpica al más aseado y precavido. Tened en cuenta que en este pícaro mundo, nadie se escapa, hoy como ayer, de la injuria, de la difamación o de la calumnia, si en algo

sobresale; y, si es discreto, su entorno cercano le procurará envidiejas sutiles, afrentas o sabandijas que le incordien.

Esto a rangos individuales, que tal vez resulten más aceptables por aquello de su escasa difusión – lo que no evita que para los interesados sea igualmente pernicioso – pero si nos metemos en el colectivo, ¡ ahí es nada !. Echad un vistazo montaraz y, si gustáis, hasta diletante, al panorama político, económico y social, que son las tres monturas que ponen bajo sus nalgas los jinetes del orden. Para cualquier político que se precie, el punto primero de su programa, y, a veces, el fundamental de sus principios, es la muerte: preconizar la guerra, la violencia, el mantenimiento de sus constantes patológicas, no sólo es fin y objeto sino también se identifica como lenguaje de convicción, pues los llamados “ líderes “ siempre apelan a los ejércitos y a la modernización de sus efectivos y medios de persuasión intelectual. Y no es posible dejar de comprenderlos, como dijo Spinoza que deben entenderse todas las situaciones humanas, pues ¿ de qué otro modo iban a cumplir los designios y acoplarse a los módulos de un sistema que considera normal gastar billones en bombas que, periódicamente, se arrojan los unos a los otros ?. La economía es aún más excitante. Ya sabéis que llevamos una docena de años en crisis; antes hubo muchas otras, pero esta tiene la horrible particularidad de que nos toca a nosotros, quiero decir a quienes nada tenemos que ver son sus manejos. Todo empezó el día en que un jeque árabe fue a la Universidad y allí le enseñaron a sumar, y, un poco, a multiplicar; jamás aprendió a restar y dividir, aunque eso ya lo conocía experimentalmente, merced al adiestramiento secular de países justos, pacíficos y democráticos como Inglaterra, Francia, U.S.A., Holanda … Lo cierto es que la crisis vino porque el moro supo que le pagaban un duro por el barril de petróleo que luego los demócratas justos y pacíficos vendían a sus súbditos a mil duros. Claro que los beneficios marginales los empleaban en obras culturales y científicas, mejora de las prestaciones sanitarias, fomento del ocio y la creatividad, eliminación de los increíbles desequilibrios sociales, y, sobre todo, en desarrollar íntegramente los países pobres -de donde extraían las materias primas que enriquecían más a los ricos, proporcionándoles becas y dictadores, eliminando el hambre en el mundo y facilitando más y más trabajo en todos los sectores. El resultado es que por culpa del moro que aprendió a sumar, la economía se ha hundido. ¡ Y luego dicen que es bueno saber ! Menos mal que lo social marcha viento en popa. En lugar de masas manipulables a través del marketing, el dirigismo consumista de los medios de comunicación y la tendenciosidad perenne de la prensa, tenemos ahora en el mundo unos mil setenta y seis millones de chinos, y algunos más de las otras llamadas razas que piensan y actúan según su libre y voluntario albedrío. Lo malo es que no saben qué diablos es el albedrío, y no lo usan; pero eso es problema suyo. Las injustas diferencias sociales han desaparecido casi por completo, ya que los “diferentes” se van muriendo. Se ha controlado la natalidad – y encima regalan transistores de Taiwan – y el aborto es, al fin, un derecho, y no sólo un hecho, en todos los países desarrollados, donde, incluso, les pagan a las abortadoras en efectivos sus gastos. Se está pensando en instaurar un premio a la abortista más fecunda del mundo, consistente en dos docenas de cajas de anovulatorios y un millar de “containerts”, tipe máximum sensitivity. Parece descartado añadir un número de mini-féretros irisados equivalente al de muertes, digo interrupciones de la vida causadas. Y todo por el estilo; la gente, contenta a más no poder acude en masa a los “lugares de encuentro” que es como los sociólogos llaman ahora a los sucedáneos de comuna.

Todo, como veis, muy consecuente, muy dinamizado, muy colectivista, muy riguroso, muy explotador, muy apacentado, muy como siempre. Es decir, carente de la ruptura de moldes que supone la simple y llana imaginación, ausente de toda fantasía lejos de lo utópico, muy firme en el suelo, muy realista, muy “seamos pragmáticos”, muy voto útil y así.

Queridos duendes de las cosas y los sueños; volved si alguna vez habéis estado, venid, si nunca habéis venido. Entrad en el corazón del político y del general que no se estremecen ante la sangre rota de un niño, mostradle la risa de los poemas y la sombra alada de los sueños. Enseñadles a ellos, a los manipuladores del dinero, a los mafiosos y a los violentos de qué color son los pensamientos de la creatividad, cómo son las palomas de la fantasía, cuando y por qué cantan en el alma los felices sonidos de la generosidad y del amor.

Mientras tanto, aguardaré en el rincón ajado, solo y triste, a veces asomando mis últimas energías al exterior como un testimonio de pervivencia que rehuye la hostilidad pero que la acompaña como el grito de los gavilanes y de las alondras al encontrarse. Porque, mis buenos, mis dulces, mis traviesos, mis a veces malvados y siempre ocurrentes duendecillos, vosotros, sólo vosotros, podéis sazonar este insulso caldo de la vida, y sólo vosotros trastocar el hediondo condimento de la mugre en una copa de perfumada manzanilla.

Vuestro siempre,

Manual para padres. (Carta del bebé).

8 mayo 2010

Querido papá:

Como ya sabes que los niños decimos siempre la verdad hasta que los mayores nos enseñáis a mentir para ejercitarnos en el difícil arte de la vida, debes aceptar lo que sigue sin pestañear; si te molesta, te aguantas, y, si te gusta, mejor. Naturalmente, soy aún demasiado joven -dos meses justos- para mentir, así que olvida la reticencia y no desvaríes: lo que digo son verdades de tamaño natural.

En primer lugar, el hecho simple y llano de tener una hermana cuatro años mayor, es signo inequívoco de tu falta de delicadeza para conmigo; pese a mi más potente fiereza de varón, son, querido padre, demasiados años los que mi linda hermanita me lleva de adelanto, de suerte que me va a resultar difícil, o quizás imposible, superar este escollo; ella siempre me dará capones con la barbilla durante nuestras respectivas infancias, y el hecho – en el que piensas al leer estas líneas – de que más tarde, como hombre que soy, creceré y pensaré más que ella, no me consuela. Ese débil argumento quiebra su aparente fuerza ante el hecho inequívoco de que cuando ese momento llegue ya no se producirán las maravillosas situaciones de disputa del chocolate, arrebato de muñecos y fuga subsecuente, tirón de pelos impune, bocadillo más grande, dominio en la elección y desarrollo de actividades lúdicas, lo que vosotros denomináis con esa peculiar autosuficiencia producto de la ignorancia, juegos y cosas de niños … El hecho, sobre el que he meditado, de mear más lejos, gritar más fuerte y comer más deprisa, no creo que sea, no siquiera en conjunto, suficiente para combatir la preeminencia establecida y, sin duda, dispuesta a mantenerse, de mi preciosa hermana pues tiene ésta demasiado carácter incluso para dejarse avasallar por sus iguales en edad, sean o no de sexo opuesto. Créeme si te digo, con más irritación que benevolencia ante la cara de estupor que pones ahora, que cuanto más pienso en ello, mayor es mi cabreo.

Pero no desearía trastocar el orden cronológico de mis reivindicaciones, como decís vosotros para complicaros la vida cuando queréis decir quejas o demandas, o sea, que pedís alguna cosa. No es que desee causarte un problema más, máxime cuando, siquiera en parte, comprendo tu situación rodeado de mujeres en casa, y con la única válvula de escape psicológica que te supone mi presencia. Debes agradecer por ello mi venida al mundo más aún de lo que haces ahora. Especialmente cuando te dedicas a hacer carantoñas y cucamonas a tu hija, mi hermana, que ha tenido cuatro años para ella sola, y a la que encima llamas, incluso en mi presencia, “ mi niña “ y “ mi tesoro “, además de otros calificativos que no me atrevo a reproducir tanto porque me producen santa indignación como por su específica blandenguería y padracismo. (Para que no te quedes con la duda, diré unos pocos, los menos comprometidos: “gatita”, “currucheta”, “barrigas guapas”, “culito lindo”, “chispita”, “lo que yo más quiero” … ).

Has tenido, además, la osadía de asignarle ángeles de la Guarda -Botitas y Redondín- cosa que no has hecho conmigo (sin duda porque no puedes quitarte de en medio tus compromisos nocturnos hacia mí con una referencia a que “ya te acompañan Redondín y Botitas” , como haces con ella ). Y le inventas cuentos como los de “Gordinflón y Tocinillos“, “El valle del algodón”, “El niño que se convirtió en sol”, “Albar, Mu y Galapar” … Mientras que a mí me cuentas de qué capacidad es el biberón, y tu facilidad de comunicación prácticamente se reduce a repetir: “AJO, AJO” y “GUAPO, PAPA”, con la insólita pretensión de que yo, un niño inteligente sin duda, pierda el tiempo repitiendo semejantes chorraditas.

Por ello, no debes extrañarte de que sonría poco, y ría abiertamente menos aún. ¿Cómo voy a sonreír si me llevas al salón después de pedirlo insistentemente a voz en grito durante muchísimo tiempo, justo cuando ponen el telediario ? ¿ Acaso no has caído, querido papi, en que a mí me gustan las cosas buenas y bellas, como los colores, la leche de mejor calidad, la luz, que yo veo como tú no puedes recordar, entre un celaje de fantasía en relieve, la música suave, el murmullo de una rama mecida por el viento, el agua fresca, el baño tibio, la crema en el culito, los pañales suaves, y los programas de dibujos de la tele, caramba, que son los únicos que pueden verse sin preocupación ?.

Comprendo tu buena voluntad, y debo reconocer que algo de lo dicho haces. Pocas cosas, cierto es, y aún éstas bastante mal; reconoce que eres un deficiente manual. Cuando me cambias los dodotis, o los pañales, siempre me dices “¿¡Qué le pasa a este niño?! Y me consuelas porque protesto, estornudando y suelo gritar también oprimiendo sin tasa mis mofletes, cosa que me incordia profundamente. (Tanto que ansío tener una doble hilera de filósofos incisivos para castigar tu impertinencia con semejante conducta; un hábil y rápido movimiento de cara, y te pillaré los dedos con los que machacas mis carrillos entre las tenacitas de mis dientes; y ello impunemente, es la ventaja de ser un bebé en mi casa: que no te pegan nunca). Pues bien … ¿ Qué me pasa ? … Me pasa que me mueves de un lado a otro, arriba y abajo, como si estuvieses haciendo una tortilla, de forma que se me altera todo el cuerpo; además tardas tanto que voy a coger un resfriado permanente, y, a mayor abundamiento, aprietas muchísimo la gasa, la tela, el plástico, lo que sea, oprimiendo la barriga sin tasa. Por favor, acude a la escuela de matronas, o abstente, en lo sucesivo, de cambiarme; al menos, pon más cuidado, y te daré una nueva oportunidad.

Otra cuestión que altera profundamente mi equilibrio psicofísico es la manía ancestral, seguida fielmente por ti, de mantenerme casi indefinidamente en una cuna mínima, prácticamente en la misma posición, en multitud de ocasiones privado del chupete, cubierto por espesísimas telas que impiden el pataleo, o lo dificultan, desterrado en la semipenumbra constante de una habitación, con idéntico paisaje ante mi vista … Es decir, abandonado como una maceta, a la que periódicamente se riega – se alimenta – y se mueve un poquito, o se aderezan sus hojas o sus flores. En semejantes circunstancias, ¿ No te parece justificado plenamente que proteste con energía, sin ambages, habitualmente ? Si, por el contrario, tú me sacaras de la cuna con mucha mayor frecuencia de la necesaria para darme el biberón, y me pasearás por las habitaciones mostrándome libros, cuadros, plantas, objetos, personas y otros animales, yo estaría mucho más satisfecho, tal vez descansaría mejor y asimilaría con mayor plenitud mis alimentos.

No quisiera agotar tu ya menguada paciencia con estas declaraciones, si bien considero que debes aceptar su validez y adoptar las pertinentes medidas de inmediato. Un par de cosas añadiré antes de terminar. Acerca de las comidas, que pretendes reglamentar rígidamente en cuanto a horarios, contenido y cantidad, te sugiero instales junto a mi cuna un fichador, me proveas de las correspondientes fichas y me exijas el cumplimiento estricto de las condiciones impuestas que señalo, deduciéndome tantos centímetros de biberón como minutos me anticipe o atrase respecto al horario impuesto adhesivamente por ti … ¿ Te ríes ? No lo hagas, pues no tiene gracia en absoluto. Debes saber que si te pido la comida antes, es porque tengo hambre; y si no la quiero es porque no tengo ganas … ¿ Que ya lo sabías ? ¡ Ah, gran hombre y gran cerebro ! … En ese caso. ¿por qué actúas como si no lo supieras ? Tal vez porque no te importe un comino … ¿ Sabes qué te digo ? Pues que si quieres disciplinar a alguien, disciplínate tú, que comes exactamente la cantidad que deseas y cuando quieres – supuesto que tengas dinero, claro, que es otra cuestión en la que no entro por razones de solidaridad, o de disciplina a alguien mayor – y no a mí, que soy un enano y no puedo defenderme.

El horario, finalmente, que defines como “la cruz nocturna de este hijo” no es sino la manifestación más fiel de mi concordia; por eso, para estar de acuerdo en todo, te despierto, pues si yo estuviera hambriento, o asustado con las sombras desconocidas del silencio nocturno, o las huellas veladas de los sonidos quedos de la oscuridad, o en suma, sin dormir, ¿qué muestra de afecto y de amor más palpable puedes pedirme que esta manifestación de mi confianza hacia ti, quien, sin duda, conocedor de mis problemas, te aprestarías a resolverlos raudo y veloz ?.

Lástima que, como es habitual, no te enteres de mis intenciones, y te dediques sólo a bambolear mi cuna y a mascullar imprecaciones irrepetibles entre dientes. con lo cual, una vez más, me muestras tu escasa inteligencia, pues los dos permanecemos en vigilia … Pero yo duermo durante el día cuando quiero.

Hasta la próxima, tu idolatrado hijo.