carta de quimera a los magos de españa

 

CARTA DE QUIMERA A LOS MAGOS DE ESPAÑA, MARIANO, PEDRO, PABLO, ALBERTO,  Y DEMÁS.

 

Queridos bienhechores.

Soy quimera, una figura antes mitológica, hoy real como la vida misma, en este reino de España.

Mis orígenes fueron griegos, y, de hecho, en ese bello país del Egeo, ya he reanudado mi presencia, de la mano de los partidos políticos, mis mentores. Hoy toca en el vuestro, y disculpad el posesivo, ya que es imprescindible para una indeseada sintaxis. Porque ya me anticipo: el objetivo es que deje de serlo.

Aunque os supongo enterados, ya que sois omniscientes como esos narradores de las novelas clásicas, los mitos son la auténtica historia. Y yo represento lo que a lo largo de ella ha supuesto el tinglado de quienes aman el poder. Todo poder corrompe, naturalmente, y eso es casi lo único bueno que tiene. Y quienes lo ansían, que es vuestro caso, ya tienen esa ventaja previa: sois corruptos in pectore, o más bien genéticos. ¡Gracias, gracias, gracias!

¿Por qué os doy las gracias? Porque nunca me llamaréis monstruo, esa infamante calificación con que me obsequian los perdedores. Vosotros me entendéis y me buscáis. Más aún, vosotros me hacéis, me construís de nuevo, me renováis… sois un amor. Mis héroes.

Aquí tenéis mi imagen, sin Photoshop. Tal cual soy desde que nací, engendrada por la confusión y la mentira, con aderezos de burla y de infamia.

 

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Aquí estoy más guapa. Porque varío, según el espejo en el que me miran y me miro. El espejo de Alicia, esa chica tan tontita.

 

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Quizás parte de vuestro público necesite saber por qué os escribo. Voy a explicarme para que incluso ellos me comprendan.

Veréis. Soy un animal fabuloso. Me lo tengo muy creído, soy un compuesto heterogéneo, es decir, múltiple, variado, confuso, teratológico, contra natura, poderoso y doy un poco de miedo, sólo que no puedo matar con la mirada, como mi amigo el basilisco, ni renacer de mis cenizas, como el presumido Fénix. Ojo con esto, por si la liamos.

En el cuento voy engullendo rebaños, no es por nada, y con perdón si alguien se da por aludido, y de mis coyundas salen bichos magníficos, como la esfinge y el león de Nemea. Ya me hubiera gustado parir la hidra, la de cien cabezas, que tanto se me parece, pero eso está en vuestras manos poderosas, y acabaréis consiguiéndolo.

Me pintan con cuerpo de cabra, cola de una serpiente y cabeza de león. En realidad, como el viejo Cerbero y como vosotros, tengo tres cabezas, la de león, la de macho cabrío, y la de serpiente o dragón, como en la foto. Ando por ahí vomitando fuego por la boca y el trasero, como corresponde, para dejar claro por donde van las cosas a mi cargo.

 

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Os advierto que al final pudieron conmigo. Me mató un asesino de tiranos y domador de caballos voladores y encima al servicio de un rey. Tanta analogía me estremece, recordando las cuartetas del viejo Nostradamus y el sombrero, que siempre se los hacía grandes para taparle la cabezota.

Pero vosotros conseguiréis parar la lanza o el plomo del matador. Esta vez triunfaremos.

Hechas esta introducción, voy a explicar al otro cincuenta por ciento de vuestros creadores a qué viene este resurgimiento de mi egregia figura.

Todo nació un veinte de diciembre, cuando la soberanía popular, manipulada a su pesar por los embustes y la ignorancia, que son mi piel y mis huesos, decidió que yo debía volver. Decirlo así parece insultar a la inteligencia del votante. Pero no lo digo yo, lo decís vosotros, vosotros sois quienes la insultáis y despreciáis, mis dilectos creadores. Porque si preguntarais ahora, ¿queréis a Quimera? Tal vez no os respondieran con el entusiasmo que vosotros ponéis en hacerme real.

Demasiado tarde. Ya estoy aquí.

Los políticos sois unos pervertidos. Sí, pervertís el sentido de lo que ofrecéis y de quienes os han votado. Todos ganáis, sois como yo, y eso me da fuerzas para seguir viva. Pero no siempre aprovecháis la oportunidad que os brinda mi existencia. Ahora sí. Gracia, gracias, gracias, de nuevo. Y gracias por la elección de la corbata navideña de su majestad.

Todo juega a mi favor en este reino.

Ya andan diciendo por ahí que no soy un monstruito, que las individualidades que forman mi conjunto -qué bien suenan estas frasecitas demagógicas- se parecen. Son prácticamente iguales. Y que, por tanto, la unión es coherente y bienhechora, un favor que se hace al pueblo. Porque el pueblo es siempre el destinatario de las fechorías, la causa essendi de los filósofos, el amor intellectualis de los teólogos, que tanto me han citado.

No puedo negar que esa concesión a la aquiescencia me fastidia. Yo soy un bicho terrible, y no un hada benéfica. Mis atributos son lo que son, y así quiero continuar. Disimular mis achaques como si fueran granitos de acné desdice mucho de la finalidad con que fui engendrada y de mi uso como instrumento de la perversión.

Pero, en fin. Otros monstruos se utilizan, como los jinetes del apocalipsis, como el hambre, la peste, la guerra, por este sabio ser humano tan hecho a la imagen de dios, sin que nadie se extrañe. De modo que unirse ahora para que el rebaño tenga lo que dicen que se ha buscado, transformando su voluntad como los compadres de Odiseo fueron convertidos en cerdos, con perdón, por esa maga divina, mi amada Circe.

La nueva quimera es este animal monstruoso de varias cabezas, distintas colas, lomos diferentes, y voraces ansias. No necesita este reino recurrir a las fábulas, no precisa del mito, va sobrado por él mismo, en manos de los divinos reyezuelos, de sus acólitos, de sus comparsas y de los necios que jalean la miseria y el fracaso. Es la modernidad, el piercing en la lengua del voto.

 

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Mi egregia figura está siendo muy utilizada en el reino. Concretamente su capital, Madrid, regida por una de mis secuelas, está tomando decisiones que me hacen justicia. El cambio de nombre de las calles, por ejemplo. Los Caídos de la División Azul. Era ridículo que un montón de héroes que dieron su vida por sus ideales, o simplemente mostraron un valor por encima del deber, y que han sido ejemplo para el mundo, tuvieran una calle como homenaje. Se reía de ello todo el mundo, que, bien es sabido, aborrece la hombría y la generosidad, falsas cualidades que ahora se suplen muy fácilmente. Y como este caso, muchos, algunos con nombres de general, cuya ejecutoria noble y leal sirve como trampolín para su derribo, ya que, dicen los magnates del municipio, ahora me toca a mí. No sé cuánto durará mi reinado, pero estoy pasándolo de lo lindo con estas coyundas políticas, que más hubieran querido los torpes griegos que me crearon.

Por cierto, propongo estos nombres: En vez de Plaza de España, Plaza del padrecito Stalin. Paseo de la Castellana, Paseo del 17 de octubre. Mártires de Paracuellos, 18 de Brumario, etc.

Os envío esta carta algo tarde. Esperaba que después de la repetición de elecciones no intentarías fabricarme de nuevo, pero veo que eso es un desiderátum inútil, así que, para no morirme de asco en el cajón de mi fabricante, me lanzo al aire de este blog volandero.

Con mis mejores deseos para esta nueva etapa de confusión y pillaje, os envío un espantoso rugido, toda vuestra,

Quimera.

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