Adeu, seny, adiós.

Hitler en Buckeberg (1934), en medio de la parafernalia nazi

ADEU, SENY, ADIÓS.

¿Os lo digo ya? Creo que la cosa está hecha. Ya se ha pactado una consulta light -¿se escribe así? Me niego a contrastar lo escrito con los estúpidos correctores  del gúguel et alia- y más tardé, verem… Creo que se acentúa. Pero soy castellá, de los de la sangre bermella, -o vermella, que entre el pedantísismo Vaugham, su gurú Elenita cuentacuentos y la subida a los alturas del british estoy de idiomas hasta el occipucio-. Además, mi ignara generación, en la que sólo leíamos, hacíamos doctorados, diplomaturas, cosas simples, carreritas en universidades repletas de docentes que se preparaban las clases y escribían libros… pues por desgracia cultivaba menos las lenguas extranjeras, entre las que no se incluía el euskaldún o euskera, el catalá, o tributario de la madre occitana, la lengua de OC, el depauperado galelo, los brillantres valenciá, balear o malloquí, que no es lo mismo que el mahonés, algo galibritanizado o los extraños andalusí, castúo, ovetense –te juro que hoy no compruebo nada, viva el altheimer- y el errabundo pitido de El Hierro… En esto de mi generación et circa no entran los muchos que dominaban el alemán –sobre todo filósofos- el francés lenguaje de los diplomáticos, y el perenne, pero no omnipresente y cansino, como ahora, inglés.

Y la cosa está hecha, digo, porque la política, si no es guerrera, es cobarde, y toca aguantar. Las palabras que oímos, las imágenes que vemos, los comentarios que leemos, son demoledores. Esto se cae, como las tetas y la llave inglesa.

Hace un porrón de poco tiempo, que son tres días, allá por los treinta –las figuras literarias sirven para contradecirse- una nación, histórica, con proyecto común, centenaria, castigadas por guerras de religión y de las otras, si es que hay otras, … No: No es España y el 31… ¡Malpensados!- la pangermania, elevó a los altares del imperio milenario a un líder, que llevó al mundo al caos un tiempecito. Todo el mundo estaba contento: les había convencido -¡a millones!- de que vivían injusticias históricas y era ya el tiempo de liberarse, de independizarse de las servidumbres del resto del mundo, que les oprimía, y sobre todo de quienes hasta entonces eran sus allegados, los ciudadanos que le había procurado riqueza y bienestar. ¡Todo fue estigmatizado, con la alegría y el consenso del ‘pueblo’. ¿Todo el pueblo? ¡No! ¡Pero ellos, los del desfile, decían que sí! Los mismo que luego en España, en el 36, unos se llevan las reservas de oro, y otros se arrogan el palio y las albercas, unos asesinan en Paracuellos, otros en donde toque, etc, etc.

Esas falacias sirven para que ‘los buenos’ diseñen falsos días de la infamia, como cuando  engañaron al mundo diciendo que no sabían que el sol naciente iba a atacar el puerto de la perla, -por eso se llevaron a los portaaviones-lo mismo que en el 98 dijeron que los españoles eran unos peligrosos asesinos  hundiendo sus propios barcos,  y haciendo trizas los restos decrépitos del imperio hispano.

La venganza -que es lo único divino que nos asemeja al hacedor- estaba escrita, en forma de H y A. Lo mismo sucedió cuando el lugarteniente del líder cósmico visitó al egregio gordo del puro, que no quiso pactar porque guardaba toneladas de bombas para Dresde y un porrón de trazos en los mapas del mundo.

 Cobardes apoyando sus mentiras en la buena gente, carne de cañón o de mani.

La historia se escribe en los contubernios de El Mundo, digo del mundo, y tiene las líneas más torcidas que un astigmata sin anteojos.

Ahora, por acortar el meandro, la cosa es más leve. Pero sigue siendo de cobardes. Cobardes los enmascarados que queman símbolos respetables y agreden a a quienes no piensan como ellos, los detentadores de la verdad. Y cuando se toleran sus atropellos a los derechos que todos pagamos, cobardes son quienes nos custodian. Cobardes y estúpidos los políticos empeñados en guadañarse las piernas con gilipolleces mientras el Congreso se llena de cagadas de paloma, mezcladas con la lluvia de estos providenciales goterones del otoño. Un aviso del cielo. La-Joy, el mandarínd de la paciencia, ordenará espelal. Y mientras tanto, como sucedió a los romanones, digo a los romanos, los bárbaros se apoderan de Bizancio. Y todos a cagar.

Adiós, seny, adiós. Cuando un montón de gente, cuatrocientos mil, se une de las manos, y dicen que son millones, aunque no salgan las cuentas de los metros ni de las pastas, no, de las patas no, del parné: Dicen que han pagado doce euros por persona, lo que multiplicado por dos millones –sin exagerar…- son 24 millones de eurazos, que da para un atraco. Digo para un reparto. Los políticos en Expaña son ricos, y Bar el Cenas lo sabe. Por eso andan tranquilos, los Bildu, con el presupuesto que les regaló el Constitucional, han acudido al país de Oc, ellos, que tampoco han tenido NUNCA un proyecto independiente histórico político. El mito de las nacionalidades históricas es un timo genial. Hace más de mil años que todos ellos se unieron a la gran Castilla, esquilmada para defenderlos, a lo largo de los siglos. Es pobre porque ha dado todo. Como Alejandro, que tenía sus tesoros en los bolsillos de sus amigos, ésos que acabaron asesinándolo porque aún querían más. Mas. Los que se cargaron a Julio porque era César, y mandaba. Mas.

Esta mañana, día de la Diada, conmemoración de un patriota español, Casanova, a quien se le atribuyen más mentiras que los textos académicos catalanes a la historia de España, los ángeles de la Providencia divina se han meado en el Congreso. A Obama también le ha pasado, aunque como ellos son más, -no digo Mas, porque este hombre, desde que sueña, se está oscureciendo como Luther- pues lo mismo es popó, en marronazo y está que trina porque le habría encantado, entre discursito y discursito, apretar el botoncito. Y los agujeros del techo, esa parte, allá por lo alto, tapando el cielo, o el raso, o al vecino de arriba, esa parte de la casa común que sirve para guarecer a sus habitantes y librarlos de las inclemencias del tiempo –oh tempora, oh mores!- esas caóticas goteras que han empapado los legajos y los Ipod, los Ipad, los Blutz, los móviles con sus wasas, o guasas, mensajitos, portátiles lloenos de faces y de twiters, las calvorotas coronillas y las melenas o desmelenas de las polis y sus prête a porter, son un símbolo que ya quisiera interpretar en el baño el bueno de Sigmund –el del Nibelungo, claro- o sea que esto no hay quien lo remedie, y hasta el cielo está contra el Estado.

-¡Ya mea el cielo,y no meo yo!

Mi tío Pepe lo recitaba, falso Zorrillo, Don Juan orgiveño, para mofarse del ripio: Llamé al cielo, y no me oyó.

¿Qué tal irá de próstata el president? ¡Mira que si encima duerme de un tirón!

Otras entradas de mi blog: www. amadorgarciacarrasco.wordpress.com

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