Fábulas del reino de Xi-Pan-Yá. (O sea, España). (4)

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7.-Cuando muchos piensan que es mejor recibir y no devolver.

Sucesos de XI-PAN-JA.

 

 

El reino de XI-PAN-JA vivía decenios de prosperidad,  manteniendo la paz interior –sólo turbada por los bandidos de las montañas del norte- con leyes ecuánimes y libertad para las transacciones comerciales.

De los vecinos reinos comenzaron a llegar oleadas de personas atraídas por la prosperidad y a veces la lenidad en la aplicación de la justicia que conlleva un tiempo largo de disfrute material, pues nadie quería complicarse la vida y se hacía la vista gorda ante ciertos desmanes.

De entre los inmigrantes había gente de toda laya, honradas familias, oportunistas pícaros e incluso delincuentes organizados.

Los dirigentes de XI-PAN-JA vieron en el aumento de población y de mano de obra una oportunidad única para enriquecerse, de tal manera que construyeron miles de casas destinadas a los inmigrantes en su mayoría. Les facilitaron créditos muy superiores al coste de las viviendas, sin otra garantía, y aquellos ciudadanos del reino  que tuvieron ocasión vendieron las suyas viejas a precio de oro. Fluía la plata como un río de lunas. Y todos estaban contentos.

Años después, tras cinco de pésimas cosechas y una extrema sequía, dejó de manar la fuente del dinero. Se habían acostumbrado todos a trabajar poco, a disponer de lo que precisaban y más, todo a cuenta de los financiadores y prestamistas, que calcularon mal el tiempo de sus beneficios. Entonces empezaron a impagar los créditos y la consecuencia fue el embargo y la expulsión de las casas, que habían adquirido sin esfuerzo y con dinero ajeno.

Los miles de afectados iniciaron una rebelión, apoyados por los sectores contrarios al gobierno, y pronto se extendió la idea de que el pago era ilícito y el retorno al financiador de su crédito, a través de la única forma que le quedaba, la casa, constituía un acto criminal.

Se instauró en XI-PAN-JA durante unos años un sistema benéfico, que arruinó a los empresarios establecidos y a los profesionales y trabajadores serios.  Las asambleas sustituyeron a los Consejos y a las administraciones reales. Los comerciantes y los funcionarios que no aceptaron las nuevas bases del falansterio emigraron, a su vez, a zonas de mayor seguridad jurídica. Se destruyó la historia y la filosofía porque apelaba al bien común por medio de reglas. Retornó en grado sumo la picaresca y fueron creándose grandes bolsas de lucro y de poder, sin control siquiera de los jueces y funcionarios engañados por el resol de la justicia, ya que había recibido falsas lecciones de ética.

Un día, alguien llevó un cachorro de tigre a la asamblea. Le dijeron:

-¿No ves que puede volverse peligroso? Ahora no, ahora es un gatito. Pero cuando crezca no podrás dominarlo.

El dueño del tigrecito sonrió. Era un taoísta, algo cansado de la demagogia de las asambleas.

-Es justo lo que sucederá con vuestros cachorros de tigre. Ya están creciendo, y pronto os saltarán al cuello para devoraros. Sólo que se trata de ideas y de palabras. El hombre que no se somete a la ley no se diferencia en nada de un animal.

Y se marchó, dejándoles pensativos durante los siguientes quince segundos.

 

 

Crónicas del ojo de gato.

Leyendas de los reinos del oeste.

Con poco viento cae al suelo torre sin cimiento.
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