Fábulas de Xi-Pan-Já. el reino del oeste. (7)

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10.- La confusión de lenguas.

 

Cuando el gobernador LI-KU viajaba con su séquito por el distrito de noreste de XI PAN detuvo su caballo junto a un patio del convento de MO-TSÉ, famoso por lo excelente de sus enseñanzas a BUDA y los cánticos de sus novicios. Jugaban éstos con la espontaneidad de todos los chiquillos sanos. Repentinamente, LI-KU escuchó algo que le llamó la atención. En la recepción con el lama prior se lo comentó.

-Amida BUDA. He oído cómo un muchacho llamado YULI es nombrado por otros como YULIU.

El lama lanzó una carcajada nada protocolaria, que se contagió a toda la comitiva.

-Llamad a ese chico, por favor.

Poco después entró en el recinto un joven espigado, a quien el gobernador pregunto:

-¿Cuál es tu nombre de casa?

-YULI, señor.

-¿Y sabes que te llaman YULIU? No es lo mismo.

-No, señor. YULIU significa burro salvaje. Suena parecido, pero en nada igual, señor.  Al principio me molestaba, pero es que ellos –señaló al exterior, donde sus compañeros aún retozaban por el patio- no lo hacen a propósito. No se dan cuenta porque nadie les enseña la lengua común del imperio. Sólo la particular del ducado.

El lama asintió. Era el momento de dejar clara la posición del más próspero ducado del reino.

-Si hay lengua propia, no es necesaria ajena. Y menos aquí. Pocos salen al mundo.

-¿Y si su señoría se llamase YULI? –Repuso el gobernador.

-No es el caso. Además, el Consejo escolar así lo decidió.

-Pero saben que la lengua oficial es de obligada enseñanza. No importa que se conozcan las demás; se acepta con gusto. ¿Qué me decís?

-No pueden ponerse puertas al campo ni acallar las voces de quienes hablan.

El gobernador reflexionó. Conocía bien al primer ministro LA-JO-I. Le gustaba que le dieran los problemas resueltos. No podía regresar con el entuerto sin resolver. Por un lado el no acatamiento de la ley. Por otro, la importancia del ducado del noreste.

-Bien –dijo al fin. Todos le escuchaban atentos-. A partir de ahora, ya que le dais tanta importancia como para quebrar la unión de las leyes del reino,  deberéis comunicaros, no sólo entre vosotros, sino con todo el mundo, dentro y fuera del reino, en vuestra lengua. La región se llamará YULIU, la de los burros salvajes, pues tanta gracia os hace el equívoco que lo mantenéis aunque suponga una ofensa para otros.

La orden fue estrictamente vigilada, y por tanto cumplida. Cuando alguien desconocía esa lengua, la comunicación verbal resultaba imposible.

Pero los políticos de YULIU estaban satisfechos con su aislamiento. Así manejaban a su gusto todas las riquezas. Disponían, además, de eunucos que realizaban las transacciones en su nombre.

Podían ser YULIU, pero no tontos.

Pasaron unos años. La población, que durante un tiempo siguió engañada, pensando que todo estaba igual o mejor, se percató de los errores de sus dirigentes. Sin embargo tenían tan arraigada la deformación de las enseñanzas del reino que apenas creían a viajeros y libros que contaban otra historia. Por eso, cuando cesaron aquellos gobiernos fueron reincorporándose al reino central, que era también el suyo, y vieron que prosperaban más con el uso de la lengua común además de la propia. Los falsificadores de la historia fueron desterrados por los propios dirigentes, abiertos a la verdad.

El ducado del noreste dejó de llamarse YULIU y retornó a sus mejores tiempos.

 

Crónicas de los viejos reinos.


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