Archive for 7 abril 2013

Fábulas (10) de Xi-Pan-Ya.

7 abril 2013

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13.- EL DUQUE VANIDOSO

LA-XUÍ, primer ministro del reino de XI-PAN, salió en su carroza. Sumido en sus pensamientos, preocupado por los graves problemas del reino, adoptaba una actitud reflexiva y serena, sin darse importancia alguna. Quienes le saludaban admiraban lo sencillo que era, sin darse ninguna importancia.

En medio de la carretera el coche del primer ministro tuvo que dejar paso a una enorme carroza, guiada por fogosos caballos negros, enjaezados ricamente. Hasta el cochero parecía más importante que LA-XUÍ.

-¿De quién es esa carroza tan lujosa, guiada con tal prepotencia que hasta el primer ministro tiene que apartarse para evitar un choque mortal? –Se preguntaba la gente, sacudiéndose el polvo levantado al galope de las caballerías.

-Es del duque de PU-YÓ –contestaron algunos, con los ojos llenos de miedo y de envidia. Viene a pedir dinero para los gastos de su gobierno.

-¡Pues ya podía comportarse con más modestia! ¡Más que a pedir, por su conducta parece que viene a tomar algo por la fuerza! ¡Ese LA-XUÍ debería darle una lección!

 

De las crónicas de YEN-SI. El duque vanidoso.

 


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Fábulas (9) de Xi-Pan-Ya.

7 abril 2013

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12.-EL AMBICIOSO QUE QUERÍA MÁS Y MÁS.

Se cuenta que los duques de KI-LU, en los tiempos del gran reino unificado de XI PAN, combatían ocultamente contra el mismo llevados por su ambición. En una ocasión, el duque MÁ, que gustaba de manifestar en alta voz sus pensamientos y deseos, dijo que le gustaría poseer todo el oro del mundo.

-Bien, entonces, cuando lo tengas –le contestó uno de sus ministros- podrás ayudar a todo el que lo necesite.

-¡Pero qué dices! ¡Más lo necesito yo!

De modo que se le vio el plumero y todos le abandonaron, por no conformarse con lo mucho que posee sino  querer incluso lo que no tenía.

 

Memorias de Sang Yang. El oro del sueño.

 

 

 


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Fábulas del reino de Xi-Pan-Ya.

7 abril 2013

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11.-No rompáis el vaso de jade.

 

En el reino de XI-PAN los rebeldes del norte estaban cada día más crecidos, ante la pasividad de los gobernantes. “El tiempo resuelve los problemas, y en época de crisis es mejor no mover las cosas que apestan”.

Recriminaban desde su propio partido al primer ministro LA-XUÍ que permanecía más tiempo reflexionando en los jardines de su palacio que acudiendo a luchar contra a las provincias donde surgían focos de rebelión.

-No iré a meter la cabeza en la boca del tigre –dijo a sus consejeros. Y ordenó que esperasen mejor ocasión para combatir.

Algunos, no satisfechos, exigieron su presencia al frente de las tropas. Era imprescindible  -decían- apoderarse del cabecilla, un escurridizo guerrillero,  y cargarle de cadenas.

LA-XUÍ les llevó a un granero repleto de trigo. Podían escucharse los ruidos de las ratas comiéndose el grano. Entonces dijo, señalando a un cuervo, que picoteaba de vez en cuando:

-¿Pedirá la rata grano al cuervo? Si no podemos encontrarla, dejen que se harte y reviente. Si vamos allí, a pelear, destruiremos parte de nuestro reino, porque toda guerra desgasta y si vamos a dialogar, las ratas nos pedirán aún más trigo y seremos como el cuervo que picotea lo que sobra.

Aún insistieron, y finalmente LA-XUÍ, alzando su vara de gobierno, con el sello del emperador, vociferó:

-¡No romperé el vaso de jade para atrapar a la rata! Vale más el prestigio del imperio que una pandilla de facinerosos que serán desenmascarados o muertos por sus propios seguidores.

Todos comprendieron que, a veces, como decía UT-SÚ, la mejor batalla es la que no se libra nunca. Y alabaron la discreción del viejo LA-XUÍ.

Y, en efecto, la rebelión fue perdiendo fuerza y los cabecillas acabaron colgados.

El vaso de jade es un objeto precioso. No vale la pena golpear con el para intentar acabar con la rata.

 

 

Anales del reino de Qing.

 

Los duques de KI-LU

 

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Fábulas de Xi-Pan-Já. el reino del oeste. (7)

6 abril 2013

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10.- La confusión de lenguas.

 

Cuando el gobernador LI-KU viajaba con su séquito por el distrito de noreste de XI PAN detuvo su caballo junto a un patio del convento de MO-TSÉ, famoso por lo excelente de sus enseñanzas a BUDA y los cánticos de sus novicios. Jugaban éstos con la espontaneidad de todos los chiquillos sanos. Repentinamente, LI-KU escuchó algo que le llamó la atención. En la recepción con el lama prior se lo comentó.

-Amida BUDA. He oído cómo un muchacho llamado YULI es nombrado por otros como YULIU.

El lama lanzó una carcajada nada protocolaria, que se contagió a toda la comitiva.

-Llamad a ese chico, por favor.

Poco después entró en el recinto un joven espigado, a quien el gobernador pregunto:

-¿Cuál es tu nombre de casa?

-YULI, señor.

-¿Y sabes que te llaman YULIU? No es lo mismo.

-No, señor. YULIU significa burro salvaje. Suena parecido, pero en nada igual, señor.  Al principio me molestaba, pero es que ellos –señaló al exterior, donde sus compañeros aún retozaban por el patio- no lo hacen a propósito. No se dan cuenta porque nadie les enseña la lengua común del imperio. Sólo la particular del ducado.

El lama asintió. Era el momento de dejar clara la posición del más próspero ducado del reino.

-Si hay lengua propia, no es necesaria ajena. Y menos aquí. Pocos salen al mundo.

-¿Y si su señoría se llamase YULI? –Repuso el gobernador.

-No es el caso. Además, el Consejo escolar así lo decidió.

-Pero saben que la lengua oficial es de obligada enseñanza. No importa que se conozcan las demás; se acepta con gusto. ¿Qué me decís?

-No pueden ponerse puertas al campo ni acallar las voces de quienes hablan.

El gobernador reflexionó. Conocía bien al primer ministro LA-JO-I. Le gustaba que le dieran los problemas resueltos. No podía regresar con el entuerto sin resolver. Por un lado el no acatamiento de la ley. Por otro, la importancia del ducado del noreste.

-Bien –dijo al fin. Todos le escuchaban atentos-. A partir de ahora, ya que le dais tanta importancia como para quebrar la unión de las leyes del reino,  deberéis comunicaros, no sólo entre vosotros, sino con todo el mundo, dentro y fuera del reino, en vuestra lengua. La región se llamará YULIU, la de los burros salvajes, pues tanta gracia os hace el equívoco que lo mantenéis aunque suponga una ofensa para otros.

La orden fue estrictamente vigilada, y por tanto cumplida. Cuando alguien desconocía esa lengua, la comunicación verbal resultaba imposible.

Pero los políticos de YULIU estaban satisfechos con su aislamiento. Así manejaban a su gusto todas las riquezas. Disponían, además, de eunucos que realizaban las transacciones en su nombre.

Podían ser YULIU, pero no tontos.

Pasaron unos años. La población, que durante un tiempo siguió engañada, pensando que todo estaba igual o mejor, se percató de los errores de sus dirigentes. Sin embargo tenían tan arraigada la deformación de las enseñanzas del reino que apenas creían a viajeros y libros que contaban otra historia. Por eso, cuando cesaron aquellos gobiernos fueron reincorporándose al reino central, que era también el suyo, y vieron que prosperaban más con el uso de la lengua común además de la propia. Los falsificadores de la historia fueron desterrados por los propios dirigentes, abiertos a la verdad.

El ducado del noreste dejó de llamarse YULIU y retornó a sus mejores tiempos.

 

Crónicas de los viejos reinos.


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Fábulas del reino de XiPanJa. (6).

6 abril 2013

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9.- Cada cuál a lo suyo.

 

Un acólito de sacerdote taoísta cargaba la lira de su señor por el escenario. Era frecuente en XI PAN, donde todo el que alcanzaba un rango determinado se rodeaba de servidores.

-¿Por qué lo haces? –le censuraban-. ¡Deja que él cargue su peso!

El acólito negó con la cabeza, suavemente, con un balanceo al estilo del Qi-Gong.

-Entonces no la tocaría tan bien. Se le entumecerían las manos con el peso. Yo prefiero escuchar su buena música antes que vaguear.

 

 

Historias sueltas de FEN-YING.


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Fábulas. (5)

6 abril 2013

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8.- El juez descuidado.

 

El juez  A-LE-U, discípulo del gran juez mítico PA-CHU-GONG, se quedó dormido con el pincel entre los dedos. Así, se pasó la hora de dictar sentencia y el criminal TO-BA-MING, el más buscado del reino, pudo salir impune y huir con sus ganancias.

-No hay derecho a considerar esto una negligencia –se defendía el juez de la recriminación por su desidia-. Pesan sobre mí demasiadas responsabilidades y una escasa remuneración. El Yin y el Yang no se cuadran. Debería haber más presupuesto para equilibrarlos.

 

De los Anales de los reinos perdidos.

Siempre puedes encontrar a alguien a quien culpar.
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Fábulas del reino de Xi-Pan-Yá. (O sea, España). (4)

6 abril 2013

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7.-Cuando muchos piensan que es mejor recibir y no devolver.

Sucesos de XI-PAN-JA.

 

 

El reino de XI-PAN-JA vivía decenios de prosperidad,  manteniendo la paz interior –sólo turbada por los bandidos de las montañas del norte- con leyes ecuánimes y libertad para las transacciones comerciales.

De los vecinos reinos comenzaron a llegar oleadas de personas atraídas por la prosperidad y a veces la lenidad en la aplicación de la justicia que conlleva un tiempo largo de disfrute material, pues nadie quería complicarse la vida y se hacía la vista gorda ante ciertos desmanes.

De entre los inmigrantes había gente de toda laya, honradas familias, oportunistas pícaros e incluso delincuentes organizados.

Los dirigentes de XI-PAN-JA vieron en el aumento de población y de mano de obra una oportunidad única para enriquecerse, de tal manera que construyeron miles de casas destinadas a los inmigrantes en su mayoría. Les facilitaron créditos muy superiores al coste de las viviendas, sin otra garantía, y aquellos ciudadanos del reino  que tuvieron ocasión vendieron las suyas viejas a precio de oro. Fluía la plata como un río de lunas. Y todos estaban contentos.

Años después, tras cinco de pésimas cosechas y una extrema sequía, dejó de manar la fuente del dinero. Se habían acostumbrado todos a trabajar poco, a disponer de lo que precisaban y más, todo a cuenta de los financiadores y prestamistas, que calcularon mal el tiempo de sus beneficios. Entonces empezaron a impagar los créditos y la consecuencia fue el embargo y la expulsión de las casas, que habían adquirido sin esfuerzo y con dinero ajeno.

Los miles de afectados iniciaron una rebelión, apoyados por los sectores contrarios al gobierno, y pronto se extendió la idea de que el pago era ilícito y el retorno al financiador de su crédito, a través de la única forma que le quedaba, la casa, constituía un acto criminal.

Se instauró en XI-PAN-JA durante unos años un sistema benéfico, que arruinó a los empresarios establecidos y a los profesionales y trabajadores serios.  Las asambleas sustituyeron a los Consejos y a las administraciones reales. Los comerciantes y los funcionarios que no aceptaron las nuevas bases del falansterio emigraron, a su vez, a zonas de mayor seguridad jurídica. Se destruyó la historia y la filosofía porque apelaba al bien común por medio de reglas. Retornó en grado sumo la picaresca y fueron creándose grandes bolsas de lucro y de poder, sin control siquiera de los jueces y funcionarios engañados por el resol de la justicia, ya que había recibido falsas lecciones de ética.

Un día, alguien llevó un cachorro de tigre a la asamblea. Le dijeron:

-¿No ves que puede volverse peligroso? Ahora no, ahora es un gatito. Pero cuando crezca no podrás dominarlo.

El dueño del tigrecito sonrió. Era un taoísta, algo cansado de la demagogia de las asambleas.

-Es justo lo que sucederá con vuestros cachorros de tigre. Ya están creciendo, y pronto os saltarán al cuello para devoraros. Sólo que se trata de ideas y de palabras. El hombre que no se somete a la ley no se diferencia en nada de un animal.

Y se marchó, dejándoles pensativos durante los siguientes quince segundos.

 

 

Crónicas del ojo de gato.

Leyendas de los reinos del oeste.

Con poco viento cae al suelo torre sin cimiento.
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Fábulas del reino (3)

5 abril 2013

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6.-KA-DA-LÍ y el juez LAO-TSÉ.

 

En el reino de XI PAN no era infrecuente pasar de la gloria al menosprecio e incluso al exilio.

Cuando el segundo hijo del tercer sobrino del gran emperador KUNG-FÚ cayó en desgracia, le llevaron atado de pies y manos a la sala del juez LAO-TSÉ. El viejo parecía dormitar, aunque en realidad conversaba con los ancestros.

-Te traemos este despojo. –En verdad, KA-DA-LI estaba demacrado y parecía temer lo que le esperaba-. Para que nos autorices a colgarlo.

El gran LAO destrenzó sus dedos, que había enlazado en una maniobra tan difícil que alguno crujió al desenredarse, y fu preguntando a cada uno por su nombre. Sólo omitió al verdugo, que estiraba la soga como si preparara los fideos para la sopa.

-Yo soy KA-LA, segundo sobrino del jefe de guardia de palacio.

-Yo me llamo JE-TA, y soy el cuñado menor de la concubina de LIANG, el administrador de la casa de gobierno.

Y así todos fueron diciendo su nombre y algún rasgo de su familia. Todos ellos tenían lazos de afinidad con alguna persona influyente, que les había facilitado el acceso al puesto que ocupaban o a los ingresos que obtenían.

Cuando hubieron terminado, satisfechos por cuanto se sentían orgullosos del nepotismo de que eran objeto, LAO preguntó qué cargos achacaban a KA-DA-LI para pedir su muerte.

-¡Se ha aprovechado del nombre del gran rey para enriquecerse!

LAO-TSÉ pareció comprender. Al menos asentía con los ojos semicerrados.

-¿Y ha hecho mal a alguien? –Preguntó.

-¡Se ha lucrado usando el nombre del emperador! –Repetían una y otra vez los acusadores-.

-Lo ponía por delante para ganarse voluntades –ratificaba otro.

-¿Mover las voluntades hacia el mal? ¿O en dirección al bien? Lo que ha hecho, ¿es malo? Inquirió LAO-TSÉ.

-Le han pagado por ello. Más de lo que su trabajo vale.

LAO-TSÉ sonrió.

-¿Y quién ha fijado los precios? ¿Los ha exigido a cambio de algo o para evitar algo? ¿O en contra de alguien?

-¡Basta con prevalerse de ese rango para ser culpable! –Vociferaron.

LAO-TSÉ pidió papel y tinta. Comenzó a escribir con trazos seguros. Ponía en primer lugar el nombre de cada acusador para dirigirse a ellos seguidamente.

-Tú,  KA-LÁ,  ¿estarías en ese puesto si no fueras el segundo sobrino del jefe de guardia de palacio? ¿Tendrías el sueldo que tienes? ¿Te has aprovechado de ese parentesco?

Antes de que contestara el primero, ya se dirigía LAO al siguiente de la lista.

-¿Y tú, JE-TA, ¿no has utilizado en tu beneficio la afinidad con LIANG, el administrador de la casa del gobierno?

Y continuó.

-Y tú…. ¿No eres amigo de…? ¿No es esa la razón de que estés ocupando un lugar de privilegio en las cocinas de palacio?

Y así con todos.

Finalmente, LAO-TSé, adoptando el aire solemne del juez al dictar sentencia, dijo:

-Todos sois reos del mismo delito y merecéis la misma condena. Ésta debe ser ecuánime y no dar peor castigo al de mayor jerarquía en sus corruptelas. Y también son reos quienes os han nombrado y os mantienen.

Luego se dirigió al verdugo.

-A ti no te he preguntado porque necesito a alguien como brazo ejecutor de la justicia. Y tampoco confiaba en tu inocencia.

El verdugo, que había conseguido su puesto por la influencia de la primera concubina del segundo señor de la Mansión Roja, calló.

Entonces, LAO-TSÉ, investido de la autoridad del sello imperial, hizo un gesto a los guardias.

-Apresadlos a todos y a sus mentores, y a sus parientes, a todos los que les han favorecido  o se han visto favorecidos por ellos. Y tú –dijo al verdugo- vete a por más cuerda.

Se iba el verdugo, temblando, aunque era un rudo hombre de las montañas. LAO-TSÉ, que aparentaba seguir dormitando, le gritó:

-¡Mucha más! ¡Mucha más cuerda!

 

Anales de los jueces míticos.

Historia de LAO-TSÉ

A la corta o a la larga, todo se paga.
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