Jueces.

Desde que se descubrieron los derechos del hombre y del ciudadano, los derechos humanos y su afortunada secuela pragmática, han aplicado la ley, o han ayudado a transformarla. Pero nunca la habían tildado de inicua, por mucho que lo fuera: simplemente se iban, si tenían dignidad, y su visión ética chocaba con las leyes. Pero ningún juez católico ha dimitido cuando se han aprobado leyes contra natura, como el matrimonio homosexual -que nada tiene que ver con el reconocimiento de la igualdad de derechos a los homosexuales, aislados o en grupo- y las leyes proabortivas. A algunos les han echado de la carrera judicial por aplicar la equidad sobre el literal, como sucedió con el juez que dio un permiso al hijo de un separado para participar en una procesión de Semana Santa. Las leyes pueden ser perversas, cuando emanan de legislativos perversos, como hijos de su progenitor. Entonces no cumplen la función que la ley debe tener, y que a veces, muchas, se le escaquea al derecho, es decir, ser justas, o tender a la justicia. La interpretación de una ley en el estado de derecho puede poner en tela de juicio su aplicabilidad, y la Constitución tiene cauces para que los jueces así lo planteen en la cuestión de inconstitucionalidad. La Constitución y las leyes se renuevan, cambian como decía Homero de las hojas de los arboles. Nuestra norma fundamental, para entendernos, determina tan claramente la protección de los derechos que resulta extraño escuchar la voz de algunos miembros del judicial, ese tremendo poder, asumiendo la justicia del cadí, a varazos con la ley. A nadie le gustan los desahucios, e imagino que a los Bancos tampoco. ¿Qué hacen con ese mogollón de activos que nadie quiere? Algunos aseveran que abaratar el mercado. ¿Qué dice la ley ante el impago de una deuda vencida y exigible? ¿Qué hay de los arrendadores, cuando su inquilino no les paga? ¿Dejarán de percibirse las tasas judiciales por la interposición de procedimientos de ejecución hipotecaria? Y si se cobran, ¿por qué no se siguen conforme a la ley? ¿Por qué cada vez más se entorpece la tramitación profesional y de buena fe de estos enojosos asuntos?  Búsquese la equidad social y la mediación, presiónese a quien corresponda para que se active la economía, pero, por favor, cúmplase la ley, lo único que nos distingue de las bestias. Y ya ni eso. ¿Es mala la ley? ¿O se trata de otro problema? No es la ley la culpable de los desahucios, es que no se paga. Ahora bien, dispóngase de humanidad y de criterio, como creo que se hace, y más debería hacerse, en casos especiales. Pero no digamos que debe modificarse una ley que protege simple y llanamente otro derecho fundamental. Si los jueces y los secretarios quieren ser pedagogos sociales, bienvenidos al gremio de los autónomos, pero mientras sean un poder del Estado, y además supuestamente independiente, apliquen con rectitud y sabiduría la ley así como la equidad cuando proceda. La demagogia y el oportunismo siguen siendo patrimonio de los políticos, y eso es lo que sucede: la contaminación de los tribunales. A río revuelto están haciendo su agosto los oportunistas, y como esa buena mujer que fomenta la mendicidad y sus mafias rellenando el vasillo del mendigo, muchos creen que socavar el orden es parte de la nueva ley de la real calle española. Los bancos tienen mucho que rectificar y la sociedad mucho que recibir, pero así, no.

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