Quintín Racionero

 

 

No se me ha muerto del rayo. Luchando, de pie. Sereno.

Pero se ha ido. Ya estaba cansado, quizás, y cerró los ojos.

Luchador, años de dolor injusto, se cebó en él un hado maldito.

Nunca se quejó, y eso le envidio: la armonía. Olímpico.

Talento evidente, fácil, un vaso de agua clara, lenguaje.

Eso no podía envidiarlo: fascinaba. Fascina, siempre.

Sus ojos. Expresión, hondura. Inteligencia. Discreción.

Valor, pedagogía, sentimiento, ejemplo.

 

A veces el alma se percibe, en vida. Zubiri habla de la realidad

Que se trifurca: psicosomáticoespiritual. No; yo digo el alma.

 

Me dices que estás bien, ausente, presente. Que hagamos bromas

con las cosas serias, porque no lo es la vida, que nos llora

paradójicamente, Fecisti nos Domine ad te… Sonreiremos

porque lo quieres, lógica y misterio.

 

Siempre enseñando.

 

Sic tibi terra levis.

 

Cum subit illius tristísima noctis Imago…

 

Nec quae fugit sectare nec miser vive…

 

Se agolpa como un torrente la memoria

la que precedió y la que seguirá,

en lo que ellos dijeron, Ovidio, Cátulo… Humanista, poeta, filósofo, compañero, amigo.

Una respuesta to “Quintín Racionero”

  1. jorgeracionero Says:

    Desde dentro, hundido en el fondo, esperando no haberle defraudado, con el mismo carino….

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