Mercadona.

La revista Capital sabe que en España no se soporta el triunfo ajeno. Ya decía el autor de ‘Los siete pecados capitales españoles’ que la ENVIDIA era el primero, con diferencia. Si pudiera venderse la bilis generada por los veinte millones de euros que Amancio Ortega ha donado a Cáritas -ya que le ponen la tilde al latinajo- o los éxitos de Roig, exportaríamos cargueros repletos a toda la galaxia. Por eso ahora sale con la doble cara de Mercadona, y sugerencias de que no es oro todo lo que reluce. Desde luego, si alguien ha conseguido que se trabaje contento, ser generoso y crear riqueza, además de satisfacer a los pobres consumidores, y a los ricos, pues bienvenido sea. No creo que ganduleando y tertuliando, o con los reality o la matraca del amado fútbol se consiga mucho más. Ni con las subvenciones, las huelgas y las peleas de corral de políticos, aspirantes al poder y público en general. Las élites -aquí pongo yo la tilde, a contracorriente- siempre han acabado con un agujero de puñal en sus Idus de marzo.

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