A Samia Yusuf Omar, que compitió en los Juegos de Pekín 2008, muerta intentando llegar a Italia por mar. La atleta que negó serlo por miedo a Al Qaeda.

Mientras otros estamos de vacaciones, tú, delgada mujer somalí, que buscas la libertad, el regreso a una Ítaca inventada; mientras nos debatimos entre las ideas y las mentiras, hablando de juegos políticos y falsas hambres, tú, atleta que huyes de la sombra negra, nos dejas, con la mirada ausente.

 

No busques el vacío, siéntelo,

y entonces, con la lengua en el paladar,

la boca cerrada, sabrás que has muerto.

No importa la muerte. La soledad lo es.

Y estar muerto o solo es lo mismo,

de modo que no sufras

ni por una cosa ni por otra.

Negarse es negarlo todo.

Triste está mi alma, dijo el Nazareno,

y por eso no es completa su redención.

La vida que transcurre, mientras miramos

pasar los días, mientras miramos

cómo viven los otros, es propia de esclavos;

hemos firmado con la primera célula

un destino- Y cada día ese demonio, el tiempo,

nos pasa su contrato por la cara.

 

Un beso de despedida.

Hasta pronto. Siempre es pronto para estas cosas tan lejanas.

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