DOLOR

“Un fotón que contacta con un semiconductor libera un electrón”. M. afirmó pausadamente, atenuando el movimiento asnal de su cabeza, de forma progresiva, conforme iba percatándose del acierto. No entendía ni palabra de aquella jerga, pero estaba convencido no sólo de que era verdad, la única verdad no discutible -el la llamaba ‘ponciable’ o ‘pilotable’, pero sólo en su interior, porque manifestar el adjetivo atraería comentarios sarcásticos del oyente- sino la que iba, en definitiva, a ayudarle. Ojeó de nuevo el catálogo de las Compañía “El bien vivir”, y disfruto reparando con fatigosos ojos en el escolio: “Eudemonología casera”, que le fascinaba. Del griego le gustaba hasta el idioma, y no comprendía cómo una nación cuyas esculturas mostraban el segundo dedo del pie más largo que el resto podía estar al borde del caos. “La historia”, pensó.”Unas nuevas Guerras Médicas”. Sus adjetivos eran desdeñados, pero nadie ponía en duda -tal vez porque estaba ya impreso en la Enciclopedia Británica- que ese otro de ‘médicas’ no se refería al Colegio de Hipócrates o Epicuro o Asclepio, sino a los medos, de la Media, esos bárbaros sin penacho.

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