ESPAÑA Y LA FEDERACIÓN DE ESTADOS EUROPEOS.

Es el título de un opúsculo mío de hacer un montón de años, allá por los tiempos en que había más CEE que UE y éramos poquitos. Alguna profecía dice que no podrán unirse más de doce estados en Europa. Los de Eurovisión no se han enterado.

En aquel momento nos preocupaba a los ignorantes alguna cosilla de la futura unión -Unión- europea, como la armonización fiscal. Estudiamos en concreto algunos aspectos de ese problema en las compañías -Compañías- de seguros, materia sobre la cual publiqué algo en la ínclita Revista española de seguros y en La Ley cuando tenía revistilla.

Y ese título, que andará por la hemerotecas -no tengo ganas de buscarlo, y además para el bicho raro o la bicha rara que me lee basta mi palabra- adquiere total actualidad en este momento de despiste. El gobierno tecnócrata que nos asiste se habrá dado cuenta -pese a su estúpido tratamiento de las llamadas crisis financieras en el plano de la comunicación interna y exterior- que, de seguir así, la única forma de permanencia en este tinglado es la federación. Un imposible completo, si eso existe, contando con los vetos de Catalonia y Vasconia, ya que, partiendo de la base del artificio comunitario, mucho más artificioso sería aceptar un federalismo auténtico, al estilo USA.

Por esa imposibilidad -a mi juicio- de construir una federación de estados europeos, dejé de profundizar en mi tesis y empecé otra que también es imposible: la primacía del derecho en la transformación de los modelos.

Puestos a cosas imposibles, como los objetos de Escher, no sería extraño que un referéndum acerca de la readaptación de  la soberanía nacional -que está perdida en el modelo actual, aunque no se diga tan clarito- para ajustarla a la federación europea, hiciera gracia a los votantes, y saliera, por los pelos, que sí, que allá vamos.

Pues vayan pensándolo, porque alguien ha decidido cargarse el euro, con ciertos motivos y algunas razones, y está en vías de conseguirlo.

Los pasos para este nuevo viaje son igualmente complicados. El primero pasa por aceptar que la cuadratura del círculo impulsada por los germanos -a la señora Merkel no la aguantaba ni su compatriota Köl- comprenda que así no vamos a ninguna parte. Es el paso más difícil, pues, como todo el mundo sabe, cuando a los alemanes se les mete algo en la cabeza sólo sale tras ímprobos esfuerzos, desgastes inútiles y pérdidas cuantiosas. Una solución sería que la citada perdiera -como es posible- las próximas elecciones.

Los pasos siguientes serían peliagudos en países como España. ¿Cómo van a ponerse de acuerdo en algo tan complicado partidos y liderillos y acólitos que no sólo no concuerdan en nada y se pelean por todo, sino que lo hacen pensando que es su obligación? De eso intentan convencernos cada día. “¿Veis qué bien lo hago? ¡Cómo pongo a parir al adversario!” (En la jerga políticamente incorrecta como la mía, el masculino incluye el femenino, como debe ser. Ya han caído en la simpleza de la demofilia hasta los escritores de tronío, que no se averguenzan de sus ‘lectores y lectoras, adictos y adictas, alumnos y alumnas, puñetos y puñetas’).

Volviendo a lo de poner a caldo al otro, en política -ejemplo de mala educación- la culpa es de Fraga, q.e.p.d., por decir aquello del gobierno en la sombra de su majestad, y de que la obligación de la oposición es atacar -¿o dijo criticar?- al gobierno.

¡Británicos!

Por cierto, ¿cuándo habrá pruebas de acceso para ejercer la política?

No lo digo por nuestros políticos, que como los económicos y los religiosos y los comunicantes y los demás, están fuera de sospecha, sino por el presidente de la federación de estados europeos. A ver si nos van a colar a un suizo, doctor en filosofía, que ni está ni se le espera.

¡¿Suiza?! ¿La de los sesenta mil millones figados de Spain este mesecito? ¡Como siempre! Por algo no quiere meterse en el ajoueuro.

Propongo que salga por el sistema de Eurovisión. Para que U.K. se quede el último y comiencen los suecos. ¿Esos sí están? Me lío con los nórdicos y tanto nombre raro.

Y ahora en serio, mi homenaje a los grandes profesores de derecho internacional de la Complutense, que tuve el honor de conocer, en especial D. Mariano Aguilar Navarro y D. Fernando Mª Castiella y Maíz. Tan distintos física y políticamente, ambos profundamente estudiosos, hombres de bien, excelentes profesores, maestros, sobre todo, maestros.

Gracias.

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