INDIGNADOS.

Despiertan simpatía y comprensión. ¡Cómo no! Muestran que es necesario oponerse a la injusticia. Son apoyados por intelectuales y no siempre son jóvenes. Faltaría más. También reciben el placet de snobs -en particular los mimados del espectáculo, tan bien avenido con la fanfarria del papanatismo- e incluso de gurús y de ricachones, sobre todo en la tele. Escritores eximios les apoyan y estimulan, tal vez a la busca del tiempo perdido. Y yo aún no sé de qué va el rollo. He hecho mi pequeña encuesta, por deformación de buscador de la verdad -pobre lector de mitos- y encuentro un núcleo fuerte de ruido hueco e ignorancia, una corteza de furia y griterío, una masa a media levadura, sin cocer, y un montón  de curiosidades y frustraciones. Rebelde como he sido y aún soy, me incluyo entre los ignorantes y los olvidadizos, pero sobre todo, entre los frustrados. Y me indigno de que haya tanto perdulario entre los indignados, casi como entre las Escuelas de filósofos y economistas con nombre de ciudades alemanas casi siempre, o en los valles fértiles de silicona y facetwitter. De modo que regreso al valor perdido de entre los valores, la autenticidad, lo que confirma si uno tiene o no eso que antes se llamaba personalidad y ahora se confunde con la jeta y la mala educación -si es que hay otra-. Y creo que entre la prima de riesgo -que es pariente de un amigo temerario- y el corralito que me dejan  los inquilinos morosos o ausentes, y el desconcierto que me produce fautamente Steiner, sólo me queda el sueño, ese lugar neutro donde uno desaparece, a Dios gracias. Porque, según leo en la crónica de José Martínez Garrigós -cita literal, suyo es el copyrigth- “…si usted piensa como el distinguido crítico literario George Steiner, que la literatura ha muerto, o como el Nobel de Literatura del 2001, el trinitario V.S. Naipaul, que declaró que jamás volverá a escribir una novela ya que el género le da asco, entonces le recomendamos, leer sin parar los ensayos de Vargas Llosa, el que sugerimos obligadamente es El Viaje a la ficción, donde al menos nosotros nos enamoramos y nos adentramos en la gran obra del escritor uruguayo Onetti para refutar a Steiner y demostrarle a él y a Naipaul, que la novela con estos genios latinoamericanos, jamás llegará a su fin, ya que las obras de genios como Onetti son interminables, siempre en la relectura, se encontrará algo nuevo, pero sobre todo algo mágico en estos grandes escritores…”. (Termina aquí el párrafo farragoso y mal puntuado del citado).

Porque entre Joyce y Onetti consumí una tarta completa de benzodiazepinas, Ulisses y El astillero. Les amo, como a amores imposibles, genios, sí, pero lejanos. Vargas es, sin embargo, demasiado próximo. Tan humano que dan ganas de votarle. El egipcio aún no me ha tocado -larga lista previa de espera- pero ahora no sé si leerle, no sea que a mi también me de asco la novela, ahora que empezaba a corregir mis largos y banales discursos para darles alguna forma aproximada a los desvaríos suicidas de la adorada Madame Bovary.

 

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