Champions.

El ‘clásico’ Barcelona-Madrid se ha llevado por delante las aspiraciones de los dos equipos en la Copa de Europa, o como se dice ahora, en la Liga de campeones.

Los dos mejores equipos de Europa se enfrentaron en su lucha particular, como gladiadores en el Circo romano. Extenuados, llegaron el martes y el miércoles a sus encuentros con el Chelsea y el Bayern a medio gas, como humanos que son, y no dioses del Olimpo.

Messi falló un penalty. Cristiano, lo mismo. Ingleses y alemanes, además de chinos y medio mundo, se llevan las manos a la cabeza. Yo, no.

Los equipos rivales partían de una abrumadora ventaja. En el caso del Barcelona, un día antes, y en el caso del Madrid, un árbitro insólitamente permisivo con las faltas constantes de algunos jugadores del Bayern coadyuvó a la derrota.

A Granero le hicieron un penalty no pitado. ¿Fue estúpido? Claro, como el de Pepe. Pero éste significó el gol de la derrota. Desde ese momento el partido estaba sentenciado.

El Madrid debió echar el resto para meter el tercero en el primer tiempo. Fue la clave. Pero prefirieron mantener la ventaja, tan falsa como una moneda de yeso.

Y Mou les agotó. Benzemá deambulada por el césped como un zombi. Ronaldo había perdido su fuerza, como Sansón.

Los germanos perdonaron mucho, y eso debía haber dado al Madrid la fuerza del viejo aforismo: quien perdona, acaba perdiendo.

El fallo de los penalties fue clamoroso, desde luego. Sobre todo el de Kaká. Porque él es un supuesto crack, especialista, y estaba freso como una lechuga. Se le ocurre repetir el gesto de Cristiano, y al portero sólo le cabía hacer lo propio.

Casillas, increíblemente portentoso, sacó en el segundo una manopla legendaria. Le redime de fallos ingenuos en otras ocasiones, no muy lejanas.

El Madrid llegó al área en tres ocasiones de gol cantado y falló las tres; el Bayern, lo mismo en dos.

Un partido raro, en el que desde el minuto treinta yo resoplaba, diciendo: No me gusta, no me gusta.

Y pasó lo que pasó. Siento no haberme equivocado.

Y a lo que iba: El Clásico se ha cargado a los dos equipos. Espero que, al menos para el Madrid, haya valido la pena y gane la Liga.

Nunca ha habido mejor ocasión para ganar la Décima. El gol en fuera de juego de Munich y lo ya comentado de ayer, sin embargo, han dado al traste con todo. Es el fútbol, un gran deporte, que, árbitros aparte, como en la ley de los grandes números, al final recompensa siempre a los mejores.

Y la estadística dice que el mejor de los últimos años es el Barsa, sucesor del Gran Madrid, que aún puede recuperar la vieja gloria, quizás el próximo año. ¡Pero atacando al hueco, donde no está el enemigo! Los pases de los Xavi el culé y el madridista, de Özil el magnífico -cuando le sale- y la fulgurante aparición y precisión de Ronaldo, y el quiebro mágico de Messi.

Y hay más, el equipo entero, que de eso se trata: jugar todos para que uno se lleve la gloria inmediata de pasear el campo con los brazos abiertos, como las alas de un ángel talludito, gritando eso de: ¡Goooool!

 

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