Eterna política (Homenaje a la novela negra).

Esto se decía en el XVIII:

Las instituciones se resquebrajan con el ya tan condenado trío que formaron Carlos IV, su mujer, María Luisa y su favorito Godoy, “cuya esponja –dice Jovellanos- chupó… la espantosa porción de la fortuna pública que todos saben, y que, por desgracia, se nos escapó con este insigne ladrón”. Los accesos a altas funciones de Estado por quienes no parecían aptos a ellos se denuncian con el paradigma del Conde de Lerena, ministro, “hombre no sólo iletrado sino falto de toda clase de instrucción y conocimeientos en todos los ramos” –dice Jovellanos en sus “Diarios” – “cuya asombrosa metamorfosis le sacó del mostrador de una tienda a la tabla de la tienda pública, y como no entendía de nada, hubo de valerse de todos, y entre ellos echó mano de los contadores llamados Aguilar e Iparraguirre, cagatintas de profesión…”, según el autor de “Cartas Público-Económicas”.

 

¿A qué me suena?

 

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