El mensaje del ministro.

El jurista Gallardón ha enviado un mensaje al Constitucional: Ojo, que lo del matrimonio gay es fetén. Apriétense los machos, no jodamos al caballo. El jurista Gallardón lo tiene claro, claro. Sobre todo en la SER, que no es lo del aparcamiento cementero de la villa, sino lo del aparcamiento ondero de las ideas progresistas, los de la Internacional y eso. El sábado los sociatas cantaron el himno de los descamisados del mundo como lo hacía Evita Perona, harta de pieles y de pasta gansa, después de haberse inflado a presupuestos y coches blindados. Como en Cuba, o en Corea, o en la URSS, o en Siria, o en China, o en Vietnam. Zumo de derecho, al revés. El jurista Gallardón ha enviado un mensajito al Constitucional: Ojo, que pintan bastos, y a la vejez, retiros dorados, que yo pongo a dedo, como los colores de los aros olímpicos. De modo que con Bildu y el matrimonio gay, el Constitucional ya ha recibido dos mensajes en los últimos meses, uno del oportunismo político y otro del buenismo funcionarial y burócrata. ¡No vayan a molestarse las minorías! Por cierto, las más respetables de la democracia, pero no contra la mayoría. ¿O no es así? Al matrimonio se le puede escoñar en la tele, en la radio y en la prensa, incluso en el BOE, pero al otro, al falso, ni lo toques, que es materia sensible. El jurista Gallardón, que no se ha apeado del coche oficial desde que heredó los silloncitos, ha enviado su mensaje a los políticos del Constitucional. Me juego la merienda de mis niños a que la trampa cuela. Pero si no, da igual, porque sea o no constitucional, es un bodrio. La norma se puede ciscar en la lógica jurídica, en la tradición, en la historia, en la estructura y en la madre que la parió. Porque de eso, al final, se trata, lo de la madre, que por mucho que quieran, es irreproducible sin el padre. Otra cosa es que el matrimonio debería ser inconstitucional, pero todos, no sólo el oscuro y confuso. Y si me apuras, sobre todo el otro. Porque ya me contarás cómo va la cosa.

Este gobierno comienza a parecerse al otro, con tanta memería y tan poco espíritu. Sin ideas y sin valores, sin gancho, con iscursillos de patio y declaraciones de principios de poco pelo. Demagogias y complacencias. El otro día Guindos, retocando los sueldos de los banqueros, como el gran hermano a quien le toca administrar la herencia de papá. ¿Y Lemman Brothers? Se olvidan pronto las prebendas. Además, es el chocolate del loro. Me callo, no sea que nos controlen al resto de los pardillos y nos quiten el jabón para lavar los calzones. Y ahora Gallardón con los cascos de la SER hablando de sus criterios personales, como si a una puta le preguntasen qué le parece la prostitución desde su opinión personal, no profesional. Respeto, no obstante, Respeto. Habitual es que los ministros no tengan criterio, de modo que lo mismo es un privilegio para el vulgo contar con personajes tan intelectualmente relevantes, o sea, libres.

Y agosto, hábil. ¿Se irán los ministros de vacaciones?

Y yo con siete lectores. Y atascado en el chino, como Bob esponja en el congelador.

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