SISTEMA

El sistema -conjunto de reglas y principios sobre una materia- se olvida de sí mismo…sistemáticamente.

El sistema tiene sistemas.

Consúltense en este mismo blog las TRULEYES y las LEYES MÁDICAS.

Un capitalista -pongamos una entidad financiera de crédito… ¿se llaman todavía así, verdad Gran Hermano Banco de España?- que no pone en juego el capital, incumple el sistema, sale de él. ¿Por qué? Por interés propio, ajeno a las reglas. Y ese interés propio es su perdición a largo plazo. Antisistema.

¿Dicen que eso es el mercado?

En absoluto. Las operaciones especulativas no están en el sistema. Son pura codicia.

Y habitualmente conducen al desastre.

El sistema de navegación impone reglas. Cuando el buque intenta vadear, contra las reglas básicas de navegación, un bajío, suele encallar. El coste de la ineptitud. Los imbéciles hunden el Titanic.

Eso es ir contra el sistema.

El sistema no es malo. Ni bueno. Pero aceptarlo sólo a medias es sistematizar el antisistema.

No se quejen, pues, de los antisistemas quienes son igualmente sistemáticos antisistemas.

Un entidad financiera tiene su objeto social.

Una empresa mercantil tiene su objeto social.

Cuando los dos entes se unen en un bloque poderoso, el ejercicio de sus actividades implica a muchos.

Si incumplen las normas -generación de expectativas legítimas- salen del sistema.

¿No existe conciencia en los gestores del sistema antistema? Se habla de responsabilidades políticas. ¿Y gerenciales? ¿Y éticas?

¿Cómo no ven lo sencilla que es la solución a esta llamada crisis?

Regresar a la ética del sistema, a los valores, y al objeto social.

No vender a pedo puta cientos de millones de fallidos potenciales a fondos especulativos, privando del fruto de trabajo de años a gestores de cobros decentes.

Abriendo liquidez en términos razonables, a proyectos e individuos. Saben cómo hacerlo.

Gestionando costes, reduciendo gastos, congelando grandes salarios, invirtiendo para nuevas generaciones, es decir, eliminando lo que las normas y los principios rechazan.

De otro modo, ¿para qué sirve un sistema? ¿Para qué sirve un banquero? ¿Para qué sirve un gobierno? ¿Para qué sirve un gestor? ¿Para qué sirve un guardia? ¿Para qué sirve un político?

La pedagogía social. Los maestros.

Los cimientos.

Sistema.

Los jueces tienen que cumplir la ley. No hacerla más gravosa.

No cabe interpretar en función de las presiones sociales lo que en términos legales es nítido. In claris non fit interpretatio.

La justicia tiene cerrados los ojos. Si los tuviera abiertos empezaría a decapitar capitostes… y ladrichifles. El grito de la revolución es muchas veces el rugido del diablo.  Escúchalo atentamente, y le oirá silbar como la sierpe del Edén.

Transformar es sistema. No destruir.

La justicia no puede poner trabas al cumplimiento de la ley. Ni puede ser política. Es independiente y veraz.

Sí puede alegar lo que proceda para que el sentido finalista de la ley sea lo justo. Pero es injusto privar al sistema de sus contenidos.

Sería como fomentar la mendicidad.

Todos los días, mañana y tarde, durante los últimos cinco años, un peticionario de calle me solicita donativo para comer. Yo le ilustro acerca de lugares donde puede hacerlo gratis, ser atendido, y formado.

Pero él quiere efectivo. No debe irle mal.

Como Green Peace. Di que quieres ayudarles. Sólo puedes hacerlo pagando.

Como muchísimas organizaciones del buenismo mundial, que algo bueno harán. Sean bienvenidas con y a pesar de todos sus intereses.

Imaginación. La gran penuria. Maná. Somos dependientes de la columna que nos precede en la travesía del desierto.

Medidas que debe adoptar el sistema y no adopta. Por ejemplo, en los inopinados concursos de acreedores. De un día para otro, se acabó. Despachos de abogados percibiendo provisiones de fondos millonarias -nada que objetar, son propias del sistema, como los salarios de los empleados y el pago del combustible de los aviones- para preparar una hecatombe.

Un sacrificio.

El sistema debe arbitrar paliativos inmediatos. Y aquí llega la previa burocracia. El sistema te obliga a prever desaguisados, en consecuencia.

Burocracia.

La gran enemiga de la imaginación.

Para abrir un negocio tienes que cumplir tantos requisitos que te dedicas a la economía sumergida. Frase de la calle.

Los burócratas, entes de ficción especialmente dotados, como los multeros de oficio, para jorobar al prójimo, son la gran lacra. No piensan, ordenan. Interpretan las normas, siempre en perjuicio de la razón.

De la calle: Pequeña empresa -mínima- que quiere abrir. Un empleado. 50 metros de local. Denegada licencia de apertura. El baño no es apto para minusválidos. No tiene un diámetro suficiente para que gire con comodidad la sillita.

Bien. Muy bien. Pero, ¿cuántos establecimientos, públicos y privados, cumplen esa norma en España? Sea bienvenida, pero interprétese de acuerdo a la realidad social del tiempo, etc., es decir, a la imposibilidad física de cumplir esa norma en ese local. ¿Cómo entran los minusválidos por los accesos a los aparcamientos en la calle Mayor?

Al ventanal le faltan dos centímetros. Obra completa. Medio local para el baño, que tal vez no se use nunca, y gran ventanal. Cierre del negocio antes de abrirlo.

Un burócrata decide habilitar en exclusiva para motos las plazas de aparcamiento de la Glorieta de Quevedo, en Madrid. Todas -son pocas-. Jamás hay una moto en esas plazas. Nunca.

Gloria al antisistema. Gloria al burócrata. Haydin florecido en su Aleluya.

Ejemplillos de la calle, hay miles. Brindo a quien disponga de tiempo que confeccione una antología del disparate.

 

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