Jardín de cemento.

A Ian McEwan y su ‘Jardín de cemento’. Con admiración y disculpas. Pero no lo puedo evitar.

 

Otro final.

 

-Derek está en el sótano, con la maza…

Nos miramos. Yo no fui el primero en reaccionar, pero supe enseguida qué me correspondía hacer.

-Vamos.

Tom se quedó arriba cuando la puerta se cerró detrás de Sue. Derek jadeaba. Había dejado la maza en un rincón, de pie, y se secaba el sudor del pecho con un pañuelo azul.

-¡Ah, vaya! Los pecadores.

Sonaba tan raro como un sermón en el burdel. Pero fue mi acicate. No me gustan las palabras que ofenden a otros por mi culpa. Bajé despacio, y me situé entre la maza y Derek. Éste no apartaba sus ojos de Julie.

-Así que no eres una zorra, sino una enferma… Había oído eso antes, lo de los hermanos, ya sabes.

Agarré la maza con las dos manos y le asesté un golpe entre los omóplatos. Derek cayó de bruces en el cemento resquebrajado, como si besase a mamá. Entonces nos dimos cuenta. Ella estaba ya casi descubierta. Un olor a putrefacción nos sacudió, como si acabáramos de despertar de un letargo. Golpeé a Derek en la cabeza. Su cráneo estalló como una bombilla. Seguí golpeando, jadeante. Sue lloriqueaba. Se oían las voces de Tom, y los golpes en la puerta.

-Lo haremos mejor ahora.

Llevamos los restos del baúl y el cuerpo de Derek unidos, hasta el hueco del sótano que papá abrió para su piscifactoría. Allí sepultados, aún sobraba medio metro hasta la rasante del jardín.

-Vamos a necesitar mucho cemento -dije.

Entonces me acordé. Los sacos amontonados en la cocina vieja, la obra sin terminar. Era una noche sin luna. Todo perfecto. Sin decir palabra agarré las asas de la carretilla. Volví con diez sacos de cinco kilos. Sudaba como un cerdo. Miré a Julie. Ella tenía los ojos brillantes, como nunca los había visto. Sue estaba tranquila; la abrazaba.

-Tom se ha dormido.

Julie salió. Echó una manta sobre Tom. Una madre.

-Ya sé cómo hacer bien la argamasa.

Trabajamos hasta el alba. Sue dijo, cuando llegamos arriba, al ras, que dejáramos unas endiduras y pusiéramos tierra y semillas de césped.

-En dos meses será la única hierba del jardín.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: