Despedida pero menos.

He visto ascender en solitario, sin más cuerda que el ánimo, las paredes lisas de un farallón, y era mi alma, como la del guepardo cuando ataca su presa, la que latía más deprisa. El atleta respiraba lentamente, seguro de que no sería vencido por la muerte. Su fuerza me dará aliento para superar las mínimas sevicias cotidianas. La guepardo, cuya presa le fue arrebatada por otro predador, vuelve a la guarida, cierra los ojos y sigue buscando. Yo lo haré en esa vorágine que se llama red social, los libros de caras y de trinos, donde tal vez me pierda para siempre. Sólo que ese adverbio está cada vez más cercano, como las medidas de un traje que estás deseando estrenar.

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