Los tres deseos de la lámpara maravillosa.

El genio de la lámpara hizo la pregunta de siempre. Le parecían aburridas, pero cumplía su papel.

-Anda, qué tres deseos tienes. Ya sabes que serán cumplidos. Al fin y al cabo, eres el amo de la lámpara. Y yo soy su guardián. Un guardián encerrado hasta que te dio por frotarla, y ahora, agradecido.

El afortunado se lo pensó.

-Mira, te los diré seguidos. El primero no ser cómo soy, el segundo que las cosas no sean como son y el tercero que …

-¡Alto ahí! -El genio paró el arrebato del peticionario con un stop milenarista. Por ese camino vamos mal. Una cosa es un deseo, y otra, pues otra… Por ejemplo, eso de no ser como eres. Queda muy ambiguo, ¿no? Va desde un genio a un esquizo. O sea.

-Bueno… Pues el primero, no ser quien soy…

El genio movió la cabeza, que se le unió al tórax como a los toros. Pero le dejó seguir. Pensaba que la petición iba de la zarigüella a Platón, pero ya tenía ganas de echar la siesta, y no estaba, además, por la mala uva.

-El segundo, que las cosas no sean como son y el tercero que pueda hacerlas de otra forma diferente a como las he hecho.

-Eres un pelín retorcidillo. ¿No quieres un reino, o poder, o unos diamantitos, hombre?

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