La venganza de los dioses.

Dicen que los dioses están al caer. Esto del regreso de los dioses me tiene en ascuas. Hoy he soñado que surgía un volcán en Madrid. Será por la contaminación. En Madrid cuando San Miguel se empeña, el veranillo llega a diciembre. Como somos ateos o agnósticos, al estilo del viejo verde Tierno, el veranillo de San Miguel se llama del membrillo. Ya dijo Borges -cómo me gusta esto de las citas a boleo- que tenía razón el griego, con eso de que el nombre es arquetipo de la cosa. El griego escribió lo que otro decía ( Platón y Sócrates) -mentiras nada piadosas, porque uno siempre escribe lo que le da la gana, excepto los académicos, los cátedros y los famosos al peso de premiazos, que o se intertextualizan -antes plagio- o se lo encargan a los negratas de plumón. Yo escribo al biés, de costadillo, sin pensármelo, porque va a darme igual: mis tres lectores lo excusan. Bueno, lo de los dioses viene a cuento y a vueltas con la caída, que ha dado nombre a pelis de tronío y a la memoria histórica -que es reiteración, como el medio ambiente- la caída de los poderosos. Cuando los dioses te aman, mueres joven y te llevan a sus lares, Olympo o lo que se terce, Nibiru, cielo, edén… Pero si te odian te dan la belleza, la inteligencia, y sobre todo la riqueza y el poder. En estos casos siempre habrá alguien que te odie y te espere a la vuelta del camino, en el recodo, con el móvil a punto y la pistola cargada. Por twitter o youtuve o como se llamen, los mensajeros alados dispersan las imágenes del odio que ríe. Un grito, el de Kunst, alaridos de frenopático, las cortes de la mugre. Los únicos y pocos sabios que en mundo han sido, Fray Luis dixit, están por ahí, ocultos, disfrutando del último verano.  Lejos del mundanal ruido. Los griegos copiaron de sus dioses la venganza con estilo, y de ahí Esquilo y antes Homero, y luego el resto. Pero ahora la venganza es cutre y ruidosa, nada poética, como si estuviéramos preparando el peor escenario posible a la visita de los dioses, a ver si se van pronto y nos dejan tranquilos con Satanás. Hasta los perros están inquietos. Antes estaban tristes, porque toda sus defecaciones debían practicarse en el asfalto, y eso joroba cantidad. Paseaban a sus amos de tirón, a ver si los llevaban al campo, que está a tiro de piedra, pero los amos, algunos con la bolsita de los excrementos en banderola, otros a pelo, dejando la cagada en las aceras, están muy urgidos con la tele o el aperitivo. Cuanto más paro, más aperitivos y más entradas se venden para El rey león, la más barata a unos sesenta eurillos, en el Lope de Vega de Madrid. Lope cantó misa en 1614, creo, en la iglesia que está cerca de su teatro. Yo pienso ir a ver El rey león, aunque tenga primero que hablar con el Banco.

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