Fisgas y matracas. (No-vela). Entrega XVIII. Capítulo XVII.

 

-XVII-

                                                                       No hay cosa más difícil, bien mirado

que conocer un necio, si es callado.

 

                                                                       Sentir menos, esa era la única cosa que mi adiestramiento mental no había conseguido, y ello a pesar de creer en lo inevitable del destino. No; no la identificación con el cinismo o con la falsedad, sino la semejanza con la roca que permanece inalterable frente a las olas. ¿O también la roca muda su aspecto y sus lugares? Sentir menos incluso las situaciones en las que nada sino el equilibrio, la armonía de lo bien hecho, contaba. Porque en el resto, yo sí asumía el dicho de Cervantes: no te metas en dibu, ni en saber vidas aje, porque en lo que no va ni vie, pasar de largo es cordu. Pero ¡quiá! Yo no pasaba de largo ante casi nada, e incluso, pese a mi sequedad y desdén aparente, deseaba la cálida, o al menos templada compañía. Mas ¿a qué forzarla? Vae soli!, dice la Biblia. Pero el refrán apaña: Más vale solo que mal acompañado. Y todo es verdad, sólo depende del cristal… La perspectiva hace oscilar la realidad y la trasmuta. Más vale equivocarse que transigir con la crispación, y ésta no se busca, llega prendida de las solapas de los seres aturdidos, que aturden al bueno sólo en méritos de su buen deseo, el de mudar los hechos en utopías. Hay cosas sin remedio, sí, y en pocos la claridad llega, como manejo del examen de conciencia, o su trasunto de análisis de uno mismo y sus actos, a fuerza de remover entre los dedos la piedra abandonada por el rayo. Dormir, morir, tal vez soñar… Hamlet remeda al eterno perfeccionista, cuyo único y enorme pecado es pretender esa perfección, inexistente necesariamente. Los árabes han sabido hacerlo mejor, y eligen los alimentos y las bebidas -cuando pueden- dejando a un lado el dolor o la inquietud por no poder elegir su destino. Éste se encuentra en las manos de Dios. Y el destino es cada día. Sufficit diei malitia sua. No lo adornemos con las sabandijas que trae, cogidas con alfileres, el enemigo del descanso. El diablo nació ya viejo y crispado, y se honra en ello. Today is the first day of the rest of my life. Yo, que vivo con la intensidad de los elegidos aquellos momentos en que olvido mi condición de dios, pierdo la fe en el torpe girar de la noria, cuando ya el cansado pollino respira pesaroso, al filo de la tarde. ¿Para qué habrás creado esa mirada de universos, rebosantes de luz, Señor, si me pierdo en un pie de tierra? Sólo el alma conoce los secretos de tanta miseria, adorno vago de tanta excelsitud. Mi oración, pues, no es hoy alabanza. Sino plegaria: hazme, Dios, como aquel fariseo, engreído, fatuo, seguro de sí, orgulloso, despectivo con los inferiores, generoso y potente. Yo quiero ser todo eso. Y no un pobre publicano limosnero, salteado de roña y escrúpulos, escoria de sí mismo. Tampoco ahí reside la armonía. Porque, una vez en la marcha hacia la soberbia, ya se encargará la providencia de situarme in medias res. Es mi destino.

 

 

 

 

 

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