Tempus fugit.

 

FUGIT

Había sido un frágil y nervioso discípulo, pero compensaba sus carencias con una voluntad insomne. Cuando llegó la hora, rasgó sin vacilar la piel tensa de su pecho con una obsidiana caliente. “Sentiré el dolor de tu partida, maestro”, musitó mientras la sangre endulzaba sus pies desnudos. En la montaña oculta rugía la camada rubia del jaguar. “Huye, no es el tiempo de la gloria”, le decían, y su respiración agotaba el tiempo, lo único que realmente amaba.

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