Diosas

DIOSAS

 

Salió del búnker dejando por los pasillos parte de su diástole, una bomba de sangre. ‘Guarida del lobo’, pensó, mientras la nieve devolvía al monte una neblina azul. ‘Está bien el nombrecito’. No se detuvo a escuchar la explosión, que apenas manchó las solapas de su guerrera. Aquella noche de insomnio, después de dictar las órdenes precisas para los imprecisos arrestos de los supuestos compinches de los traidores más o menos ciertos, el Führer palmoteaba con la mano buena sobre el brazo de su sillón de relax, importado de Albión. ‘Diosas, esa es la clave. El oro del Rhin está custodiado por las nereidas, o las ninfas, qué más da, pero el símbolo…’. Por el ventanal del piso superior se filtraba un sonido gris. El aullido de la fiera. ‘Diosas…He sido un estúpido –miró alrededor por si hubiera adquirido forma el pensamiento- No hay más que mirar…Las divinidades del misterio, todas femeninas,  los varones son demasiado evidentes, sólo llegan a hermetismos rancios, de salón inglés, como la masonería, que encima es francesa…’. En ese momento le habría confortado la presencia de Hess, el único inteligente del grupo, ese traidor…Porque le aturdía la decadencia de Europa, cuyo futuro estaba escrito, y en el Libro más  antiguo, con la fórmula de la abominación, la lengua de los hebreos. ‘No será posible la unión de estos pueblos, no más allá del número, que jamás superará el de las Tribus de Israel, menos una, la que se apoderó de América del Norte y llevó el infierno a la del sur’. Hess entendía bien todo eso, y además le comprendía a él…Diosas…Isis, por ejemplo, Cibeles, que nadaba en las pupilas gallegas del Caudillo, ese español orgulloso…La tradición debía morir, y a los acordes de Wagner, el iluminado. La bona dea, el reducto del amanuense Optimo Maximo Espureo, historia, mito, relato…y Goebbels haciendo el discurso de la nación alemana. Se levantó, pesadamente. Le ardía la edad, que era un rumor en la vesícula, quizás más al centro del mundo. Una vez le hablaron de otro libro, el de los antiguos reyes atlantes, herederos de la Odisea, hermanos de Egipto, antes de ser destruido por esa plaga davídica. ‘Lo único bueno que hizo fue pedir la doncella para que le calentara los pies…’. Y entonces se vió la herida, y el ojo de Zeus, que era un triángulo de oro en la frente del Sinaí.

 

 

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