CARTAS (A Laura).

 

A LAURA

 

Mi querido tesoro:

La política es algo inventado por los hombres, y que por eso llaman necesario, para que unos cuantos tengan la oportunidad de mandar sobre la mayoría. La sociedad es un edificio al que se sube para instalarse por encima de los demás. Al hombre, a nuestra especie, le gusta el poder, y mantiene constantes su agresividad, ese residuo ancestral que debió caracterizar a los felinos y que caracterizará a los antropoides. Periódicamente, el sistema democrático, -una forma política no peor que cualquier otra- apela a las masas, las llama para que vote unos candidatos al poder; previamente, durante unas semanas infernales, esos candidatos y sus partidarios ejercitan la necesaria disciplina de la injuria, el desdén, la estolidez o el ultraje, según se refiera la conducta que practiquen a sí mismos, a sus enemigos políticos – los líderes de los partidos ajenos -, el Gobierno precedente, si no es éste quien actúa, o las figuras que siempre surgen en circunstancias “decisivas”, como es esta definida “Elecciones Generales”, y cuya existencia salva la normal carencia de ideas e iniciativas de los aspirantes al mando, sujetos repletos de vanidad, de engreimiento, de inmadurez y de miedo. Los periódicos, que viven del artificio en la mayor parte de su existencia, acuden presurosos al reparto de escaños y a la asunción de la gran cuota de “pastel” que con la política en general y con las elecciones en  particular les viene atribuida por el hábito: se vende más, y cada cual según su tendencia apoya a uno u otro sector, y cuida las distintas imágenes … Todo ello en un tinglado enfebrecido, crispado, histérico, ominoso. ¿ Y ello por qué ? Por el ansia de poder; por la tendencia patológica a la indebida apropiación de las voluntades ajenas; por la fervorosa adoración del dirigismo. ¿ Y ellos para qué ?. Para  que todo quede igual para la gran gente, y para que todo sea mejor, más próspero y envidiable y afortunado para unos cuantos: los que han comprendido el sentido real, el fin último de la sociedad al que antes aludía, y la utilizan, obvio es para sus propios medios; así, escalan, se instalan y esperan. Algún político habla de la paz como objetivo absoluto, de la extirpación no traumática de la miseria y la violencia, del último de la concordia y la armonía ? Desde luego que no; tan sólo, mediante argucias electoralistas, prometen lo que nunca cumplirán. Su arte es el engaño. Pues la nobleza, el desinterés, el equilibrio, la poesía están marginados desesperadamente del lenguaje y del programa de los políticos y de los partidos. El sistema, en definitiva, carece de las propiedades y de las capacidades subsecuentes a su renovación: la gloria de la estirpe se encuentra soslayada por el poder y la codicia. Mi “Partido” -que no lo es sino a efectos dialécticos y testimoniales – es el P.A.U.: Paz y Armonía Universal. Su único punto pragmático: la consecución de esa paz y armonía. ¿ Cómo ? Anulando, mediante la adscripción de todo el presupuesto a la investigación y a la creación, la guerra, la violencia, el fanatismo, la ignorancia.

Tras semejante exposición debería despedirme así: Besos de un perdedor. Quiero, sin embargo, añadir algo más, mi dulce reina: ¿ Acaso puede comprenderse, al modo que señala Spinoza- “las acciones humanas no deben ser censuradas o disculpadas, sino entendidas “ – la ausencia de estremecimiento del político que ordena la muerte ?  ¿ Cómo seguir viviendo tras contemplar los ojos vacíos de un niño cuya casa, cuyos padres y hermanos, cuya paz infantil, cuya ingenuidad, ha sido trasmutada en horror, en miseria, en vacío, por efecto de las bombas que los políticos – y los guerreros, sus aliados o sus torpes esclavos – arrojan sobre sus vidas ? ¿ Puede entenderse la disculpa que arrojan, como un excremento a un vaso de agua, resumida en las “altas aspiraciones y necesidades del estado ? ¿ Qué es, entonces, el “estado” ? Su etimología nos indica -status- que es algo que permanece, que está. Y, para que siga estando por encima de sus “enemigos”, se utiliza la muerte, gran aliada de los infiernos. Sólo tienes cuatro años, y por eso y por muchas razones más, no debes hacerme demasiado caso, aunque con mis palabras sólo pretenda cumplir la función de espejo, un tanto deslucido, de la realidad, que tanto a ti como a mí nos importa mucho menos que los sueños. El diablo y sus secuaces, mi amor, no son espíritus carcomidos por el rencor de la soberbia y la imposible venganza contra su eterno absoluto; al menos, no sólo eso. Los satanes de siempre son los políticos y sus secuaces, cuando emplean el poder para matar. El estado, dicen los teóricos siguiendo la “enseñanza” de un clásico del llamado “derecho” – otra manifestación más del absurdo al que puede desembocar el artificio de la manipulación – posee el monopolio jurídico de la violencia. ¡Dios mío! La justificación de la muerte y del odio y de la venganza y de la represión, eleva a la categoría de LEY. La ley no existe cuando no cumple o carece de su fundamental dignidad, que es su naturaleza justa. Los conceptos de poder, libertad y justicia no se identifican entre sí…

Lo que deseo trasmitirte ahora, mi lindo amor, tan lejos de nuestra saga aventurera y nuestros juegos maravillosos en el mundo de la utopía, que nadie podrá arrebatarnos como realidad suprema y envidiable, es que papá a veces contempla ante sí los escombros del universo, entre los que camina con su aterida alma bajo el brazo… Ya no pregunto de qué color será el amanecer – tu ya distingues, sorprendentemente, entre los tonos de azul, e identificas el morado, el violeta …- si no si habrá un amanecer, o será sólo ilusión de los poetas. En el P.A.U., del que te hablé antes, los poetas, los artista, los creadores de belleza se dedicarán a eso. A hacer belleza, ni más ni menos. Los inválidos, los miserables, los incapaces se dedicarán a contemplar el cielo y sonreír. Esos criterios utilitarios que tanto duelen cuando se reside fuera de los esquemas quedarán relegados y una nube rosada, que emane del laboratorio de investigación engendrado por el dinero que no se dedicará ya a la metralla, a los supersónicos, a la bomba, inundará el mundo, hará inútiles las armas, alterará el vicio de las neuronas podridas que convierten al hombre en un sádico o en un demente.

Te hablaré más despacio de todo ello dentro de poco. Hay un obstáculo importante, sin embargo, que, al margen del siempre mudable desdén, puede anular esto que algunos denominarán un sueño. Quienes optan por la muerte jamás aceptarán el cambio, que identifican, en su demencia, con la pérdida de privilegios. El privilegiado es rapaz, guarda como las urracas los mezquinos productos de sus incursiones en lo ajeno, es decir, en todo, pues ellos sólo poseen su fatuidad. Ninguno conoce el papel mínimo de este pequeño grano de gases y materia sólida en el cosmos. Nuestra galaxia, compuesta de miles de millones de sol, gira sobre sí misma, y todo ello entorno a un centro de otros centros incontables. Los atardeceres del infinito jamás finalizan; nunca cesan de ponerse los soles en los billones de mundos que guarda cada segundo en la pupila de Dios. Brama respira y en su exhalar transcurren las vidas del universo: su día es de catorce mil tresciento veinte millones de años, y así su noche. ¿ Cuál es el sentido, pues, de preservar para nuestra especie la solemne majadería de su importancia ? ¿ Cuál es la justificación admisible, en suma para la voluntad de mandar, de matar, de expoliar?.

Acaso sea adecuado calificar como imposible el retorno a lo maravilloso, la aceptación de que es necesario recuperar la salud en nuestra naturaleza. Incluso los menos osados aceptan con orgullo ser tal y como son, considerando lo contrario una abdicación de la personalidad y de lo auténtico. Auténticos son la fiebre, el cáncer y los granos. También, claro es, el viento, la sombra y la luz.

¿ Imposible ? Hace poco lo era, simplemente, soñarlo.

Te adora,

Papá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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