Comentarios a las propuestas de Sol. (1).

He recibido un par de e-mails con el contenido de lo que llaman (¿quienes?) las propuestas de Sol. Me parece bien; recibo mucha tela por ese medio. ¿Medio? Lo primero que extraña es el preámbulo, cuando dice que lo envían así porque ‘los medios’ hablarán poco de ello… ¿Los medios? ¡Este es un medio, y el más eficaz: el de la red y las redes sociales!

Copio y comento. Sin valorar, por ejemplo, a qué viene tanto apolítico a redactar un manifiesto estrictamente político; a saber, con un desconocimiento paladino de la vertiente jurídica de las propuestas, para hacerlas viables. Tampoco del medio ideado, sugerido o empleado para ahormarlas, a excepción del sistema populista, asambleas a mano alzada, hasta que le toque a uno el reparto de la propia burra. Tampoco lo que se parece a los tópicos de las repúblicas populares tipo ex-soviético, o ex frente popular, actualmente gestado por Corea del Norte, Cuba, Irán, es decir, las democracias reales. Pero vamos al grano.

1. ELIMINACIÓN DE LOS PRIVILEGIOS DE LA CLASE POLÍTICA:

o Control estricto del absentismo de los cargos electos en sus respectivos puestos. Sanciones específicas por dejación de funciones.

o Supresión de los privilegios en el pago de impuestos, los años de cotización y el monto de las pensiones. Equiparación del salario de los representantes electos al salario medio español más las dietas necesarias indispensables para el ejercicio de sus funciones.

o Eliminación de la inmunidad asociada al cargo. Imprescriptibilidad de los delitos de corrupción.

o Publicación obligatoria del patrimonio de todos los cargos públicos.

o Reducción de los cargos de libre designación.

Vamos por partes:

La eliminación de los privilegios de clase es un elemento de contraste de primer orden para acreditar el avance social. Esa retórica marxista está ya algo trasnochada, excepto en los discursos de los Castro, y por supuesto los del antiguo telón de acero y las repúblicas socialistas populares.

¡Hombre, que hablen de privilegios quienes han tomado al asalto e impunemente el espacio público más emblemático de Madrid! Que hablen de eliminar privilegios de clase quienes se han erigido en una clase política, la suya, por encima de las leyes y de los derechos de todos quienes no pertenecen a su clase!

Eliminemos los privilegios de esas clases políticas -es decir, las orientadoras u ordenancistas de lo que debe hacerse- que se consideran legitimadas por el simple hecho de formar parte de una masa. ¡Qué excitante, ser una porción de un cuerpo potente!

Y a propósito de clases, ya podrían estudiar un poco, caramba.

Cuidado con las palabras. Desde Platón a Borges, el nombre es el arquetipo de la cosa. Si hablas de clase política, y de sus privilegios, sé consciente de lo que eres, y de los tuyos. ¿Crees que en la plaza del Kremlin, o en la Azadi de Teherán, o en la del Triunfo, de Pionyang, o en la archifamosa de Tian’anmen, e incluso en la plaza de la revolución de La Habana, habríais estado acampando y ensuciando y molestando y perjudicando y mostrando impunemente vuestra anarquía y fetichismo? ¡Sois más viejos que la tos!

España es, en efecto, el país donde la libertad de expresión tiene su asiento. Aunque se convierte en el asiento de retrete.

Absentismo. No deja de tener gracia que en un país donde el absentismo laboral ha costado el último año 64.000 millones y donde han faltado a su trabajo más de un millón de personas -número que supera el total de ocupados en trece o catorce Autonomías- se califique como privilegio de clase el que los políticos pequen con igual pecado que el resto. Más bien debería vigilarse -y no protegerse por los sindicatos, las bajas a voleo y la mentira- el absentismo y el fraude en el trabajo de todos. Quien no quiera trabajar, sea un indignado de Sol, un político o un currante normalito, que deje el puesto a otro. Sin la prebenda del subsidio de desempleo, que debería desaparecer y sustituirse por fondos para pago de trabajos a los que se quedan sin él. No la sopa boba.

El punto de los impuestos, las pensiones y los salarios es un batiburrillo tertuliano. Que yo sepa no hay privilegios en el pago de impuestos a nadie. Bueno, sí, a los defraudadores, sean políticos o no. En lo de las pensiones y sueldos, bastante de acuerdo. Pero hay que concretar. No es de recibo que por ejercer funciones políticas un tiempecito se cobre más que por trabajar treinta años, proporcional o directamente. No son de recibos las acumulaciones de cargos y de sueldos a costa del presupuesto, etc. Es parte de la corrupción institucional, del enchufismo y de la prebenda que denuncio en mi libro ‘Claves para entender y transformar el derecho’, Edit. Difusión jurídica. Páginas 195 y ss. Madrid, 2009. Por cierto, ahí se recogen algunas propuestas para la transformación político-social.

La llamada inmunidad está ya regulada. Este es uno de los puntos en los que se echa de menos un poco de conocimientos jurídicos. El hoy denostado Tribunal constitucional -por el patinazo de Bilbu- dictó una sentencia en 1985 que modificaba algunas prácticas un tanto ‘proteccionistas’ de las Cámaras, en la respuesta a un suplicatorio para enjuiciar a parlamentarios. Se entiende por vía penal, porque nada limita la acción directa civil. Bueno, esta no es una clase de leyes, pero que mis hediondos amigos de Sol repasen estos conceptos, aunque sea en el entrañabla ‘rincón del vago’. Es verdad que éstos u otros privilegios -démosles ese nombre- pueden tener un origen trasnochado, pero quizás deba analizase el equilibrio entre la libertad y su control para determinar si hay que ‘popularizar’ también el estatuto del ‘representante del pueblo’.

Lo mismo cabe decir de la prescripción. Sería ocioso intentar enseñar ahora los principios del derecho, cuando se pretende que sea justo. (Por cierto, ofrendo mi libro ¿Es posible un derecho justo? -2010, edit. Difusión jurídica, a los más avezados adalides del movimiento para que me utilicen como aguijón). Algunos delitos no deben prescribir, desde luego. Pero la seguridad jurídica impone que esa institución sea, en términos generales, aceptable.

En cuanto a la declaración de patrimonio -exista o no el impuesto sobre el mismo- y la reducción del número de cargos de libre designación, estoy de acuerdo. En lo primero, es elemental que el ‘servidor del pueblo’ no actúe para su propio lucro en el ejercicio de sus funiones -hay otros caminos decentes para hacerlo- y muchos cargos a dedazo evidencian la ignominia de ciertos jeques o cadíes, que se creen poderosos porque les hemos dado nuestra confianza. Sí a los consejeros, pero expertos y honrados, sometidos a los mismos requisitos de transparencia. Bien pagados, para que cumplan adecuada y felizmente su misión. Y si no se justifica su nombramiento -recuerdo lo de Montilla y su esposa- pues que se trate como un modo más de corrupción.

A propósito, si hay algún carguito libre, estoy dispuesto a estudiar su desempeño…

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