El mono en la rama. (Fabulilla).

El mono, por el suelo, corría en silencio, no fueran a alcanzarle… Y, además, ¿para qué gritar? Subió entonces a la rama más alta del árbol, y desde allí, comenzó a tirar a todo cuanto estaba debajo, apuntando bien, a las cabezas más gordas. Ahora eran los demás quienes corrían.

En Harlem, la juez (o jueza) del distrito despachó en un pis pás el asunto. Una denuncia más, vaya usted a saber; escarceos de discoteca y de pasillo, manotadas y algún intento de extorsión, verdades a medias, en fin. Todo  entre el sexo y la pasta, los celos y la venganza.

Pero entonces llegó lo del francés. Famoso y encumbrado, más tieso que la mojama. Y decidió aplicar la dura ley al margen de los principios que garantizan la imparcialidad y la presunción de inocencia. Quisicosas de los europedos y de los viejos padres de la Nación.

La chica del piso veinte se lo contó a su amiga. Ese tío se me insinuó, y bueno, ya sabes, hubo sus más y sus menos, porque una no es de piedra. ¿Sabes quién te digo? El franchute de la suite, no sé qué coño se habrán creído estos ricachones.

La amiga la recriminó.

Con la pasta que podías haber sacado, lo dejas escapar. Anda, cuéntaselo a Andy, a ver si se le ocurre algo.

Andy el macarra tenía poca imaginación. Se le ocurrió lo de la denuncia. “En cuanto lo sepa, llegaremos a un acuerdo, y aquí paz y después gloria”.

Pero la jueza se había levantado con la guadaña afilada.

Además, la ocasión la pintan calva. Tengo la pensión asegurada, sólo contando mis memorias. Creo que en algunos países, en Spain verbi gratia, se hace. Los jueces se lo montan bien contando.

Y la intacta doncella ofendida, no digamos. Ya le han ofrecido el protagonismo en un par de reality. A mogollón de dolars.

Bueno, pero iré con Andy.

El francés rijoso aún se está preguntando algunas cosillas.

Qué pasa con Jortega, el violador de su hija, recibido con honores de jefe de estado porque ‘el delito ha prescrito’. O con el césar Plinton, el chupado de Illinois, o con Guarlusconi, el morritos del Atlas…

¿Y lo demás? ¿Sólo existe el sexto? Mandamiento, claro.

También se pregunta qué hacía él comiendo tranquilamente en la ciudad de Woody, si su conciencia estaba manchada. ¿O es que los franceses son así?

Zarco, desde luego, sí. Con o sin calzas. Más chulos que Andy.

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