Letrillas sueltas.

¡A quién le hace daño

que me guste tu perfume!

Tú sólo querías el Jesusito

en la mesilla. Pero todo eso

era demasiado pedir.

Cuando estoy cansado de la vida

me despierto, y comienza de nuevo

el día. ¡A ver lo que dura!

Me da miedo cerrar los ojos,

será que tengo una cuchilla

en los párpados.

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