Troitiño al trote y Rucalbaba al galope.

-Jefe, nos la vamos a pegar.

-Calla, White, y apunta.

White saca la escopeta, que lleva camuflada en las patillas.

-¿A dónde, jefe? -Mira por la ventana blindada.

-¿Pero qué haces, White? Aún sigues con la costra.

-No, boss -sonríe, porque ya sabe inglés- que se me ha curado. Mira. -Le muestra un sabañón en la falange-.

R. mueve la testa, coronada de halos violeta, y exhibe los colmillos.

-Así me gustan… Bien dispuestos y pagados. Oye, W., te digo que anotes, hombre, pero no lo comentes de momento. Tengo una bala en la recámara, como siempre.

-¿Siempe es un seudónimo? -Vuelve a sonreír, por el vocabulario-.

-Siempre, siempre, no siempe, ni sierpe… Bueno -vuelve a menear la cabeza, que se desliza sobre los hombros, exenta y burlona-. Lo de sierpe, pase.

W. suspira. Ya se ha perdido. Rememora la imagen del superboss, su ídolo, su voz, y aúlla en silencio. R. recoge el suspiro y lo arroja a la papelera.

-Como antes, o sea. Llama a quien sabes y que haga esto. -Le da un papel, garabateado-. No lo pierdas, lo lees y luego te lo comes. Le he puesto una pizca de picante, del bueno.

W. saluda, y sale. R. mira por el balcón, pero Julieta se ha ido con el ruiseñor o con la alondra, así que habla consigo mismo, que ya es hablar.

-Y los del pepe ni flores. Están en el guindo, y me queda mucho tiempo para pillarles, de nuevo, por sorpresa. -Se frota de nuevo las manos, de las que salen chispas, que incendian el paisaje, porque el sol está frito en el horizonte-. Esta vez los de la teta dirán que sí, y vamos a ganar otra vez. -Alza los hombros, y la cabeza se bambolea con el peso de la ley de acá pallá-. O sea. -Comienza un trotecillo por el despacho, amplio como la conciencia de algún juez, y sonríe mientras la baba se desliza por las comisuras de quién sabe qué bocas de sub-urbano secreto.

-¡Al paso, al paso, al paso, al trote, al trote al trote -carcajada- al galope, al galope, al galope!

Cae el telón, con el grafitti de las elecciones y la niña del líder del pepe meciendo de nuevo su muñeca, que su mentor observa con aire despistado. La bella Cosmetal juega al brigde con Su aya, y rechinan los dientes de la señora Constitución, que se ha mordido la lengua.

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2 comentarios to “Troitiño al trote y Rucalbaba al galope.”

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