Money, money, o sea, el dinero.

-Medio kilo de pechuga de pavo. No, de esa no, de la otra. Sí, la del lazo.

-Son tres cincuenta.

-Aquí tiene, buenos días.

-Gracias.

Se ha efectuado una transacción, un acuerdo, un contrato, una compraventa, y se ha pagado el precio con dinero.

Sencillo. Hasta que te preguntas a qué obedece esa ley que a un lado sitúa la pasta y al otro todo lo demás.

¿Se puede comprar todo con dinero? Todo lo que se puede comprar. Entonces la cosa es gorda. ¿Y se puede pagar todo con dinero? Eso sí que no, porque hay cosas que se hacen y por mucho que se paguen todo ese dinero quedará corto. Por ejemplo, cuando se arriesga la vida por salvar a otros. Las profesiones de riesgo tienen sueldos, pero no hay parámetro posible que valore su ejercicio. Por eso se cobra por aproximación, por estadística o por presupuesto.

En el lado oscuro pasa lo mismo: los sicarios, algunos salen baratos, pero otros… Igual que los políticos, o los banqueros. Lo de los futbolistas de la llamada elite lesionados va aparte.

Así que todo el mundo entiende qué es el dinero.

Menos yo.

Yo me pregunto todos los días, cuando voy a pagar lo que sea: ¿Pero es posible que esto funcione?

Sigo sin darme una respuesta convincente. Convincente para mí, que soy muy lerdo y cabezón. Porque tratados como ladrillos que te explican lo del patrón oro y el patrón dolar o el yen -ahora con el terremoto, inestable- o el yuan… pues eso hay a mogollón. Y en las tertulias de especialistas, o sea, todas, te explican lo que haga falta.

Lo de los tertulianos es maravilloso. ¿Existe en todo el mundo o es un producto singular, autóctono?

Decía que no lo comprendo. Pero es verdad. No es una boutade, como le dije al profesor Oya, de geografía, cuando nos contaba en ciencias políticas que su asignatura era el compendio de todos los saberes y las ciencias.

-Pues entonces alguien normalito no podrá aprobarla nunca.

Me miró con cara de decir: usted desde luego, no. Entonces, hasta cuando nos suspendían nos llamaban de usted. Y le dije que era una boutade. Me acojoné. Él dijo que no era una eso, lo de boutade, sino un insulto o menosprecio o qué sé yo. Y me suspendió, claro. Pedí revisión de mi examen pero el decano debía de ser de su equipo de mus, porque hasta ahora.

Bueno, que lo digo en serio: no comprendo cómo funciona lo del dinero aunque lo explique ese señor tan famoso por explicar las cosas claritas, que tiene muchos nietos y es ingeniero y sale ahora en la tele y escribe libros sobre los ninjas.

Los niños enseguida entienden, salvo excepciones como yo, cómo funciona esto. O no se lo plantean. A mí me pasa con el sistema métrico decimal, que no me lo planteo.

¿Cómo algo puede valer seis coma treinta y siete, por ejemplo? ¿Por qué no seis como treinta y siete cincuenta?

Pues porque el vendedor, el mercado, lo que sea, pone los precios, los hace variar, todo eso, el flujo de la oferta y la demanda, las balanzas, los balances.

Sí, todo está bien. Pero es como decir que el dinero hace iguales a todos. Si se tiene todos pueden comprar lo mismo. ¿Entonces se trata de tener más o de emplearlo mejor? ¿Las dos cosas? Pongamos un ejemplo. Berlusconi quiere comprarle un jersey a Ruby, y como tiene dinero, se lo compra. La llama para que le visite, y se lo entrega con una sonrisa. Yo quiero comprarle un jersey a Ruby -incluso más bonito, porque tengo muy buen gusto- y mis problemas empiezan con el teléfono de Ruby. Al final lo consigo a través de un periodista amigo de su cuñada, y se lo dicen, pero ella no puede venir a recogerlo de momento, porque ha quedado con Berlusconi. Así que ya tengo el jersey, lo he comprado, lo he pagado, y mi dinero no ha servido para nada de lo que realmente me importa hacer con él.

Pongamos otro ejemplo. Llego a casa, y enciendo la luz. Agradezco a Iberdrola o a quien sea que alumbren las bombillas, de alto consumo o sebastianas, y me pongo a ver la tele, que es lo que me gusta de verdad, y no leer a Platón. Como hace fresquito pongo un par de radiadores eléctricos o conecto el gas natural, que es lo natural, para caldear mi casa, que es también tuya siempre que no la uses o paguemos a medias. Es broma. Es que de pequeños nos educaron de otra manera, con la cortesía y eso. Cuando llega el recibo al banco o a la caja, que es lo mismo, se carga en mi cuenta, que es la del banco o la caja, pero yo debo tenerla siempre con dinero para hacer esas cosas de pagar por servicios, suministros, compras, visas, seguros, planes, multas, impuestos. Bueno, la cosa no va por ahí. Es que me lío. Cuando llega el recibo de la luz o del gas, se paga y listo. Porque me han dado algo a cambio.

Pero entonces sale el presidente de Iberdrola o de lo que sea, y dice que ha nombrado consejeros a los exprimerosministrosdelreinodeespaña, aquí llamados presidentes del gobierno -así que ya sabe PZ que tiene el futuro asegurado- y que les paga un porrón de cientos de miles de euros por la gracieta. Entonces me pregunto cuánto de ese pastón me viene cargado a mí en los recibos que me cobran.O sea que estoy hecho un lío, porque si el dinero sirve para lo que dicen que sirve, entonces ¿por qué se emplea para lo que se dice o no se dice que se emplea?

Cuando me lo estoy preguntando llega el recibo de Imagenio. Lo he contratado por 40 euros, pero me llega siempre por 90. Cuando llamo me lo explican muy bien. Si me quiero dar de baja, me gratifican un par de meses, y luego vuelven a lo mismo. O sea, he duplicado el valor de mi dinero, por aplicación de unos protocolos más raros que los de Sión -ojo, que por ahí va la cosa-pero a la inversa.Si quieres cambiar de operador, entonces tu dinero llegará al limbo, porque te cargarán los recibos y no tendrás suministros, pero si sales del limbo y no dispones de tu dinero para cubrir ese limbo, entras en unas listas que dicen que tú no tienes dinero, y por tanto te expulsan del sistema o de la boca de dios.

Entonces sale el líder del banco más grande y más rojo y más voraz y dice que gana tanto que va a hacer casi como PZ con los cheques de los bebés y de la enferma seguridad social, y que para demostrarlo da una pensión de ochenta millones de euros a otro gerifalte, y así se queda él solito al mando. El banco de al lado, cuyas siglas parecen un alfabeto, hace lo propio y así se esfuman unos cientos de millones del dinero del banco. Y me pongo a pensar ¿pero cuál es el dinero del banco? ¿No será el de los accionistas, el de los impositores, el de los clientes? ¿O es el del presidente y sus consejeros? O sea que nos birlan unos cientos de millones pero nadie se extraña, porque el dinero y los grandes números funcionan así.

No lo comprendo.

Casi a punto de apagar la tele, vencido por un reality show en el que un par de catedráticas del inframundo se zarandean, hablan de sus deudos y dicen que una cobra más que otra, y entre ambas un fortunón, que sale de lo mismo, o sea del dinero de todos nosotros, sin que hayan pedido mi consentimiento, ojeo la rentabilidad de mi exiguo plan de pensiones. La depositaria, entidad de primer rango, ha perdido un somero dos por ciento de mis exiguas reservas. Lleva así cinco año pero algún día cambiarán las tornas. Sin embargo, los gestores no se bajan el sueldo, los consejeros cobran y comen opíparamente y los presidentes y adláteres, por no citar la pléyade de empleados que no tienen culpa, creo, se forran con incentivos. ¿Incentivos de qué? Como los planes de pensiones no se pueden sacar están blindados. Sólo pueden cambiarse, y entonces cada año hay pequeñas escaramuzas pactadas entre las entidades, de modo que te gratifican por el traslado y te mortifican los años sucesivos. O sea, que tu dinero pierde, pero no el de ellos. ¿Sale de fábrica distinta? ¿O es que nos toman el pelo?

No. Se trata de altas cuestiones logarítmicas, como la escala de Richter. Y con un controlador, que sale de vez en cuando para explicar que otro controlador multinacional explica cosas del dinero.

Tendré que dejar de plantearme cómo funciona y tomarlo como cosa hecha. Ya tengo la experiencia del sistema métrico decimal.

Porque si pasamos a lo de las subvenciones, los subsidios, las pensiones vitalicias de los señores del pueblo, digo los diputados y senadores, y los comparo con las condiciones delos autónomos y los cotizantes normalitos, es que ya no entiendo nada de nada. O sea, que esto del dinero es el mayor misterio del universo, y no sé si de más.

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