Café con leche.

La leche está de capa caída. Por lo visto provoca todo tipo de males, y nosotros sin enterarnos, dale que te pego con el zumo de teta. Porque hay otras leches, tipo soja, o arroz, o ciertas leguminosas medio exóticas, pero no son de la acreditada -hasta ahora- teta de vaca, oveja o cabra. En su momento hubo de burra, para los baños de Cleo, y los toscani presumen de la búfala, pero no sé. Los tés están de moda, sin embargo. Traen consigo todo tipo de bienes, o sea, como lo del cielo y el infierno. Antioxidantes, anticancerígenos, revitalizantes, con o sin teína, de aromas, blancos, verdes, rojos, negros, de esta o aquella altura en las nevadas montañas, con estas o aquellas hojuelas, infusos como la ciencia mediante una u otra fórmula ritual… Las franquicias Café&Té o algo así me gustan, huelen bien. Por el café, creo yo. En casa ahora tomamos té, así que mi café con leche debo prepararlo en semiclandestinidad, con leche desnatada y omega 3. Lo del omega 3 también está de moda, junto con los extractos de zumo de uva, de bayas diversas, calabazas, palmeritas y un sin fin de elementos naturales tratados artificiosamente y embutidos en cápsulas. Era más presentable la fórmula magistral, los preparados en rebotica, y aún podemos admirar la colección de frascos y envases de las farmacias antiguas, alguna de las cuales pueden verse en Madrid, sin ir al cielo ni a La Granja, que reúne otra fabricada en sus maravillosos cristales. En las familias tradicionales se tomaba cada tarde café con leche, dulcezico, eso sí, para mi abuelo, por ejemplo, o café, caliente, negro y amargo para los que se decían entendidos. También chocolate con picatostes, o con churros los domingos y cuando había visita. La mesa preparada con su juego de tetera, cafetera, lechera y demás, las bandejas o platos con los bollos, las tostadas, mermelada y todo eso, ahora perdido, podría hacernos recuperar un poquito -como todos los detalles que se llevan las prisas y los burguer et simillia- el encanto discreto de la burguesía… Bueno, es un homenaje a Buñuel, pero a la inversa. Por cierto, al maño le encantaba el café con leche, como a Berlanga y a Napoleón.

Una respuesta to “Café con leche.”

  1. doctoraliendre Says:

    Odio el té y adoro el café. No dejaré mi café con leche de por las mañanas ni mis churros con chocolate después de una noche de fiesta. Si la leche trae consigo múltiples males, lo que no mata engorda ¿no?
    🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: