Archive for 25 marzo 2011

¿Qué harán PZ, antes ZP, Charcozí, antes Sarkhozy o algo así, Camarón, antes Cameron y Lodama, antes Obama?

25 marzo 2011
Como ésta, cientos.
Madrid.- La Fundación del CGAE expresa su enorme preocupación por la desaparición de los abogados chinos Tang Sitian, Jiang Tianyong y Teng Biao, de los que no se tiene noticias desde que fueran detenidos a mediados de febrero en Pekín. El día de la detención, sus viviendas fueron registradas por miembros de la policía y según los familiares se desconoce actualmente su paradero y los motivos de la detención.
Los desaparecidos son reconocidos abogados implicados activamente en la defensa de los derechos humanos en China. Los tres abogados figuran entre los firmantes de la carta abierta enviada al Gobierno chino el 17 de enero de 2011, en la que se reclamaba el cumplimiento de las normas de derecho internacional en materia de derechos humanos y se solicitaba la adopción de medidas para evitar que se cometan actos de tortura en cárceles y centros de detención. Los desaparecidos habían sufrido con anterioridad actos de hostigamiento y amenazas e incluso les había sido retirada la licencia profesional para ejercer la Abogacía por motivos que podrían estar relacionados con su actividad en favor de los derechos humanos.
A lo largo de su carrera, han trabajado en casos que afectan a colectivos vulnerables entre los que destacan personas migrantes, miembros de Falun Gong, campesinos expulsados de sus tierras y personas que padecen graves problemas de salud en riesgo de marginalidad.
La Fundación CGAE solicita de manera urgente a las autoridades chinas que proporcionen pruebas de vida y aseguren su puesta en libertad, y se suma al llamamiento realizado por el Observatorio Internacional de Abogados, del que es miembro, para exigir el respeto a la independencia en el ejercicio de la Abogacía en los términos expresados por los denominados Principios de La Habana.
Asimismo, el llamamiento se hace extensivo a la Organización de Naciones Unidas, Unión Europea y organismos internacionales a fin de que intercedan ante las autoridades chinas para que se ponga fin a los actos de intimidación y hostigamiento del que son objeto los abogados que trabajan por la defensa y protección de los derechos humanos.Informó Prensa del CGAE.

La guerra de Libia vista por un extraterrestre. (5)

24 marzo 2011

Ya faltan dos. Al séptimo, descansar. En España vivía un humorista que se llamaba Gila, y que recuperó las treguas quedando con el enemigo a tomar unas cañas, o a intercambiarse la bala, y otros que hacían buen cine, Berlanga, ironizando con la vaquilla de un festejo taurino en plena campaña. Por eso sabemos en Nibiru que los burócratas mandan, y que si dicen que mañana no salen los cazas, pues no se caza. Eso hacían los romanos con los días fastos y nefastos, y los griegos con los augurios, porque en el Mundo casi todo era griego, después de que fundáramos Súmer y se lo llevara por delante el tsunami. Ahora ha habido otro en Fukusima, pero ya no se habla tanto porque los japoneses son muy sufridores y además están lejos. Francia,  es tan ególatra que quiere tener nube radiactiva para ella, y pronto. Va a convocar los vientos de Eolo y un par de alisios, para que toquen as soon as posible Normandía. Y está dale que te pego con el liderazgo de la operación rocío de los bosques o amanecer en el gran cañón, o el nombre que le han colocado a esto, para despistar.

Los españoles ya han hecho cuentas, y es que se pasan el día gastando dinero y por la noche dicen que han gastado mucho. Se recuperan durmiendo, y por la mañana ya son ricos otra vez. Eso pasa también con los argentinos. Pues dicen que lo de Libia les va a costar veinticinco millones de euros, que es una pasta. ¿Y ya está? Las guerras son como las obras de reforma; los presupuestos no sirven para nada.

Hoy me he enterado de que a Gadafi le mataron una hija niña en el 86, con oro bombazo, y que por eso se volvió aliado, y renunció a la bomba. La atómica. Los humanos son tan insensatos que las almacenan, prefieren intoxicarse antes que renunciar al poder, y eso que pocos han leído  a Eurípides y esa pandilla, con sus teatros sobre la venganza y la justicia, dioses mediante. Bueno, este Gadafi es un tipo estrafalario, cargado de medallas que se autoinfringe, no como en el común de los entorchados, que se colocan unos a otros los beneficiarios, pero hasta hace poco todos le hacían la reverencia y el besamanos, así que choca mucho ahora que de repente hayan visto justas causas para echarle o cargárselo y antes esas causas no existieran. Lo bueno de estas paradojas es que los aberrantes dictadorzuelos en parte están haciendo deberes, aunque sea de mentirijillas, por si les toca mojarse las barbas: Marruecos promete una especie de apertura política, pero que no le toquen el exterminio del Sahara, por ejemplo. España ha mandado a la guera la fragata que tomó Perejil, un pedrusco con bandera. Buen precedente para cabrear moros.

A propósito, ¿tendrá Gadafi Baraka? A Hassan II no se pudieron cargar ni a tiros disparados desde un Mirage a su Boeing. Gadafi lleva ya unos doscientos misiles en el salón. Dicen que le han dejado sin aviones, pero, como nos enseñó el gran Muñoz Seca -se incluye ‘La venganza de  Don Mendo’ en el programa de formación de la Escuela de altos estudios, en mi planeta- lo que no podrán quitarle nunca, es el miedo.

Lo que sí le han quitado es el sofá, que ha quedado hecho un asquito, y ahora ya no mola en la jaima.

Propuestas para el milenio.

24 marzo 2011

Las propuestas para el milenio están hechas de dos formas:

 

Una, la utópica. En realidad todas las propuestas deberían serlo. Estar en ninguna parte es un destino poco halagüeño, en apariencia, pero ideal si se trata de que para cumplirse hay que poner en marcha la burocracia.

 

Dos, la pragmática. Esta es la que gusta. Tiene el inconveniente de los letrados del Consejo de Estado y los catedráticos, que suelen encontrar fórmulas exquisitas para que los cadáveres no hiedan, aun inmóviles y nauseabundos.

 

 

Las utópicas son tres, una política, otra económica y otra jurídica.

 

La política es que los políticos sirvan los intereses generales, no tengan prebendas, carezcan de influencias por su posición, reciban un estipendio razonable, y no puedan desempeñar cargos en entidades de contenido económico después de su mandato. El desarrollo de estos puntos pasa por un recorrido exhaustivo de la situación actual, y su casi total erradicación.

 

Las consecuencias serán, vaya utopía, el establecimiento de una clase política honesta, ocupada en el bien común, a la que el ciudadano respete, que no influya en las decisiones de otros por el puesto que ocupa y que no se lucre a costa de los demás. Pero la más importante es que avanzará el ideal de sociedad libre, justa y redistributiva. El mundo será mejor.

 

Se opone a ello Mamón y casi todos los políticos. También los que chupan del bote a su merced, por nepotismo o proximidad o peloteo. O sea, el cincuenta por ciento de la población.

 

Eso acredita que no siempre  el número de votos condiciona la bondad de las propuestas.

 

La económica es la redistribución de los excedentes del capital. O sea, más o menos marxismo, pero sin asustarse, dejemos que sigan cazando los zorrillos en las verdes praderas de Newcastle.

 

¿Qué se hace ahora con los beneficios de los bancos, por ejemplo, que son los beneficios obtenidos con el dinero de los pasivos? Pues se lo quedan los banqueros y sus industrias, que han obtenido de la misma fuente.

 

Pues no. Eso no está bien. Esos beneficios van por tercios, un tercio, a la Hacienda que somos toso, como ahora, otro tercio se divide por tres y va a los banqueros, a los accionistas y a los empleados, y el otro tercio va a los pasivos. Que bastante sufren cuando tienen que mirar el rendimiento negativo de sus cuentas.

 

Ya estoy viendo –otra utopía: esos no leen mas que el BOE- la sonrisita conmisérica de los letrados del Estado y asesores del Consejo; este mamoncillo no sabe que quien hace la ley hace la trampa. Nos las arreglaremos como antes para ser más y más y más: citius, altius, fortius al ritmo de bolero.

 

Y ahí los quería yo ver. Porque la tercera utópica, la jurídica es esta: Que las leyes sean transparentes y radicales, es decir, conforme a las raíces de los asuntos que se cuestionan.

 

Parece fácil. Eso afecta al sistema electivo, al Parlamento, a la representatividad de los diputados. Algunas de estas cosas son pragmatizables.

 

Empecemos por la propuesta jurídica pragmática para verlo. Que las leyes sean controladas por un parlamento representativo, es decir, que represente a la gente y no a los partidos, y por tanto que responda de la eficacia de la marcha del negocio en cada distrito. Es una asimilación a la gerencia empresarial: un gerente debe controlar y responder. Pues eso.

 

¿No están ustedes un poco cansados de que la ley sea una especia de abstracción lejana? Y de que cuando está cerca, sus mentores están lejos. ¿Han conseguido hablar alguna vez con un parlamentario? Ellos ya, deshaciendo honor a su nombre, ni hablan entre sí. Sólo siguen consignas.

 

Y de ahí el encaje pragmático de la propuesta política: que las elecciones aboquen a una representatividad real. Que la señora del quinto pueda hablar con su diputado de barrio y le explique por qué las aceras están tan sucias y no puede pasar los bordillos con el carrito de la compra.

 

¿Es otra cosa la vida? ¡Ah, sí! Los de arrancar olivos y destruir flota pesquera, primar los tomates marroquíes y no perseguir delitos contra un país en otro país. Lo de la Unión.

 

Y la económica. Va por ustedes. Que los impuestos sean de verdad progresivos, y a partir de un determinado ingresos se redistribuyan. Que se supriman, por tanto, las subvenciones, incluidas las del desempleo, porque con ellas, con los mal llamados subsidios, se dará trabajo. Y que de verdad se dé subsidio a los mayores y a los enfermos y a las amas de casa.

 

Como veis, todo está encadenado; también Segismundo, el de ‘La vida es sueño’. ¿Por qué sería?

 

Si se hacen las cosas más o menos así funcionaría incluso la educación, la universidad, la religión, porque todos responderían ‘a corto’, y no cada cuatro años solamente, y engañando meses antes para vestir el muñeco.

 

Y ahora me excuso. Esto que propongo no sirve para nada. Para nada si no está apoyado firmemente en un proceso cultural, en una formación que afronte las demagogias y no se asuste con las falsas aristocracias, las gominas y el color del hígado, rosa por supuesto.

Y eso sí que es una utopía. Pero recordemos que el Derecho ha podido, lenta e inexorablemente, hacernos mejores, transformar el mundo. No lo olvidemos, y exijamos que siga siendo así. Exijamos un pelín más de cultura a nuestros amos, al menos para hacerlos algo más comprensivos, para que se entiendan mejor, como Saint Exupery, como Spinoza: construyendo juntos catedrales, sin censuras ni excusas, inteligentemente.

CIEN EUROS LA HORA

23 marzo 2011

 

 

Le pareció una ganga. La miraba y no se lo creía… Pensó en dos, en tres.. pero a los sesenta y cinco no estaba seguro de cumplir… Ella pedía la mitad ahora y el resto al final..

 

Pagó. Subieron por una escalera amplia y limpia. Puertas de madera con herrajes plateados. La chica se detuvo cerca de un recodo. El pasillo era muy ancho, como corresponde a los hoteles de postín.

 

-Espera un momento, por favor. Voy a preparar el cuarto. Yo te aviso.

 

Se quedó algo extrañado cuando dobló la esquina y desapareció. Así que la habitación estaba a la vuelta. Se sentó en un banco de estilo Luis XVI, que le recordó la casa de un snob, muebles imitados en las fábricas de Valencia.

 

El silencio y la moqueta le producían un sopor benévolo. Sonrió, excitado, y durante unos segundos se quedó dormido.

 

Estiró las piernas. Dio unos pasos y dobló la esquina, que daba a una escalera de servicio.

 

Pasaron dos semanas. Durante catorce días pensó en ella con estupor. No se sentía decepcionado, ni triste, ni rencoroso. Era algo más parecido a un sueño, un dislate de la imaginación que no alcanzaba las sombras de una pesadilla. Si volviera a verla, seguramente, la tomaría de la mano.

 

-¿Dónde te habías metido?

 

Le preguntaría. Y ella, sonriendo, seguro que no iba a contestarle. Porque no existía, claro, no podía ser real algo tan hermoso. O quizás ella vio en sus ojos el  destello de una pasión olvidada. Un recuerdo que la abordaba en la cubierta de un velero, cuando dobla el cabo de Formentera y los azules rivalizan con los verdes, que se funden como amantes.

 

Y había huido. Había huido porque no podía permitirse el lujo de amar.

 

¡Nunca dejaría de ser vanidoso! ¿Quién iba a amarle, de esa forma, ahora? No es cosa de viejos. Y ella lo consideraría así, un viejo, como hacen los jóvenes con todos los que no son como ellos. Como debe ser, y debe aceptarse, para que siga girando la torpe rueda de la vida.

 

Miró por la ventana del despacho. Los vencejos del otoño amenazaban, cada vez más altos. Los cristales, desafiaban con su libertad todas las transacciones de la tierra. La tierra, sede de hormigas y mamíferos, ese país lejano, donde se alberga la carroña.

 

Y entonces la vio.

 

No podía ser ella. Iba del brazo de su jefe, ese fatuo golfista. El golf, el deporte de los ricos, el ocio activo de los vagos. Odiaba el golf por lo que significaba, un símbolo de prepotencia y despilfarro, agua y tiempo perdidos. La belleza del green a veces compensaba, pero sólo cuando su espíritu olvidaba la escasez del mundo.

 

Así que también a él iba a timarle. Se rió con ganas. Le faltaba un mes para jubilarse, y aquél iba a ser su regalo, el obsequio que no esperaba recibir y que iba a agradarle más que ningún otro. El único tal vez, porque los regalos a los jubilados se parecen mucho a las alabanzas a los muertos.

Cavilaba entre dientes y se sonreía imaginando la cara del listo de su jefe, el ejecutivo de Harvard, perdedor de millones y captador de incautos, manípulo de multinacionales y bancos cuyos fondos son el dinero de los demás y parece que es suyo, imaginaba la cara que pondría, cuando, calentito y expectante, se quedara a dos velas. La chica era estupenda, selectiva, rompedora, pero ahora la admiraba, no la quería, la deseaba de otra forma, como si una imagen en el espejo reflejara otros rasgos, los mismos, sí, pero diferentes, como esas películas en 3D cuando te quitas las gafas que crean la ilusión tridimensional.

 

Alguien llamó a su puerta y entró sin esperar.

 

Allí estaban. Los dos.

 

-Mi mujer.

 

La saludó, ceremoniosamente. Ella le había tendido una mano limpia de joyas,la misma mano que señaló, aquel día, el banco Luis XVI para que la esperara, en el primer piso del Gran Hotel.

 

La miró a los ojos, fugazmente. No se cruzaron sus miradas. La boca entreabierta traslucía un perfil de nácar, una lengua codiciosa.

 

Salieron. El jefe saludó con la mano, una despedida amistosa.

 

Pidió dos días de vacaciones. Necesitaba pensar.

 

Por la mañana fue a pasear a El Escorial. Era su lugar fetiche. La cúpula de la iglesia suavizaba el conjunto de torres afiladas y orgullosas, la memoria de una conjura. Llamó al despacho para cerciorarse. Sí. Él estaría en Francia durante toda la semana, en un congresos de los que periódicamente organizan para pulirse unos millones y dictaminar por qué se ha perdido el dinero de los clientes. Como los políticos, los financieros nunca cumplen su programa. Pero seguimos picando. El llevaba cuarenta años en aquel sistema, no fue capaz de abandonarlo, pero sentía que iba a desquitarse.

 

Le abrió la puerta una mucama bonita, que cimbreaba su cuerpo como si bailara con una brisa de mayo.

 

Se sentó en una silla Luis XVI, naturalmente. Alguien le miraba desde un espejo enorme, de marco labrado. Era un sujeto serio y circunspecto, algo cargado de ansiedad, con las sienes grises y poco pelo, de gafas tan anodinas que no se le notaban apenas.  Estuvo a punto de saludarle, algo incómodo por su presencia.

 

Pero era él mismo, claro.

 

¿Puede alguien olvidar, por un instante, su propia imagen? Pensó que tal vez era un mecanismo subconsciente, quería olvidar quién era, o ser otro. ¿Pero no somos todos otro? El otro.

 

La puerta de cristal -que podía encubrir un secreto, ser visto desde el otro lado, que quizás fuera el paso a la dimensión donde ella aguardaba a sus falsos amantes, donde desaparecía después de estafarles, no, no por el dinero, por la expectativa de gozarla, ese lugar donde quisiera, por encima de todo, encontrarla, donde encontrarse y amarla había sido una obsesión, ese país asombroso en el que todo era posible, revivir la juventud, menospreciarla a cambio de una madurez aceptada por la mujer que amas, ella precisamente, que no contrató casualmente, estaba seguro, nunca lo había hecho antes, esa mujer que se cruzó en su camino, entre la niebla, sólo un poco antes de que la niebla espesase y ya fuera imposible ver nada, fuera inútil el esfuerzo por ver alrededor, todo eso, que se reducía a un instante, a algo menos que un instante, a un segundo, a algo menos que un segundo, a un reflejo en el pensamiento que ocupa toda la vida, eso estaba allí, y se materializaría en una figura que entraba en el salón y se sentaba junto a él, con un dedo cruzando los labios, un gesto de complicidad, otra argucia, una superchería para incautos, pero él, ¿qué otra cosa era?, ¿qué otra cosa quería ser?, él sólo quería que le mintiesen, que le mintiese, que le dijera, moviendo lenta, dulcemente la cabeza: “ Te quiero”.

 

Despertó de su pensamiento, despertó y vio cómo ella se acercaba, con un dedo en los labios, se acercaba despacio, quitó de sus labios el índice, que terminaba como una lanza manchada de sangre, movía lenta y dulcemente la cabeza, arrugaba graciosamente la frente, hacía un mohín, parecía a punto de sollozar, se acomodaba junto a él, y le miraba a los ojos. El mundo ya no era el mismo, un encanto, un encantamiento, sí, como si la figura del Tarot que simboliza el cálido viaje del sol hasta el corazón del hombre -si es que existe, pero a él se le antojó que le rodeaba ese tipo de brujería, amorosa y científica, como las paradojas del tiempo- un velo de seda le envolvía, y se sintió tan joven como aquel hombre del retrato, que le observaba desde una mesita velador, una antigüedad inglesa, de las que se podía permitir, adquirida en alguna subasta de Segre. Luego, ella le tomó la mano, que se deslizó hacia su pecho y lo tocó, un pájaro suave y, como dicen los poetas noveles, turgente, que es una palabra cuyo significado sólo se comprende cuando se toca. Por una razón del alma se acordó de Borges, el copiador de Platón, siempre genial, un cursi genial, cuando decía aquello tan fino: en el nombre de rosa está la rosa, y todo el Nilo en la palabra Nilo.

 

La mucama entró con un vuelo de cintura, dejó sobre la mesita un refresco, le echó un vistazo, de arriba abajo, como ‘une connaisseuse’, y al devolverle, por un instinto oscuro, la mirada, observó que, en la pared, protegido por un cristal verglás, se lucía el dibujo de Mr. Goodby, saludando la diligencia de Londres, el pequeño tesoro que él vendió años atrás, de cuya venta siempre se había arrepentido porque le parecía que estaba mercadeando con el espíritu de su abuela, que a su vez lo había adquirido en una luna de miel en Londres. Una, porque se tomó otra en Sevilla, ya que, dijo, la inglesa fue poco satisfactoria. Estaba a punto de preguntar cuando se percató de dos cosas, la primera, que su mano estaba ya tan caliente como el pecho de la dama, y la segunda que aquello tenía un sentido evidente, la confluencia de los caminos que sólo se ven desde el aire, con la perspectiva del un halcón. Decidió entonces ser lo más posible en cada momento que le guardase el futuro, e incluso inventar un pasado, para mejorar su ánimo, y como un niño que buscase un nido, metió la otra mano por el escote, y así, mediando los dos senos, la miraba boquiabierto, y ella, por un instante, se sorprendió de su ingenuidad, y enseguida suspiró, porque su cuerpo estaba ya disgregándose de su mente, y necesitaba hiperventilarse, un truco del yoga.

 

Le acarició la calva, y se sintió ya él mismo, un ridículo conquistador, pero ya era tarde para abandonar, había superado la línea de no retorno en su deseo. Se levantaron como unos siameses atolondrados, y ella le dirigió a la habitación contigua, un cuarto quizá de invitados, pequeño, coqueto, oscuro, con su cama completa, bien hecha, grande, nada de mueblecitos funcionales. Le brillaban los ojos, y recordó a la Deneuve en ‘Belle de jour’, una asociación lícita, casi necesaria en aquel momento, y eso le motivó aún más, porque Catherine, siempre bella, lo era más en aquel momento, ella se le parecía, y su pulso se aceleró peligrosamente cuando se dio cuenta de que había pasado la vida imaginado, y casi se le hace tarde para vivir. ¡Vaya diferencia! -pensó, como un adolescente que se cruza en el pasillo del Instituto con su profesora, de quien, naturalmente, está enamorado. Dijo algo, y ella le contestó.

 

-No te preocupes.

 

¿Le habría preguntado por él? ¿Por la mucama? ¿Le habría dicho que estaba nerviosos, agitado? No se acordaba. Pero ella dice que no debo preocuparme. ¿Por qué debería hacerlo? Se tumbó, vestido, ella comenzó a desnudarse, como en una secuencia pictórica, cuadros que forman una galería de belleza, el éxtasis. ‘Y ese cabrón la tiene aquí cada noche. Bueno, cada día, porque ahora me explico esas ausencias repentinas. Le da un apretón, la recuerda. Pero… ella sale, no sé. Es una situación extraña. No pienses’.

 

-Sólo quiero… Bueno, ya sabes… -Le besaba despacio, todo lo hacía despacio, con el ritmo perfecto, justo el que se desea, no sé como se puede hacer eso-. Pero no es un pago. -No compro tu silencio, interpretó, no te devuelvo el dinero, no lo hago por dinero, era complicado, pero está bien, está bien. Se quitó la ropa, rompió algunos botones, como el día del cuarto de estar, con su prima Sonsoles-. Y entonces lo oyó claramente:

 

-Es una deuda de amor.

 

Me enamoraste, no te guardo rencor, cree que dijo. Y tomó un sorbo del refresco, que se habían traído, ya a medias, a la mesilla, una madera japonesa, snob, bajita, estaba un poco amargo, no le gustaba, Roncero decía que ese sabor debe evitarse, en fin, lo que le diera estaba bien. ¿Volverían a verse? ¿Se harían amantes? Era un juego peligroso… Se dio cuenta de que quería jugar a ese juego precisamente, lo deseaba tanto que ya quería terminar la partida para comenzar otra. ¿Habría sido el primero? ¿La habría sorprendido en su papel de hetaira falsa y caliente, recaudadora de preámbulos, algún otro estafado? Su papel, ese sí era arriesgado. ¿Entonces?

 

Entonces… Entonces… Lo notó, tarde, pensaba mientras se diluía… Tarde, ya sin verla, la gota del veneno en la comisura, que ella limpiaba lenta y dulcemente, como cuando se cuida a un enfermo que se quiere.

 

 

Diario de la guerra de Libia escrito por un extraterrestre. (4)

23 marzo 2011

Cosa Nostra.

El británico ex, Tony Blair dice que lo de Libia sí es cosa nuestra. O sea, suya. ¿Será que quieren llevarse al British el palacio de Gadafi? Ya no cabe, y debería dejarlo como está, en escombros. Las pirámides no las bombardean porque ya están que se caen. Cosa nostra e slo de la mafia, algo parecido, cuando la justicia es algo de familia. Lo bueno de los ingleses es que han expoliaado medio mundo y encima les están agradecidos, y llaman a su Queen la propia. Commonwealth, riqueza común. Los españoles son odiados por sus conquistas, encima que la plata y el oro se lo llevaron los holandeses y los otros piratas tipo Drake al servicio de Her Majesty. Lo de Libia es como unas maniobras para gente tan avezada, que ya olvidó lo de los hashishins.

En el 10 de D.S. se toma el té con porro.

Lo del Elíseo es más fino, porque los franceses tienen mucho Dior. Y encima Natalie Portman tiene nombre francés. Diseñaron el Concorde copiándolo a los URSS, el Tupolev, pero con más gasa fina. Sus misiles no son los espantosos Tomahawk, lanzas de los extintos indios de las praderas americanas, van con diseño.

Los ingleses y los americanos del norte son expertos en exterminar gente y recibir la admiración del mundo, y de los que quedan. Se pelearon porque a los británicos les subieron el impuesto sobre el té, y eso es demasiado. Falta de delicadeza metropolitana. Los españoles se mezclan con sus colonizados y la mezcla les odia casi tanto como los que quedan puros, endogámicos y decadentes.

Cosas de la historia del mundo.

Libia tiene ahora más escombros y más problemas. Berlusconi quiere que mande la Otan, y Francia dice que no. A Sarkozy sólo le manda la Bruni. Pelea de gallos en el corral. Obama quiere irse, porque le han dicho en USA  lo mismo que a PZ en España: que sólo el Congreso puede declarar guerras. Pero los líderes fogosos se anticipan, para salvar vidas y proteger las libertades tirando bombas.

En el mundo Tierra todo empieza por poca cosa, una discusión de tráfico, un archiduque asesinado, la invasión e Polonia, un disidente en la cárcel. Los líderes del mundo no se han percatado de los genocidios en África, de las violaciones de derechos humanos en la mitad de los países conocidos, de la pobreza extrema, de todas esas cosas sin petróleo ni geoestrategia. ¡Con lo que ensucia!

Si se hiciera una lista de indeseables volveríamos al  Eclesiastés: El número de los idioras es infinito. Lo malo es cuando tienen poder, como Gadafi, que desde luego tiene menos que otros muchos. Pero lo torcido es difícilmente enderezable.

¿Dónde están las misiones pacíficas de la ONU? Las resoluciones que se debían aprobar para poner orden y regular los conflictos, y no para lanzar misiles y destruir. Si Gafadi es un genocida, cosa que está por ver, deben llevarlo a la Corte penal internacional.

A él y a unos cuantos.

Diario de la guerra de Libia escrito por un extraterrestre. (3).

21 marzo 2011

Creo que este diario va a durar poco. Ya he recibido una segunda advertencia, porque mis crónicas no reflejan la realidad que, al parecer, destacan otros corresponsales de la galaxia. Así que voy a intentarlo. Primero, los USA quieren irse, porque a han destrozado lo que tenían previsto. Segundo, el U.K. quiere el poder, y dice que hay que matar a Gadafi. Tercero, Francia también quiere el mando, o que los británicos no se lo quiten, pero matiza lo de cargarse a Gadafi, para no cabrearlo del todo. Nunca se sabe qué pueden esconder unas mochilas en un tren, o una maleta en un avión, o un protocolo en una sede diplomática. Cuarto, Gadafi decreta un alto el fuego. No va a decretar la invasión de Polonia. Quinto, esto no es como la guerra fría o la caliente, en como un jugueteo de maquinitas rompiendo los juguetes del vecino. Lo que pasa es que la gente se muere. Pero como de algo tienen que morir, pues da igual adelantarlo un poco. Sexto, nadie dice nada, en esas reuniones de gallitos, acerca de China, de Rusia, de Corea, incluso de Cuba, que por lo visto ahora sí respeta a los disidentes y todo eso. Séptimo, creo que la hija de Gadafi tiene más cojones que el primer ministro U.K., que manda desde un búnker mientras ella se pasea en coche descubierto por si bombardean. Octavo, el PZ español tiene cara de samurai en plena disputa por el bukido, y a punto de sacar la katana. Ha quemado la camiseta del ‘no a la guerra’, porque ésta tiene ONU. Noveno, para proteger a la población civil lo mejor dentro de poco será emular a Hiroshima. No a Fukusima, como ha comparado el jerarca europeo de la energía: ‘esto es apocalíptico’. Ha dicho. O sea que no sabe griego, o que sabe griego, porque ‘apocalipsis’ significa ‘revelación’, según mi diccionario de lenguas muertas. En el mundo, ahora que es primavera, las lenguas se van muriendo. Las lenguas de fuego, no, salvo las del espíritu, que ya no sopla donde quiere, sino donde dicen las coaliciones de guerreros con esmóquin. En 1478, la conjura contra los Médicis fracasó y Lorenzo de Médicis se dedicó durante un tiempo a cortar las cabezas de los florentinos rebeldes. Que no se repita la conjura de los necios. Lo mismo hizo el gran Fernando de Aragón con los barones napolitanos, cuyas cabezas puso en picotas adornando la entrada a los jardines de palacio del virrey. Nihil novum sub sole, creo. Por lo menos bajo este sol del sistema, que calienta lo suyo. No sé qué hace un periodista como yo en un planeta como éste. Los antiguos decían: ‘si vis pacem, para bellum’, y de ese aforismo sale la marca de una pistola. Si quieres la paz, prepárate para la guerra. Parabellum. En el 2007 España hizo un contrato de 2000 millones en venta de armas a Libia. ¿Lo ha cancelado o ya lo ha cobrado? ¿Quién paga el combustible de los F-18, del submarino, de la fragata, y de lo otro que pone España para defender Libia de sí misma? Creo que los parlamentarios, a escote. Uno de los países más privilegiados de este mundo se busca amos y problemas. Luego se tirará de los pelos.

Diario de la guerra de Libia visto por un extraterrestre. (2)

20 marzo 2011

Me han devuelto la primera crónica. Dicen en la Central que es poco periodística, porque el autor se dedica a opinar en vez de a informar. Yo no estoy de acuerdo, pero me callo, porque a partir de ahora les enviaré sólo una parte de lo que escriba, que es justo la que no trate de cosas que no piense. Como hacen los buenos reporteros, según parece. Hoy es el segundo día de la guerra de Libia, y, como estaba previsto, los franceses han golpeado primero. Tienen complejo desde lo del 40, y el agua de Vichy, y no perdonan a los USA que les salven tanto. El presidente también tiene un poco de complejo de alzas, y estaba de capa caída, como el español, así que les viene al pelo esto de la justicia bélica. Como dicen los chinos -los chinos lo han dicho todo- miran cómo se pelean los tigres desde los alto de la montaña. O cómo se ahogan los otros desde una playa seca. Los humanos son tan vanidosos que escriben tratados que llaman ‘el arte de la guerra’. En cierto modo es así, porque deforman la naturaleza todo lo que pueden. A Gadafi le paran los aviones, y ellos, los buenos, se dedican a volar y volar, o sea, a volar desde arriba lo que pueden abajo. Se ventilan los tanques de cuatro en cuatro, por lo visto. Así que no utilizan chicle. Los USA han enviado ciento diez misiles, para abrir boca. Seguro que han caído todos en las barbas de Gadafi, y no hay más daños que los previstos. El presidente USA, que es premio Nobel de la paz, hace honor a su título, como Godoy, ‘El pacificador’, y se ve que le gusta. Es muy leído, y seguro que conoce a Suárez, el otro Vitoria, y esas cosas de la guerra justa que decía ayer. Se me dan fatal las crónicas, o sea manejar los tiempos. Enviaré a la Central un plano de los que editan en la prensa, a colorines, con los gráficos de barras que prueban, faltaría más, que a este Gadafi se lo pueden merendar en dos pasadas, pero le darán algo de tiempo para soltar material. Y como no hay dos sin tres, mañana a seguir con las fallas. Esperemos que no acabe como la de San Andrés, que cada día anda más revuelta, y si no que se lo pregunten al otro santo, San Francisco, ahora que Fukusima intenta resucitar. ¡Qué mundo tan inestable! Muchos libios, al parecer, quieren defender a su líder, y otros quieren cepillárselo. Los ‘aliados’ les llevan ventaja: todos quieren cargárselo, y pronto. No importa Trípoli, ni Bengasi, ni nada de nada, no importa la táctica, porque con Libia el resultado no ofrece dudas, ni con el casquete rojo de Chaves haciendo patria. Así que vaya mérito, es como la carga de los húsares frente a los blindados de Rommel. ¿O era Patton?

Diario de la guerra de Libia vista por un extraterrestre. (1)

20 marzo 2011

Hoy es el primer día. De la guerra y de mi crónica, así que me saldrá algo deslavazada. Me han nombrado corresponsal en prácticas, porque los titulares de las agencia de prensa están ya en otras guerras. Este mundo está especializado en conflictos, y nos envían a los novatos para preparar los master intergalácticos bélicos, MIB. En nibiruense no existe el término paralelo, porque no somos tan bestias como los humanos, así que lo tomamos como una rareza, algo así como la entomología humanoide en su puro ser natural. Lo natural en la Tierra es liarse a tortas con el vecino, y fabricar todo tipo de artilugios para hacer ese enfrentamiento lo más dañino e irreversible que se pueda, de modo que permanezcan siempre los rescoldos de la venganza. Es una frase del Consejo, para explicar por qué los hombres no aprenden de la historia. Luego está lo del Mal, pero de eso hablaremos más adelante. Mi tutor dice que soy un poco disperso, así que procuraré hacer las crónicas escuetas, como los periodistas de la Escuela de Frankfurt. ¿O eso era otra cosa? Hoy es el primer día de la guerra de Libia. La han declarado porque quieren cambiar de amigo. Hasta hace poco Gadaffi, el líder libio, era amigo de los declarantes de la guerra, pero ahora quieren otro. Pasa mucho. Primero se reúnen en Nueva York, sede de la ONU, que es un organismo internacional que sirve para lo que quieren los poderosos, como todo. Se critica la ONU como inoperante hasta que hace falta. Entonces es infalible, como el Papa de Roma hablando ex cathedra. ¿O eso era antes? Con la ONU y con los dioses como pantalla, este mundo se puede meter en todos los berenjenales que crea oportuno. Pero si uno de las más poderosos, como los Estados Unidos, o Rusia, o China, o el Reino Unido, por ejemplo, pone el veto, da igual lo que decidan los otros. Los líderes se reunieron después en París, y allí el jefe español convenció a todos de que hay que dar leña al mono, porque esta guerra sí es de las buenas. Todos estuvieron de acuerdo menos Alemania, que está de guerras hasta el moño de Angela Merkel, porque hay un montón de misiles que se oxidan y además Gadafi el ex-amigo se ha vuelto chulo. Quiere seguir siendo el jefe de Libia, como todos los demás jefes o presidentes o lo que sea quieren seguir siéndolo de sus países, y si les echan, como a Chaves, dicen que vale, pero si vuelve, dicen que también; bueno, es más complicado, pero al final, ya veis, deciden unos pocos y las masas  se creen que son ellos, o sea la gente, quien decide. El líder español tiene mucha experiencia en negociar con los malos, pero como le ha salido rana toda clase de negociación, ahora quiere guerra. Todos aplauden, no vaya ser que se queden sin el gas y el petróleo de Libia, así que van a bombardear y todo eso que se hace en las guerras, matando a diestro y siniestro. Mister White, el sublíder hispano, dice que esos muertos son para defender la libertad, o sea que esta es una guerra justa, y es que estudió derecho, al Padre Vitoria, y se acuerda. ¿O no estudió derecho? Es que los políticos se inventan el curriculum, para aparentar. Si no han terminado las carreras dicen que tiene ‘estudios’ ya así parece que los han terminado. Como si para ser político hiciera falta algún mérito. Que se vayan preparando China y Rusia y Corea del Norte, y toda la pléyade de países donde se vulneran los derechos humanos, porque España y el consorcio de París les van a declarar la guerra para defender la libertad. Mister Patacero y Mr. White, o sea HMV, his master voice, están dispuestos hasta a aprender inglés, y hacer un speache en el Hide Park corner, subidos en una tanqueta. Como todos justifican que ésta sí vale, no sale nadie con camisetas diciendo ¡No a la guerra!, que en España estuvo de moda hace poco. Como siempre, los Estados Unidos se meterán antes en el lío, y aunque a Patacero no le gustaba su bandera, ahora dirá que sí. Los misiles, que se los trague Gadaffi y esa panda de gentuza.

Mañana estaré más enterado y despejado y espero deciros cosas interesantes. Mi primo estuvo en Irak en el 93 y mi hermana en Irak en el 2003.

Laura en el país de los asombros (II). 1

18 marzo 2011

EL EJÉRCITO DE LA LUZ

Yovi se decidió al fin. Ya estaba llamando la atención de los agentes de movilidad que patrullaban por la atestada Gran Vía de Madrid, el viernes a las siete de la tarde de aquel mes de mayo. El Hada Consejera le había sugerido la fecha, después de consultar al Consejo del Reino azul. Sonrió al recordar.

-Una cursilería. Deberíais cambiarle el nombrecito.

-¿Por qué?

Alfonso no contestó. Aunque la dialéctica no se le daba mal, era un poco pesado eso de probar lo evidente…aunque a otros les pareciera también evidente lo contrario.

Y ahora estaba allí, solo y un poco triste. La vorágine de la ciudad le deprimía, y eso que algún poeta dejó escrito que la alegría del alma es la acción.

-Pero no esto, ir de un lado a otro como el viento. De vez en cuando hay que pararse, ¿no?

El viaje le había cansado. Desde el País de los Asombros, como llamaba Laura a su mundo, un Awasi, el paso transformador, le condujo a la tierra de los humanos, que ya tenía casi olvidada. Cruzó despacio la calzada, y antes de pisar la acera opuesta escuchó un pitido y algunas expresiones soeces.

-¡Onde vas, atontao, quitaenmedio, gilipollas!.

Yovi pensó que debería reciclar el vocabulario, porque le resultaba extraño. Suponía que era un aviso informativo que le daban, aunque algo le decía que aquel individuo era un huido del frenopático. Los ruidos de la calle le agobiaban tanto que estaba a punto de marearse. ¡Y su misión acababa de empezar!

Se metió en el Starbooks Cofee, junto al Casino, y admiró las esculturas neoclásicas del edificio del BBVA, que parecían colocadas en el tejado por un orfebre del Olimpo. Los aurigas, a punto de lanzarse a la carrera, le recordaban a la caballería del Ejército Blanco, con Alcor y Mizar al frente, los gemelos de Orión.

Tomó el café como le gustaba, muy caliente, muy dulce, muy negro. Y de Colombia, claro. Lo curioso es que aquel café colombiano le sabía al caldo de Arabia, más suave, con el perfume seco del desierto, un toque de canela y…

-¿Yovi?

La voz le sacó de su ensimismamiento, para trasladarle al atontamiento. La voz, sí, o las notas de un arpa, armónica y ligera, cuya poseedora tenía todo, absolutamente todo, lo que un ser vivo de sus características, o sea, humano de la segunda evolución, con poderes y todo eso, necesitaba para perderlos. Y rápidamente. La chica le miraba con ojos de miel, sonrisa fresca y más tópicos en la figura que un diccionario editado por la sección carca de la RAE.

-Sí -balbuceó. Cosa difícil para tratarse de una sílaba.

Ella se sentó a su lado y le tendió el sobre.

-¿Misión imposible?

Rieron, y mezclaron una sonrisa cómplice en la mirada, como el Martini de Bond, sin agitarse ni descolocarse, de momento.

Yovi abrió el sobre. Estaba en blanco. La muchacha se levantó y le hizo un gesto de adiós con la mano.

-Cuando llegue el momento nos veremos, supongo.

-¿Cuándo? -casi gritó Yovi.

Pero ella se perdió en la escalinata del Metro, o quizás en la escalera de la iglesia de las Calatravas. Lo único que sabía Yovi es que sus piernas largas y torneadas y todo eso habían subido o bajado unas escaleras, porque así las recordaba, a saltitos, sobre unos tramos de granito gastado, esa piedra maravillosa que era el regalo de la sierra a la ciudad de Madrid.

Pidió un Arábigo que le supo a Colombia. Tras el primer sorbo puso el vaso en la mesa. Entonces vio el signo, una ‘tau‘ floreada, cuyo óvalo cercaba un punto dorado.

-No sé a qué viene tanto misterio.-

Se habló a sí mismo, y a nadie le extrañó. A su lado, una pareja de gays discutía sobre la recesión en China, un caballero con pinta de profe neurótico daba vueltas a su café mientras leía el AS, y dos o tres snobs despistados hacían tiempo mirando por el ventanón que descubría las caras ausentes de los transeúntes por la Plaza de Canalejas.

Al minuto, Yovi confirmó lo que ya suponía: el primer paso de su viaje debía conducirle a Navarra. Allí, en algún lugar de la montaña, le aguardaba los caballeros de luz del bosque blanco.

La vanguardia de los antiguos Felaym. Antes de la rebelión de Luzbel.

Yovi se iba sin pagar. El encargado le llamó con delicadeza. Se disculpó. Puso en la mano unas monedas. El otro le miró con paciencia de franciscano. Se quedó con todas y palmeó la espalda de Yovi mientras le conducía a la calle.

-¿Sabes dónde vas?

“¡Vaya -pensó Yovi- ya me han cazado! Pero reaccionó enseguida.

-Más o menos. -Señaló el cielo-. Voy hacia arriba. -El camarero miró también al cielo, sobre el reloj del antiguo Banesto-. Al Norte.

-¡Ah!

Buscó a la chica. Era su enlace. Un ángel, seguro. Los súcubos huelen a Chanel, y deberían llamarse diablesas. Los ángeles humanos femeninos son simplemente mujeres. No necesitan más.

Y se puso en marcha.

Money, money, o sea, el dinero.

17 marzo 2011

-Medio kilo de pechuga de pavo. No, de esa no, de la otra. Sí, la del lazo.

-Son tres cincuenta.

-Aquí tiene, buenos días.

-Gracias.

Se ha efectuado una transacción, un acuerdo, un contrato, una compraventa, y se ha pagado el precio con dinero.

Sencillo. Hasta que te preguntas a qué obedece esa ley que a un lado sitúa la pasta y al otro todo lo demás.

¿Se puede comprar todo con dinero? Todo lo que se puede comprar. Entonces la cosa es gorda. ¿Y se puede pagar todo con dinero? Eso sí que no, porque hay cosas que se hacen y por mucho que se paguen todo ese dinero quedará corto. Por ejemplo, cuando se arriesga la vida por salvar a otros. Las profesiones de riesgo tienen sueldos, pero no hay parámetro posible que valore su ejercicio. Por eso se cobra por aproximación, por estadística o por presupuesto.

En el lado oscuro pasa lo mismo: los sicarios, algunos salen baratos, pero otros… Igual que los políticos, o los banqueros. Lo de los futbolistas de la llamada elite lesionados va aparte.

Así que todo el mundo entiende qué es el dinero.

Menos yo.

Yo me pregunto todos los días, cuando voy a pagar lo que sea: ¿Pero es posible que esto funcione?

Sigo sin darme una respuesta convincente. Convincente para mí, que soy muy lerdo y cabezón. Porque tratados como ladrillos que te explican lo del patrón oro y el patrón dolar o el yen -ahora con el terremoto, inestable- o el yuan… pues eso hay a mogollón. Y en las tertulias de especialistas, o sea, todas, te explican lo que haga falta.

Lo de los tertulianos es maravilloso. ¿Existe en todo el mundo o es un producto singular, autóctono?

Decía que no lo comprendo. Pero es verdad. No es una boutade, como le dije al profesor Oya, de geografía, cuando nos contaba en ciencias políticas que su asignatura era el compendio de todos los saberes y las ciencias.

-Pues entonces alguien normalito no podrá aprobarla nunca.

Me miró con cara de decir: usted desde luego, no. Entonces, hasta cuando nos suspendían nos llamaban de usted. Y le dije que era una boutade. Me acojoné. Él dijo que no era una eso, lo de boutade, sino un insulto o menosprecio o qué sé yo. Y me suspendió, claro. Pedí revisión de mi examen pero el decano debía de ser de su equipo de mus, porque hasta ahora.

Bueno, que lo digo en serio: no comprendo cómo funciona lo del dinero aunque lo explique ese señor tan famoso por explicar las cosas claritas, que tiene muchos nietos y es ingeniero y sale ahora en la tele y escribe libros sobre los ninjas.

Los niños enseguida entienden, salvo excepciones como yo, cómo funciona esto. O no se lo plantean. A mí me pasa con el sistema métrico decimal, que no me lo planteo.

¿Cómo algo puede valer seis coma treinta y siete, por ejemplo? ¿Por qué no seis como treinta y siete cincuenta?

Pues porque el vendedor, el mercado, lo que sea, pone los precios, los hace variar, todo eso, el flujo de la oferta y la demanda, las balanzas, los balances.

Sí, todo está bien. Pero es como decir que el dinero hace iguales a todos. Si se tiene todos pueden comprar lo mismo. ¿Entonces se trata de tener más o de emplearlo mejor? ¿Las dos cosas? Pongamos un ejemplo. Berlusconi quiere comprarle un jersey a Ruby, y como tiene dinero, se lo compra. La llama para que le visite, y se lo entrega con una sonrisa. Yo quiero comprarle un jersey a Ruby -incluso más bonito, porque tengo muy buen gusto- y mis problemas empiezan con el teléfono de Ruby. Al final lo consigo a través de un periodista amigo de su cuñada, y se lo dicen, pero ella no puede venir a recogerlo de momento, porque ha quedado con Berlusconi. Así que ya tengo el jersey, lo he comprado, lo he pagado, y mi dinero no ha servido para nada de lo que realmente me importa hacer con él.

Pongamos otro ejemplo. Llego a casa, y enciendo la luz. Agradezco a Iberdrola o a quien sea que alumbren las bombillas, de alto consumo o sebastianas, y me pongo a ver la tele, que es lo que me gusta de verdad, y no leer a Platón. Como hace fresquito pongo un par de radiadores eléctricos o conecto el gas natural, que es lo natural, para caldear mi casa, que es también tuya siempre que no la uses o paguemos a medias. Es broma. Es que de pequeños nos educaron de otra manera, con la cortesía y eso. Cuando llega el recibo al banco o a la caja, que es lo mismo, se carga en mi cuenta, que es la del banco o la caja, pero yo debo tenerla siempre con dinero para hacer esas cosas de pagar por servicios, suministros, compras, visas, seguros, planes, multas, impuestos. Bueno, la cosa no va por ahí. Es que me lío. Cuando llega el recibo de la luz o del gas, se paga y listo. Porque me han dado algo a cambio.

Pero entonces sale el presidente de Iberdrola o de lo que sea, y dice que ha nombrado consejeros a los exprimerosministrosdelreinodeespaña, aquí llamados presidentes del gobierno -así que ya sabe PZ que tiene el futuro asegurado- y que les paga un porrón de cientos de miles de euros por la gracieta. Entonces me pregunto cuánto de ese pastón me viene cargado a mí en los recibos que me cobran.O sea que estoy hecho un lío, porque si el dinero sirve para lo que dicen que sirve, entonces ¿por qué se emplea para lo que se dice o no se dice que se emplea?

Cuando me lo estoy preguntando llega el recibo de Imagenio. Lo he contratado por 40 euros, pero me llega siempre por 90. Cuando llamo me lo explican muy bien. Si me quiero dar de baja, me gratifican un par de meses, y luego vuelven a lo mismo. O sea, he duplicado el valor de mi dinero, por aplicación de unos protocolos más raros que los de Sión -ojo, que por ahí va la cosa-pero a la inversa.Si quieres cambiar de operador, entonces tu dinero llegará al limbo, porque te cargarán los recibos y no tendrás suministros, pero si sales del limbo y no dispones de tu dinero para cubrir ese limbo, entras en unas listas que dicen que tú no tienes dinero, y por tanto te expulsan del sistema o de la boca de dios.

Entonces sale el líder del banco más grande y más rojo y más voraz y dice que gana tanto que va a hacer casi como PZ con los cheques de los bebés y de la enferma seguridad social, y que para demostrarlo da una pensión de ochenta millones de euros a otro gerifalte, y así se queda él solito al mando. El banco de al lado, cuyas siglas parecen un alfabeto, hace lo propio y así se esfuman unos cientos de millones del dinero del banco. Y me pongo a pensar ¿pero cuál es el dinero del banco? ¿No será el de los accionistas, el de los impositores, el de los clientes? ¿O es el del presidente y sus consejeros? O sea que nos birlan unos cientos de millones pero nadie se extraña, porque el dinero y los grandes números funcionan así.

No lo comprendo.

Casi a punto de apagar la tele, vencido por un reality show en el que un par de catedráticas del inframundo se zarandean, hablan de sus deudos y dicen que una cobra más que otra, y entre ambas un fortunón, que sale de lo mismo, o sea del dinero de todos nosotros, sin que hayan pedido mi consentimiento, ojeo la rentabilidad de mi exiguo plan de pensiones. La depositaria, entidad de primer rango, ha perdido un somero dos por ciento de mis exiguas reservas. Lleva así cinco año pero algún día cambiarán las tornas. Sin embargo, los gestores no se bajan el sueldo, los consejeros cobran y comen opíparamente y los presidentes y adláteres, por no citar la pléyade de empleados que no tienen culpa, creo, se forran con incentivos. ¿Incentivos de qué? Como los planes de pensiones no se pueden sacar están blindados. Sólo pueden cambiarse, y entonces cada año hay pequeñas escaramuzas pactadas entre las entidades, de modo que te gratifican por el traslado y te mortifican los años sucesivos. O sea, que tu dinero pierde, pero no el de ellos. ¿Sale de fábrica distinta? ¿O es que nos toman el pelo?

No. Se trata de altas cuestiones logarítmicas, como la escala de Richter. Y con un controlador, que sale de vez en cuando para explicar que otro controlador multinacional explica cosas del dinero.

Tendré que dejar de plantearme cómo funciona y tomarlo como cosa hecha. Ya tengo la experiencia del sistema métrico decimal.

Porque si pasamos a lo de las subvenciones, los subsidios, las pensiones vitalicias de los señores del pueblo, digo los diputados y senadores, y los comparo con las condiciones delos autónomos y los cotizantes normalitos, es que ya no entiendo nada de nada. O sea, que esto del dinero es el mayor misterio del universo, y no sé si de más.