Aforismos mádicos. (13).

ANTILEYES


Las ANTILEYES no son TRULEYES. Las TRULEYES son LEYES de verdad, y responden a mecanismos determinados, como sucede con el resto de las leyes, físicas o jurídicas. Las ANTILEYES son presupuestos, definiciones o consecuencias derivadas del uso inadecuado de las leyes ‑no de las TRULEYES‑ aunque, en algún supuesto, simbolizan a éstas últimas.

Un ejemplo de ANTILEY, extraído de la vida misma: “Sólo se destinan abultados presupuestos para publicidad cuando no hay diferencias entre los productos. Si los productos fueran realmente distintos, la gente compraría el mejor”.

Cualquier medio de comunicación nos revela, permanente y sistemáticamente, ANTILEYES. Cuando hablamos ‑criticando, según costumbre, lo establecido‑ formulamos TRULEYES, y definimos ANTILEYES.

Yo sólo he descubierto que pueden llamarse así, y he sistematizado ‑lo menos posible, para no estropearlas‑ alguna de ellas.

Sobre la publicidad  o conductismo/dirigismo ‑la creación de imágenes atractivas que encubren o deforman‑ versan multitud de ANTILEYES y un principio:

LA PROPAGANDA ENSEÑA AL HOMBRE A NO CONFIAR EN SU PROPIO CRITERIO Y COMPORTARSE COMO UN ESTÚPIDO.

¿Recuerda el cuento  de aquel rey a quien unos embaucadores convencieron de que estaba vestido de sedas, cuando en realidad estaba desnudo?. Todos alabaron las excelencias del traje: nadie quería reconocer la evidencia. Sólo un ingenuo ‑un tonto, según el argot de los privilegiados‑ rió la excentricidad ‑la majadería‑ del monarca y la vergüenza de todos.

EL ESCEPTICISMO ES LA CASTIDAD DEL INTELECTO. (G. Santayana).

Un escéptico no es un incrédulo. Hasta los semiólogos lo saben.

De donde se deriva el segundo principio, que después ‑o antes, según se mire‑ aprovechó Rawls para filosofar con las especulaciones de Pareto:

LO QUE SIRVE SOLO A UNOS POCOS SIN APORTAR VENTAJAS SUFICIENTES Y COMPENSADORAS NO ES COMPATIBLE CON EL INTERÉS DE TODOS.

ANTILEY de lo justo, que no nos haría avanzar lo suficiente hacia la ironía. Afortunadamente, Bertrand Rusell nos salva una vez más; “No es deseable crear una proposición cuando no existe fundamento para suponer que sea cierta”. Sin duda B.R. huía del riesgo.

Nosotros nos arriesgamos incluso al uso del plural mayestático. Ahora que han caído los palios. O que retornan, qué más da.

En cualquier caso ‑tercer principio‑ NO HAY LEY O PRECEPTO CIENTÍFICO O EMPRESARIAL QUE IMPIDA A LOS JEFES OBRAR CON MALDAD O CON INCOMPETENCIA.

Así, según el primer corolario antilegal, QUIEN TIENE ÉXITO COMO DIRECTIVO EN UNA DIRECCIÓN PARTICIPATIVA, FRACASARÁ EN UN SISTEMA AUTORITARIO.

La predicción del éxito es gnoseología estocástica: no existe.

Con esto ya lo hemos dicho casi todo.

¿Entonces?

Entonces, las motivaciones llevan hacia una conducta de adaptación, basada en referencias adquiridas cuando aún éramos demasiado tontos para entender las cosas.

O en etapas de lavado y secado de cerebro, ad hoc.

Cuando Henry Ford dijo que “el cincuenta por ciento de la publicidad se tira por la ventana… la cuestión es saber de qué cincuenta por ciento se trata…”, se refería a una de las “LEYES  DEL MERCADO”. Las L.de M. son mecanismos automáticos originados en centurias de status. Pero reflejan incluso situaciones de otras culturas y pensamientos. Por ejemplo, la ley de la oferta y la demanda no es SOLO una Ley de Mercado. Es, también, una constante en las relaciones humanas.

Por eso se entienden mejor las TRULEYES y LAS ANTILEYES. Porque se originan y mantienen en las mismas constantes humanas. Estas CONSTANTES LEYES O LEYES DE MERCADO AUTÉNTICAS son las que nos interesan. Los “Leveradge buy out” y cosas así, algo menos. Sólo como maniobras de distracción‑diversión, ceremonias de confusión y algunas dosis de impostura.

Y ello porque mejoran, a través de su depuración ‑y aplicación práctica subsecuente‑ la relación entre la persona y las cosas.

Eliminar tabúes, muros de la inteligencia.

Ni las TRULEYES ni las ANTILEYES se debaten en el Parlamento. Son casi tan antijurídicas como determinados Decretos del Ejecutivo. Y algunas Sentencias. Pero el hombre es un animal lúdico, y no sólo un politicón.

MERCADOLUDOTECNIA es la elaboración de leyes y antileyes de marketing lúdico. O sea, LUDOMARKETING. Y de acuerdo con nuestras propias normas, hemos de vendernos, primero, a nosotros mismos. Sonriendo.

Con libros de ese tipo no aprenderás a hacer nada mejor, pero te lo pasarás muy bien. Al menos sentirás el placer de decir: “Pues esto también lo puedo hacer yo”‑ refiriéndote al libro, claro. Y es verdad.

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