Foster y el caballo.

A Norman Foster le preguntaron si borraban las inscripciones de los asaltantes soviéticos al Reichstag, cuando lo rehizo y diseñó espacios que acristalan el aire. ‘De ninguna manera’, contestó. ‘Es parte de la historia, y no se elimina la historia de un plumazo’. En Madrid, con nocturnidad, que es la ocasión de los lobos y los golfos, eliminaron de la Plaza de San Juan de la Cruz, frente a los llamados Nuevos Ministerios, la estatua ecuestre de Franco. Liquidando la historia. Las inscripciones del Reichstag son obscenas, y sus recuerdos tan arraigados como el número de violaciones que las tropas de Stalin cometieron en los días agónicos del III Reich. En España, un alcalde, de Logroño, sustituye fiestas tradicionales hispanas por otras islámicas o hebreas. Que sean todas bienvenidas, a ver si estiramos el calendario de festejos. ¡Pero, coño, Santiago, El Pilar, La Inmaculada, sustituidas por el nacimiento de Mahoma, el día de la independencia de Pakistán o la madre del alcalde…es demasiado! Foster tiene las cosas claras, como Ortega.

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