El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 96

Murakami sacudió la cabeza. Su cabello oscilaba como una negra cortina, negando la capacidad de Li-Tao para distinguir la tinta Huimo de cualquier otra de Xhexian, o la impericia para colocar el Duanyan, el hondo tintero de Gaoyao.

-Paciencia, maestro –sonrió el funcionario-. Soy más viejo que tú.  Zhong-Kuó nació primero, pero Ji-Pen se apropió la sede del sol.

-No van a servirte de nada tus triquiñuelas, aprendiz.

Li-Tao aprende de un guerrero japonés el arte del SUMI-E la pintura en papel WASHI, trazos que, como el cangrejo de Chen-Tzu, reflejan la vida interior de las cosas.

El pincel de caña de bambú con pelo de comadreja  que ha traído de Ubi, en las montañas de Zhejiang.

Los espacios en blanco -MA- que destacan los trazos sobre el Xuanzhi, el papel de Anhui.

Tomo la piedra de tinta, la diluyó en agua, mojó el pincel, trazó el rasgo…

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