El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 80

U-Ti sonrió. Luego, suspirando con fuerza, abrió la cortina. Un rayo de luz atravesó la habitación y allí quedó, inmóvil, deteniéndose en el aire lentamente.

 

Y entonces U-Ti lo sintió. Comenzando por el lento aleteo de una mariposa, apenas perceptible. Luego el batir de alas del colibrí, tan veloz que no parece existir. Y entre ambos, su corazón, que iba al compás de un gong apagado, un sonido que se golpeaba a sí mismo, con el nombre de quienes amaba o creía amar alternándose en el vibrante aire. Y aquello que sentía se  renovaba cada instante, e iba a renovarse como si el tiempo lo fuere recreando. “Es la pena. Diferente al dolor y a la angustia, porque se produce de nuevo, como si no hubiera existido antes, al pensar, al respirar, al vivir”.

 

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