El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 78

 

He comprendido que no debe pensarse en el fin, sino en el camino.

 

Eso es el Tao.

 

Transcurrir sin siquiera plantearse otra cosa, y menos que nada en que el camino termine.

Porque ese pensamiento destruye la belleza del Tao.

Es el deseo de permanecer. Un ansia de inmortalidad.

Pero los dioses inmortales tienen otro deseo: morir. Sin ello toda su vida carece de valor, porque regresan al origen, en cada instante.

 

El creador supo lo que hizo con estas criaturas tan precarias. Las dotó del mejor don: el tiempo.

 

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