El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 75

La princesa jadeaba como una potrilla tras su primera carrera. Sentía su fuerte corazón desbocado, pero no le importaba, no siente miedo, ni dolor, ni angustia, sólo la necesidad de golpear la puerta, de salir y buscar a  Li-Tao.

 

Los tártaros ya habían escalado la torre, estaban tan cerca que sintió sus pasos cuando cerró por dentro el portón de la guarida. Nadie podría adivinarlo desde fuera, el muro se desplazaba y los ladrillos encajaban con una técnica que sólo conocía el arquitecto del rey.

 

Y ahora no podía abrir. La herrumbre de los tres días había pegado el cerrojo, había unido la argamasa, se había solidificado y sus fuerzas exiguas apenas bastaban para intentarlo.

 

El mensajero, vivo de milagro, aguardo un día más. Luego partió desolado. Sin el aviso de Li-Tao para su amada. “Te espero en el recodo del río, cuando la grulla cante en el cielo”.

 

¿Y si le culpaban a él? ¿Cómo había desaparecido la princesa?

 

Algo tenía que hacer…

 

 

 

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