El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 63

I-Quin le devolvió la sonrisa.

 

-Eres un torpe adulador… Y juegas conmigo, como cuando era niño.

 

Xe-Nung mostró las palmas de sus manos, con el tatuaje Xi.

 

-Ese es el secreto de la inmortalidad: ser  un niño, siempre.-Miró de soslayo al rey, como si le turbase un pensamiento ajeno-. Así podemos olvidar, para encontrarnos de nuevo cada instante. Y arrojar de nuestras manos los juguetes, para que estén al alcance de otras manos.

 

El Hijo del Cielo movió la cabeza, que era fina y severa como la sombra de un secreto entre los amantes.

 

-¿Son niños los creadores de belleza? ¿O quienes engendran el mal? Unos y otros se llaman artistas porquen deforman o transforman la naturaleza. –Hizo una pausa, que en el teatro ki-Bu se llama la respiración del dios dormido-. Y los niños nunca arrojan sus juguetes demasiado lejos… En realidad tan sólo lo suficiente para alcanzarlos de nuevo.

 

El viejo tardó en responder. Cuando lo hizo era otro, y sus palabras volaban como jóvenes colibríes, difíciles de asir, fáciles de ver.

 

-Hubo un tiempo en que yo fui actor. Me consideraba, claro, el centro del mundo. Cuando recibía los aplausos casi menospreciaba aquella chusma, los espectadores que poco o nada habían comprendido, porque nosotros, la elite, éramos los únicos intérpretes de la verdad.

 

El rey le miró con una media sonrisa.

 

-…Y del bien, y de lo justo… Mi padre me lo enseñó; también, a su modo, era un maestro Zen… –Introdujo las manos en las mangas de la túnica y alzó los brazos un instante a la altura del pecho-. La vanidad ahueca la voz y llena de aire los pulmones, pero es un aire viciado… que emborracha. Y lo decía sin orgullo, Maestro.

 

Asintió.

 

-Así fue. Pero el Gran Rey decía otra cosa.

 

-¿Cómo puedes afirmar eso si no has oído lo que iba a decir?

 

-Lo he sabido, que es más certero. Si no, corrígeme…

 

-Yo no corregiré nunca a mi preceptor. Eso también me lo enseñaron de niño… Hoy son otras las formas en las que se aprehende la vida.

 

-Y una de ellas es la dilogía; los peldaños que son dos, como los elegidos de la diosa LE, como los licántropos, como el mar cuando se une a las corrientes.

 

El rey pareció salir de un letargo.

 

-Decía que la justicia no puede existir porque está fuera de la razón. Yo nunca pude entenderlo.

 

-Así debe ser… ¿No lo comprendes ahora? Así debe ser, la paradoja…

 

 

 

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