El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 56

 

 

Diario de la princesa U-Ti

 

 

La tristeza es el único mal. Lo dice mi maestro Zen, y me aclara –porque la mujer no comprende nunca a la primera- que decir ‘único’ no es decir ‘solo’, sino aludir al universo. Yo le miro atentamente, pero veo sin poder evitarlo cómo sus incisivos amarillos, potentes como los del ratón de agua, llenan su rostro y ocupan su cuerpo. ‘El maestro tododientes’, le llama la servidora del té cuando cuchichea en la cocina preparando las tazas ceremoniales.

 

Comprendo aún peor –la mujer, cuando se esfuerza, lo estropea, porque agrega fuego al agua hirviente, que se evapora, y se muda en vapor que empaña los ojos-  lo que dice de los filósofos. A mi padre el emperador le agrada conversar con ellos las noches de luna llena, cuando le acoge el insomnio y un estremecimiento surca el palacio. Son hombres que piensan y enseñan qué es eso de pensar. ‘El pensamiento está condicionado siempre. Por eso es inútil su modelo’, dice el maestro Zen. Yo creo que en esa libertad consiste su fuerza, pero no sé expresarlo. Un día lo intenté con mi tristeza, cuando se ausentó para siempre Li-Tao:

 

Mi mal no tiene remedio

porque es la vida. Se abre la tristeza

con el día, rompe el alma

como la luz rasga el velo de la noche

y ya no se detiene

hasta que la vence el sueño, y éste duele

silenciosamente.

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: