El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 51

 

El Emperador se muerde los labios. No puede derramar lágrimas, que perforarían la tierra y llamarían al dragón que habita en las grutas del oeste.

Sus palacios de  jade estarán helados –musita la anciana del I Ching- y pronto el cielo perderá la luz. La noche; no, no es la noche, es un día oscuro, porque te mira y te busca y no te halla, U-Ti.

 

La luz de la noche no debería extinguirse. La vida es alegría y tristeza, de nuevo, encontrar y separar. Pero qué difícil comprenderlo. Amante oculto, como la luna en la quebrada, Li-Tao suspira sin esperanza.

 

Gocemos la luna llena, aunque estemos tan lejos –le dice la portadora de las seis líneas del cielo- y sin embargo recoge las ramillas de milenrama pulidas en la piel de los dragones, porque ya ni el destino quiere saber.

 

 

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