El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 47

En la gran sala del palacio, en el centro del mundo, junto a la puerta del cielo, tiene lugar una vez cada cuatro años la entronización de los funcionarios. Li-Tao tiembla, porque es muy grande el peso que soporta. Desde la terraza de bambúes U-Ti contempla la ceremonia. En esta ocasión siente algo especial, está tensa como la cuerda de un arco manchú. Lo cuenta en su diario.

 

Alzó la ofrenda, yo vi sus manos temblar… ¿O era que nadaban ya mis pupilas en un mar de sueños? Alzó sobre el ara de jade una vasija de bronce, desbordada por los pétalos de mis rosales. Su mirada ciega entrando en los confines del alma llegó hasta mi corazón, a punto de estallar, un globo de fuego. Las grullas sagradas alzaron el vuelo y los sacerdotes salmodiaban recogiendo palabras mágicas en el pliegue azafranado de sus túnicas. Entonces sentí que los dioses eran la vida y que nada podía haber tan celestial como esta tierra que acogía y rechazaba al tiempo nuestro amor. Nada tan sagrado como el tacto antiguo de la realidad.

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