SONRISA

El tipo iba tan serio por la calle Eloy Gonzalo, que tiene nombre de conquistador bajito, cuando le adelantó la niña. Iba apretando el pulgar de su papá, y guiaba el carrito su mamá, experta sorteadora de obstáculos. Se le ocurrió guiñar el ojo, y la pequeña le sonrió. El trío familiar iba a toda pastilla, y a él le molestaba el juanete, pero apretó el paso, para no perder el hilo. Arrugó los belfos, y la niña le mostró dos dientes y medio, suficiente para que continuase el entusiasta  intercambio anónimo de confidencias. Ella le buscaba entre la gente,  forzando la postura, erguida a medias en el cochecito, sin soltar el pulgar del padre, para no perderle de vista. En el recodo de la Glorieta de Quevedo, junto al Gino’s, se perdió el contacto visual. La mañana continuó durante un buen rato.

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