El regreso.

A partir del año y el día, lo que aún no se ha distribuido del muerto, entre los suyos y los ajenos, toma posesión de algún allegado, o, si lo prefiere, de otro elegido. De ese modo regresa, y así se nota tanto y tantas veces, creando confusión e incluso temor, sin aceptar algo tan simple como que esto no se acaba de aquella dolorosa manera. Sin dejar de ser uno, ya se es el otro, en parte, y así se perpetúa el gran cuerpo místico, con el soporte de la materia y de los otros dos componentes de lo que llamamos humanidad: la psique y el espíritu o alma, si se prefiere.

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