El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 35

“ Había, en el comienzo de las cosas, y antes de que fueran parte del mundo, una diosa, madre de diez soles. Esta diosa conducía la carroza de oro que gobierna el curso del cielo y que ilumina el mundo. Al romper el alba, nueve de cada diez soles descansaban a la sombra de un árbol maravilloso, padre de la vegetación, y el décimo sol salía, alumbrando la tierra hasta el ocaso. Entonces se bañaba en un lago, descansando de la fatigosa jornada. La tierra era como un carro que caminaba por el cielo, con una sombrilla que es el firmamento; la sostenían cuatro columnas desiguales: por eso la bóveda celeste se inclina y desciende hasta el horizonte, y cambia. El Fu-Sang, el árbol maravilloso, servía a los soles de trampolín. Un día los soles jugaban y, descuidadamente, subieron todos juntos al árbol. La tierra quedó calcinada. Los soles la abrasaban y amenazaban con su fuego incontrolado la existencia de la vida. Entonces el Arquero Celeste mató a nueve con sus flechas. Volvió así la normalidad, a la Tierra, y se sucedieron, de acuerdo con el curso del sol, las estaciones. Dos vientos divinos frenan el correr del astro en los solsticios de invierno y de verano. Un día, el Señor del fuego arrojó a tierra al monstruo Kung-Kung, de cuerpo de serpiente, rostro de hombre, cabellos rojos,y cuernos. Éste corría locamente, y colocó  la columna que sostenía el cielo en el noroeste. La tierra se inclinó; las aguas que la cubrían pero de las que estaba protegida, la inundaron. Entonces el Señor del Cielo envió a uno de sus hijos a la Tierra, para que de su estirpe surgiera el hombre, y la poblara. Nacieron hombres, que aprendieron de sus padres divinos la agricultura y los principios de la vida social. Esto sucedió hace dos millones de años, y hubo diez épocas. La primera fue iniciada por P´An Ku, un gigante que trabajó dieciocho mil años con dureza para ordenar el caos primitivo. Cuando murió, cada uno de sus miembros se convirtió en un elemento del mundo. La voz fue el trueno; los ojos, el sol y la luna; los ríos nacieron de su sangre, los árboles de sus cabellos, y los metales y las rocas salieron de sus dientes y de sus huesos. Esta es la época de los Nueve Soberanos. La segunda es la era de los Cinco Dragones. La tercera se llamó de las Cincuenta y Nueve Generaciones. De la Cuarta a la séptima fueron las épocas de la palabra, el pensamiento, la imaginación, y el valor. En la octava hubo dos generaciones de fabricantes de nidos, cuatro de productores de fuego y ocho que los perfeccionaron. La novena y la décima son las eras de los Emperadores, Hijos de los Hijos del Cielo, cuyas estirpes engendraron a los actuales, y que perdurarán hasta que los hombres repitan los gestos de los dioses”.

 

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