El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 34

La tortuga había sido enorme. Su concha, grabada hasta el más pequeño rincón, ocupaba una superficie que cinco hombres cogidos de los brazos en círculo no podían apenas abarcar. El Recopilador de Crónicas había sido, como rezaba la firma, el mismo artista que cinceló el precioso caparazón.

 

-¡Qué sopa tan maravillosa debió hacer! -Suspiró Ta-Koi, la esclava de U-Ti-. Hubiera saciado a todos los habitantes de mi aldea.

 

Ta-Koi había nacido en el interior, en una aldea junto al río Yang-Tsé.  Con frecuencia hablaba a U-Ti de los recuerdos, no demasiado lejanos -Ta-Koi no era mayor de veinte años- de su infancia. Las leyendas de los dioses del río, que narran en los atardeceres del otoño, cuando la bruma surge de las aguas densas como pensamientos detenidos. El folklore de los poblados del valle, en el que habitan:

 

-Pero allí se conservan pocos escritos. Algunos jefes creen que las letras contienen a los demonios -y puede que no les falte razón- y queman los bambúes y los pergaminos ilustrados.

 

La tortuga es indestructible, resiste al fuego y su coraza preserva durante siglos los secretos que transmitió su grabador. En el valle del Yang-Tze-Kiang habitaron estos monstruos, y los enormes cocodrilos, compañeros de cangrejos gigantes.

 

-¿Qué te parece, U-Ti?  ¿Una biblioteca de tortugas? Podemos utilizar la sabiduría de los antepasados como barcas en las que surcar las lagunas vestidas de plantas de loto. Nuestros antiguos eran verdaderamente prácticos, ¿no crees?

 

U-Ti respondió a su hermano Hi-Cheu mientras correteaba alrededor de la coraza esculpida.

 

-Llevaré a Su Majestad las historias que narra este caparazón, que es una montaña de nombres y de cosas.

 

-¡Pero no son Siao-Chuo, no son historias nuevas!

 

Será algo nuevo, porque es la magia de un encuentro, Hi-Cheu.  ¿No sientes tu piel agitarse cuando tocas este hueso brillante? Imagina el rumor de sus patas desplazando suavemente el cuerpo a través del agua. Como la sombra de una nube cargada de lluvia que se mueve por el cielo al atardecer.  Yo puedo sentir las historias que me cuenta y todas están vivas, todas son parte de la gente que vivió con este noble animal, que lo vio o pudo tocarlo, como si lo hiciera con la piel de un dios…  ¡Qué bien simboliza nuestro viejo pueblo!

 

U-Ti acarició la concha.  Ta-Koi la miraba con dulzura, con esa protectora curiosidad que da el haber luchado por la vida, y que revela la mirada al margen de la edad.

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