El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 27

 

Tomo con los palillos de marfil unos trozos de pescado envueltos en salsa. Su delicioso sabor invitaba a degustar el vino de uva -no esos licores de arroz que hacían temblar las sienes- contenido en jarras de barro cocido, lacadas en tonos castaños.

 

Me pregunto una vez más qué hago aquí, entre esta gente feliz y ruidosa, lejos de mí mismo y de mis deseos. Para qué me sirve un palacio, y los ritos de aprendizaje, y la aparente dicha de quien posee lo necesario, si mis nervios están exhaustos, si la compañía me aturde y exaspera, si no me siento estimado ni comprendido. Para qué el refinamiento de mis actos si estoy lejos de sentir su felicidad. ¿Acaso me atan la fidelidad al príncipe, a la moral que llaman ética? Pero esto sólo significa huir de la verdad, y, con ella, de los grandes principios del universo.

 

Me encuentro cerca de la puerta que abre al infinito, le doy la espalda, y tiendo mi mano para aceptar, a cambio, la limosna de una paz efímera, crispada. El mayor de los pesares, desatender la voz de los dioses que llaman a la “inmortalidad”.

 

Uno de mis vecinos está usando la cuchara de plata y el tenedor dorado. Es un embajador del sur. Cree ser más elegante. Cuando, antes del banquete, hemos brindado a la salud del Emperador, nuestro magnánimo anfitrión, ha tomado la copa con una sola mano, y no la ha elevado por encima de su cabeza. ¡No sé dónde vamos a llegar si degeneran hasta ese punto las buenas formas!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: